Editorial de La Alborada, publicado el 19 de julio de 2007 - Traducido por Juana Vera, del Equipo de Traducción de Cubadebate y Rebelión.- ¿A quién creer en el Departamento de Estado? Ayer, Thomas Shannon,  Subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, de visita en Guatemala, subrayó que “el futuro de Cuba está en manos del pueblo cubano. Nadie puede desde fuera decidir sobre el futuro de Cuba, ni los Estados Unidos, España, Venezuela ni ninguna otra entidad internacional”. Suena muy diplomático. Sólo que unos días antes su jefa, Condolezza Rice, había dicho algo bastante parecido, excepto que ella añadió, sin ironía, que los EE.UU. no tolerarán la continuidad del actual gobierno. “No tolerarán” fue su enfática frase.


La cuestión aquí no es que dos funcionarios hayan dicho cosas diferentes, porque Rice se las agenció para decir ambas cosas, una detrás de la otra. La contradicción está implícita en la propia declaración de Rice, y no se trata de elecciones aprobadas por los EE.UU. Acaso lo que quiere decir Rice es que los Estados Unidos se reservan la facultad de no tolerar la decisión del pueblo cubano si no están de acuerdo con ella, como con las elecciones de Hamas en Palestina, de Jacobo Arbenz, Juan Bosch y Salvador Allende, o con la sucesión constitucional de Joao Goulart. Los EE.UU. no toleraron los resultados, aunque fueron elecciones libres, constitucionales y democráticas.

Existe también el precedente de Nicaragua donde los Sandinistas ganaron fácilmente las elecciones celebradas después de Somoza. Los EE.UU., conscientes de que los Sandinistas vencerían en ese proceso, lanzaron casi abiertamente la guerra ‘contra’, que incluyó el minado de los puertos y acciones de sabotaje al tiempo que le daban apoyo a varios frentes militares en lucha contra los Sandinistas.  Ronald Reagan  prometió obligar a los nicaragüenses a doblegarse ante el Tío Sam. Cuando se efectuaron las segundas elecciones, los EE.UU. enviaron este claro mensaje a los nicaragüenses: Si eligen de nuevo a los Sandinistas, nosotros, el país más rico y poderoso del mundo, haremos una guerra indefinida contra ustedes, uno de los países más pobres del mundo. “Ustedes son libres de elegir”, afirmaban, mientras coordinaban y financiaban la oposición a los Sandinistas e incluso la guerra. Los nicaragüenses optaron por rendirse en las urnas y los Estados Unidos elogiaron el resultado de las elecciones que calificaron de“democráticas”.

Esto no es historia antigua. Hugo Chavez fue puesto a prueba más de una vez en las urnas y ganó con creciente apoyo popular. En el 2002, los EE.UU. auspiciaron un golpe de estado para librarse de él, y aún hoy siguen intentándolo.

Desde 1996 la ley establece que los Estados Unidos no reconocerán a un supuesto gobierno post-revolucionario en Cuba a menos que cumpla ciertos requisitos. El informe producido en el 2004 por la Comisión Bush para la anexión de Cuba, co-presidida por Rice, describe con lujo de detalles y notable visión lo que un gobierno post-revolucionario en Cuba podría decidir por sí mismo. En realidad no un gobierno sino dos, porque el informe prevé que los cubanos decidirán por sí mismos formar un gobierno interino que prepare el terreno a un segundo gobierno  --electo, desde luego, como en los EE.UU.—  que sería el encargado de redistribuir las propiedades. Y hasta que los nuevos gobiernos asuman el poder, los EE.UU. proponen continuar con el bloqueo contra el pueblo cubano que dice defender, mientras acoge a terroristas que bien sabe que continuarán planeando y ejecutando ataques contra Cuba.

Es posible que cuando habla del “pueblo cubano”, los Estados Unidos se refieran a los cubanoamericanos ultra conservadores, o quizá a los disidentes dentro del país a quienes coordina y financia. Tal vez Rice se ha percatado de que el bombástico enfoque  de su comisión no ha sido especialmente bien recibido por la prensa y esté pensando ahora que la frase “el pueblo cubano decidirá por sí solo” puede tener un mejor efecto de relaciones públicas.

Nosotros sugerimos a Rice y Shannon, y a su jefe el Presidente, que si de verdad piensan dejar que el pueblo de Cuba, y solo este, decida su futuro, los EE.UU. deben eliminar el bloqueo y permitir que cualquier proceso que se esté desenvolviendo dentro de Cuba  siga su curso, o de lo contrario demostrar con acciones y no con palabras que está dispuesto a aceptar la decisión soberana de otra nación, incluso cuando no esté de acuerdo con ella.

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