Iliana Hautrive - Trabajadores.- Es poco frecuente que cuando un cubano va a su bodega a comprar los alimentos normados del mes, tenga presente las afectaciones del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. Mas esta política es un “producto siempre en existencia y no ofertado a la población”, pues aun cuando haya que realizar cuantiosos gastos adicionales, se garantizan los suministros de la canasta familiar.

El bloqueo no solo implica carecer de determinados recursos que elevarían el nivel de vida de los ciudadanos, por estar limitada la capacidad financiera del país. Significa, además, que para disponer de los que son priorizados, se precisan erogaciones monetarias extras, cuyo monto ascendió en el sistema del Comercio Interior entre mayo del 2006 y abril del presente año a 77 millones 100 mil pesos convertibles.


“En cualquier comercio se trabaja con un inventario de 30 días o menos, según el producto. Lo normal es ir reabasteciendo poco a poco el mercado, en dependencia de las necesidades, para mantenerlo en correspondencia con el consumo. En Cuba no podemos operar así, teniendo en cuenta la lejanía de los mercados donde compramos. Aunque los proveedores estén en nuestra área geográfica, el país no puede comerciar con empresas que sean subsidiarias norteamericanas”. Francisco Silva Herrera, viceministro de Comercio Interior, ejemplifica con el caso del arroz y los granos. “Es imprescindible tener inventarios de más de 60 días, para garantizar en tiempo la distribución de estas mercancías en los más de 18 mil puntos de venta de la red de comercio minorista. Ese exceso de inventarios se tradujo en 28 millones 829 mil 246 pesos convertibles, además de otros cinco millones 765 mil 849 en recursos logísticos para mantener su conservación”.

El razonamiento ahora se adentra en los almacenes. “No es fácil guardar por un tiempo tan prolongado esos alimentos. Hay que mantener su vigilancia y asegurar el tratamiento fitosanitario para que no se plaguen; y aun con todas las acciones puestas en prácticas, fue necesario desechar para el consumo humano productos valorados en más de 189 mil 400 CUC”.

Otro tanto ocurre con el almacenamiento de productos refrigerados. En la actualidad existen más de 400 mil metros cúbicos de capacidades en exceso, operación que costó 26 millones 387 mil 798 CUC en solo 11 meses.

Persisten elementos tan propios de nuestra experiencia como la impresión de la libreta de abastecimiento. Para ello el MINCIN eroga todos los años unos 600 mil pesos convertibles, en la compra de papel, cartulina y otros recursos. Pero el Sistema de Distribución y Control de los Abastecimientos precisa también de otros equipamientos, lo que eleva los gastos. 

“A este mecanismo obligó la aplicación del bloqueo, cuando el país se vio precisado a implantar el racionamiento de alimentos, desde el año 1962, para garantizar una distribución equitativa y evitar especulaciones. Hoy, la economía cubana tiene otra dinámica, han cambiado las condiciones, pero la esencia del funcionamiento de las OFICODAS se mantiene”, comentó Frank.

Entre lo atípico de la redminorista donde se venden productos normados en Cuba, está su densidad de consumidores. Cualquier mercado del mundo atiende a miles de clientes, frente a un escaso promedio de 650 personas por punto de venta nacional. Hasta en los más recónditos parajes existe una bodeguita, y donde se fomentan nuevos núcleos  urbanos, la incorporación de ese local es el reclamo popular.

Tal dispersión requiere, lógicamente, de una fuerte logística, que en el sistema del  Comercio Interior se traduce en mil 48 vehículos de carga. Ese parque automotor requirió en la referida etapa de unos 997 mil 334 CUC para mejorar sus condiciones técnicas en favor de garantizar la distribución de alimentos.

Sin embargo, a ningún trabajador de comercio escapan las dificultades para asegurar la distribución de determinados productos. Tampoco al consumidor que espera por su cuota normada completa a inicios de cada mes. Afirman los especialistas que cuando por diversas razones las entregas se fraccionan, de hecho las capacidades de carga son subutilizadas, pero nada puede obstaculizar que los productos lleguen a su destino en el plazo más breve posible, aunque con ello se afecte la eficiencia en la explotación técnica de los equipos.

Contenedores que viajan desde Europa y Asia

A unos 35 centavos de dólar, Cuba pudiera adquirir una libra de ropa reciclada en el mercado estadounidense, pero tiene que pagarla al doble y más, al adquirirla en lugares más lejanos, lo que también incrementa los gastos de transportación. No han faltado momentos en los que se han logrado ofertas en determinados países a precios inferiores a los de los productos norteamericanos, pero la calidad no es la mejor.

A los efectos del bloqueo no escapan los artículos industriales que comercializa el sistema del MINCIN en moneda nacional. Entre mayo del 2006 y abril del 2007, PRODUIMPORT, la empresa importadora del MINCIN, tuvo un gasto adicional por concepto de fletes de 93mil 295 CUC, al adquirir recursos tan necesarios como materiales de terminación de viviendas, entre otros.

Rafael González Ferragut, también viceministro de Comercio Interior, particularizó con lo que ocurre en la Empresa Central de Textil y Calzado, entidad circuladora de zapatos, confecciones y ropa reciclada en el país. “Si se hubieran podido adquirir todas esas mercancías en los Estados Unidos, hemos calculado un ahorro de tres millones 270mil 246 pesos convertibles, y otros 771mil 30 por concepto de flete”.

Los directivos del MINCIN han vivido más de una experiencia en la que a punto de concretarse una operación comercial, de imprevisto ha fracasado por el conocido  internacionalmente “riesgo Cuba”, pero también ganan constantemente pericia y sagacidad para introducirse en mercados donde encuentren capacidades de créditos financieros, que beneficien la compra de más productos y de mayor calidad.

Contenedores que viajan desde Europa y Asia, en su mayoría, van reanimando lentamente el comercio minorista, a la vez que una canasta familiar, todavía insuficiente para los cubanos, gana en estabilidad.

Claro está que ninguna de estas limitaciones tiene que ver con otras muchas insuficiencias que persisten en la red minorista de Comercio Interior, y que, como clientes, sentimos en carne propia. Aun cuando los efectos del bloqueo norteamericano siguen lastrando la importación de productos al país, la economía cubana continúa recuperándose.

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