Manuel E. Yepe - Cuba Debate/ inSurGente.- Vietnam y China son países liderados por comunistas, pero no son anti-norteamericanos como Cuba. Esa es la razón por la que la isla caribeña debe ser tenida en el panteón de las naciones sobre las que se precisan controles comerciales más rígidos.

Tal fue la explicación ofrecida por el Secretario de Comercio de los Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, al Consejo de Dirección de la Asociación Estadounidense del Trigo (USW, por sus siglas en inglés), reunido en la capital del país el 12 de febrero de 2008.


Gutiérrez, cubano de nacimiento y llevado a Estados Unidos a la edad de 7 años pocos días después del triunfo revolucionario de 1959, integra el grupo de dirigentes de ese origen nacional que se conoce por los batistianos debido a su identificación ideológica y en muchos casos sus nexos familiares con políticos y militares afines a la tiranía de Fulgencio Batista que con fuerte apoyo estadounidense ensangrentó a Cuba durante la mayor parte de la década de los años cincuenta del pasado siglo. 

En 2004 fue nombrado Secretario (Ministro) de Comercio en el gabinete presidencial de George W. Bush quien, además, lo hizo en 2006 copresidente, junto a Condoleeza Rice, de la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre que elaboró la segunda versión del llamado Plan Bush, con medidas dirigidas a derrocar al gobierno cubano y regresar a la isla a su anterior condición semicolonial.

Gutiérrez trató de argumentar la idea de que los cubanos no quieren la amistad de los Estados Unidos. "Yo sé que esto les suena dramático… pero Cuba es esencialmente un país anti- estadounidense. Ustedes no pueden apreciar esto cuando van allá y los tratan con vinos y cenas, pero desde los inicios de los años 1960 el escenario soñado por Cuba es un mundo sin los Estados Unidos. Es difícil hacer negocios con un país que quiere ver al de uno desaparecer", aseguró a sus incrédulos escuchas.

"Ellos no quieren nuestra amistad pero nos culpan de todo lo malo que ocurre en su país", aseguró. "Los cubanos dicen que la pobreza de la isla es por culpa del embargo y no porque gastan todo su dinero en la defensa y se quejan de que la Agencia Central de Inteligencia tiene agentes por toda la isla para encarcelar por ese motivo a los disidente políticos e imponer un estado policial." 

El tema del comercio con Cuba es muy delicado para la USW, cuyo presidente del Consejo de Dirección, Ron Suppes, un granjero del estado de Kansas, escribió recientemente un artículo en el que argumentaba que el "embargo" tiene muy escaso sentido político, perjudica a la mayoría de los estadounidenses y daña grandemente a los cubanos comunes.

Suppes escribió ese artículo a su regreso de un viaje a Cuba donde observó que el trigo estadounidense es altamente apreciado y que la amistad es genuina. Dijo que en su opinión la política de bloqueo estadounidense empuja a Cuba a ligar sus intereses económicos con países que no son amistosos con los Estados Unidos, en clara referencia a la Venezuela bolivariana que encabeza Hugo Chávez.

El Secretario de Comercio y cercano colaborador del presidente George W. Bush no fue muy convincente, según apreciación del comentarista político Scott Yates, quien cubrió el evento para la publicación Capital Press, de Spokane, particularmente cuando dijo que el prerrequisito para el levantamiento del bloqueo a Cuba es que haya un cambio en la jefatura de Cuba.

"Yo sé que esto no les satisface a ustedes, pero un cambio está al doblar de la esquina. El prerrequisito es que haya en la isla un cambio en la cumbre. Cuando Fidel Castro no esté al frente de Cuba, la situación cambiará".

Hace algo más de 46 años, desde el 2 de febrero de 1962, el presidente John F. Kennedy oficializó un bloqueo que, de hecho, había comenzado el mismo primero de enero de 1959, a raíz de la fuga del tirano sostenido por Washington.

Ya en julio de 1960 el presidente Eisenhower había decretado una reducción de la cuota azucarera cubana, es decir, la cantidad de azúcar que los importadores podrían adquirir del principal producto de exportación cubano, entonces base de su economía.

Luego de oficializado el "embargo", que inicialmente excluía, "por razones humanitarias", algunos alimentos, medicinas y suministros médicos", se fue ampliando para prohibir la compra a Cuba de mercancías cubanas o a terceros países de mercancías elaboradas con materias primas cubanas. También se establecieron requerimientos especiales de aprobación para cualquier exportación a Cuba de alimentos y medicinas.

Lejos de debilitarse a partir del término de la Guerra Fría en 1991, que hizo obsoletos casi todos los argumentos manejados para justificarlo, el bloqueo se ha venido fortaleciendo hasta grotescos extremos.

Durante 14 años consecutivos Estados Unidos viene sufriendo humillantes condenas de la comunidad internacional de naciones que, prácticamente por unanimidad, llama a Washington a levantar el bloqueo económico. Solo apoyan a Estados Unidos Islas Marshall y Palau, dos  protectorados suyos, e Israel que, sin embargo, no practica la política de sanciones contra la isla, con la que mantiene nexos económicos.

En un artículo publicado el 3 de febrero de 2008 por uno de los periódicos más sistemáticamente hostiles a Cuba en Estados Unidos, el Miami Herald, el periodista Don Bohning reconoce que "en años recientes, el debate sobre el embargo ha cruzado por sobre las líneas de los partidos, cuando miembros republicanos del Congreso y funcionarios estaduales y locales, principalmente de los estados agricultores, se han unido –sin éxito- con los demócratas para tratar de ponerle fin".

Es evidente que el costo político de mantener el bloqueo a Cuba crece incesantemente en vez de disminuir. Los argumentos utilizados por el Secretario de Comercio y Copresidente de la Comisión para la anexión de Cuba, de que hay que mantenerlo porque  los cubanos no son amistosos y porque los cubanos se sirven del bloqueo para reprimir a sus oponentes, son argumentos altamente contradictorios que denotan el anacronismo del bloqueo, al tiempo que su carácter indefendible.

Durante los períodos en que la Casa Blanca ha apelado a una política de intercambios pueblo a pueblo, con el declarado propósito de influir en los cubanos a favor del modelo estadounidense de "democracia", el gobierno cubano ha aceptado abiertamente el reto y se ha podido observar que fueron los cubanos quienes con trato sincero y amistoso hacia todos los visitantes extranjeros, y porque les asiste la moral y la razón, determinaron que la administración de George W. Bush se sintiera obligada a suspender los intercambios "people to people".

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