Canal Caribe - Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.- El miembro del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Rogelio Polanco Fuentes, ratificó las denuncias de que la pretendida marcha a realizar ilegalmente en noviembre, responde al guión estadounidense de la Guerra No Convencional o golpe suave, dirigido a destruir la Revolución y el Sistema Socialista en Cuba.


Cuba y la contramarcha unida

¿Adónde apuntan, realmente, quienes quieren ahondar, en lugar de sanar, las heridas que efectivamente nos dejó el 11 de julio? Cuando la Revolución refuerza el amor, ¿a quién interesa el odio?

Juventud Rebelde

Tras relatar la génesis de la intentona contrarrevolucionaria para el 15 de noviembre, Rogelio Polanco Fuentes, integrante del Secretariado del Comité Central del Partido, señaló que ella no es más que otro capítulo de la guerra no convencional, proyecto de golpe suave del manual de lucha no violenta que Estados Unidos ha ejecutado, entre otros países, en la antigua Yugoslavia, Libia, Siria, Ucrania, Nicaragua y en Venezuela.

«Tratan de aprovechar —detalló— las vulnerabilidades del Gobierno a derrocar, separarlo de la población y fomentar la subversión y el conflicto armado a través de la insurgencia», empleando en el proceso resortes económicos, sicológicos y tecnológicos para derrocar un Gobierno «incómodo» con el menor costo posible.

Polanco Fuentes reiteró todo el articulado constitucional que estas personas —con una lectura de la Carta Magna malintencionada, muy diferente a la mayoría que en su momento la aprobó, a criterio limpio— violarían y que les hizo objeto del apercibimiento oportuno de la Fiscalía General de la República para que no incurran en acciones que en Cuba, que no es la tierra de Juan González, constituyen graves delitos sancionados en el Código Penal.

La marcha al desnudo

Si todavía hay alguien que olvidara el 11 de julio y quiera dar a los pretendidos marchantes el «margen de la duda» puede acercarse al ejemplo expuesto por Rogelio Polanco, quien realizó un extenso trabajo como jefe diplomático cubano en Venezuela.

El informe La unidad de Venezuela contra la infamia. Datos y testimonios de un país bajo asedio, publicado en septiembre del año pasado, expone que en protestas fomentadas desde el exterior murieron 43 personas, en 2014, y 121, en 2017 —año que sumó además 1958 lesionados—, pero John Kerry, quien fuera vicepresidente estadounidense, cambió los términos de lugar y afirmó que los manifestantes eran pacíficos y que el Gobierno bolivariano los reprimía con fuerza policial.

A los «guarimberos» venezolanos, y mucho menos a Kerry y otros jerarcas yanquis, les importó que esas manifestaciones, que apuntaban al corazón de un proceso revolucionario ejemplar, violaron, por su naturaleza, tanto las legislaciones del país como las internacionales.

Los contrarrevolucionarios venezolanos, en cuyo espejo parecen mirarse algunos colegas suyos nacidos en Cuba, no dudaron en aderezar sus manifestaciones «pacíficas» con la quema pública de personas vivas, solo por su color de piel o su presunta posición política; la utilización de niños para lanzar bombas incendiarias, cuidar barricadas y agredir a los agentes del orden; y la tergiversación del significado de símbolos patrióticos y hasta religiosos que nada tenían que ver con el odio al compatriota.

¿A cuánto cotizará un «Marchante»?

En su intervención ante la prensa y los líderes juveniles y estudiantiles, Rogelio Polanco Fuentes comentó el complejo sistema de financiamiento federal de la Casa Blanca a acciones subversivas en otros países, respaldo llevado a cabo, principalmente, a través de la Fundación Nacional para la Democracia (NED)y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que tanto dolor han pagado para el pueblo cubano.

Creada en 1983, bajo el paraguas del Gobierno de Ronald Reagan, para hacer a la luz lo que la CIA hacía —y hace— a la sombra, la NED, como la USAID, tiene al centro de sus proyectos la subversión política y el cambio de régimen en países que se resisten a control de Estados Unidos. Los escenarios que paga para ello son cursos, premios, becas, ONGs, tanques pensantes, fundaciones y otros engaños de noble apariencia académica.

Una de sus inversiones para nuestra región ha sido puesta en el Centro para la Apertura Democrática en América Latina (CADAL), que tanto financiamiento ha recibido para fomentar zancadillas contra procesos progresistas. La NED dio a CADAL —explicó Polanco Fuentes— 107 000 dólares en 2017 y 100 000 en 2021 para el proyecto Un enfoque regional para promover los valores democráticos en Cuba.

El miembro del Secretariado expuso que dos ciudadanos cubanos, Manuel Cuesta Morúa y Yunior García Aguilera, firmantes de la pretensión de realizar marchas simultáneas en el país, viajaron en 2018 a Argentina para participar en un evento de CADAL coordinado por el proyecto Tiempos de cambio y el nuevo rol de las Fuerzas Armadas en Cuba, cuyo objetivo era «dar continuidad al estudio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias para trasmitir a los activistas posibles escenarios y supuestos aliados a futuro, cooperar con actores cubanos a fin de vincularse con miembros y exmiembros de las FAR abiertos a procesos de cambio».

Cadal y su director general, Gabriel C. Salvia —continuó Polanco Fuentes—, han estado muy activos en el apoyo a esta provocación. En 2019, Cuesta Morúa y García Aguilera continuarían su «preparación» en una universidad madrileña donde recibieron lecciones de Richard Youngs, experto en protestas públicas como método de cambio político, de la Fundación Carniege para la Paz Internacional, cuyo presidente en aquel momento era el actual director de la CIA.

Youngs inculca entre estas «lecciones» que las revueltas «son cada vez más una ruta principal a través de la cual la gente común busca lograr una transformación social, política y económica».

¿Licencias para… marchar?

Las «lecciones» de Richard Youngs van más allá de tranquilas caminatas. Las vías contempladas en su transformación social son nuevos tipos de campañas «cívicas», la creación de escenarios de protestas, la evasión de la efectividad de ordenamiento interno, la búsqueda de las miradas convenientes de la comunidad y la prensa internacionales y el aislamiento del proyecto en cuestión de la izquierda internacional que suele apoyarle. Un divide y vencerás más que claro.  

Para hacer mal a un país independiente está, entonces, la chequera de la USAID, que en septiembre otorgó 6 669 000 dólares a proyectos subversivos contra Cuba. Sus principales beneficiarios fueron el llamado Directorio Político Cubano y los medios ADN digital y Cubanet, que desde hace tiempo beben la abundante leche envenenada de la ubre yanqui.

En tiempos de Trump, la Casa Blanca dedicó más de 70 millones de dólares para la subversión en Cuba, a lo que hay que añadir más de 100 millones dados a la Oficina de Trasmisiones para nuestro país, dedicados a las emisoras de radio y televisión que intentan manchar el nombre de Martí. Las cifras para el vuelque dadas por la comunidad de inteligencia y el dispositivo militar contra nuestra patria están simplemente ocultas.  

Lo que todo el mundo sabe, comenzando por los mercenarios que niegan serlo pero no dejan de cobrar, es que el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y aun la muy diezmada embajada de Estados Unidos en La Habana, tienen la chequera siempre lista para acompañar sus órdenes a la «contra…».

Cuba y los amigos de sus enemigos

La información de Rogelio Polanco Fuentes brindó detalles de otro viejo conocido: la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), «punta de lanza de tantos atentados y sabotajes en nuestra patria» desde los años ‘80». Aún viva y matando, esta agrupación recibió en 2019 más de un millón de dólares para «empoderar», aquí, una sociedad civil pensada a la medida de allá. En su perfil de Facebook la organización se ha erigido en manual de instrucción de los marchantes. Polanco Fuentes señaló que Saily González Velázquez, una de ellos, ha reconocido el apoyo de la FNCA, nada menos que de Omar López Montenegro, su director de derechos humanos.

Otro apoyo inmoral de quienes quieren volcar el país «pacíficamente» les llega de la ¡brigada (de mercenarios vencidos) 2506! y del terrorista Ramón Saúl Sánchez, con un amplio expediente de sabotajes y atentados contra nuestro país, pero también con la simpatía —probada por Polanco con un vídeo— de Yunior García Aguilera. ¿Alguien duda, entonces, de qué lado ponerse un día de noviembre?

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