Alejandra Brito Blanco - Razones de Cuba.- El Festival de San Remo en La Habana y las polémicas a su alrededor me han llevado de vuelta en el tiempo, unos veinte años atrás. Todavía ahora nos llegan los ecos del recuerdo, cuando Alex Ubago o Andy y Lucas se escuchaban por las calles cubanas.


Yo también tarareé el estribillo de sus canciones, incluso llevo algunas en la memoria. Por eso me impacta en mayor medida en lo que se han convertido estos artistas. Cuando la lógica de mercado manda, la mejor alternativa es suscribir el discurso hegemónico.

Ayer tuvieron un concierto en Miami, luego de haberse retirado del Festival San Remo en la Isla. Muchos fans cubanos estarán decepcionados, no por privarse de escucharlos cantar en vivo, sino por verlos ceder a la presión del verdugo, hasta el punto de negar incluso el peso de las cadenas. Y es que, además de no reconocer la presión mediática como causa de las decisiones de los últimos días, han hecho suyo el discurso del rencoroso “exilio histórico”.

Se mueven hacia donde vaya la marea de la opinión pública. Cualquier cosa, con tal de llenar los bolsillos de monedas.

¿Por qué Miami?

Debería analizarse también el peso simbólico de la ciudad estadounidense. Constituye la base del sector más reaccionario de la comunidad cubana radicada en ese país. Desde la Florida se gestan numerosas acciones, incluso terroristas, para destruir el estado de derecho en Cuba y minar el camino del sistema socialista.

No hablamos, por supuesto, de la totalidad de los asentados allí, sino de un grupo político radical, influyente, dispuesto a cualquier cosa para destruir la Revolución. Esta misma masa enardecida, junto a instituciones y personajes de la mafia anticubana, han protagonizado la intensa campaña mediática que llevó a un grupo de cantantes internacionales a “salirse” del Festival San Remo Music Awards.

Ellos no lo admiten, por supuesto, pero estos círculos de odio pretenden señalar a Cuba como una especie de “país maldito”, donde todo el que pone un pie “apoya a la dictadura”. Los transgresores quedan fuera de los circuitos de la industria cultural yanqui, la más grande del mundo. De haber tocado en Cuba, muchas puertas habrían quedado cerradas. Por lo tanto, mejor no arriesgarse.

Un discurso manido

Los protagonistas del show de Miami leyeron, uno a uno, el mismo guion de desentendimiento. Tanto Andy y Lucas como Ubago alegaron pensar que el contrato lo habían firmado “por medio de un promotor” desligado del gobierno antillano.

“Nosotros no estamos a favor de ninguna dictadura, ni de regímenes militares que tienen al pueblo ahogado”, dijo uno de los integrantes de la agrupación española. En la misma línea, el cantautor vasco alegó la falta de nexos entre la respuesta y la propaganda negativa. “Esto no tiene que ver con presiones mediáticas, ni las controversias que se han creado en redes sociales y en los medios (…), es una cuestión de desinformación”, declaró.

Resulta penoso ver cómo convierten la supuesta ignorancia en escudo. ¿Acaso podemos atribuir el súbito cambio de criterio a indagaciones reales sobre la realidad cubana o a datos imparciales sobre los acontecimientos? ¿Alguien les habrá informado a los músicos de la larga lista de logros del país en el enfrentamiento de la Covid 19, del esfuerzo descomunal del pueblo y sus gobernantes para mantener a flote una Isla que ha padecido los constantes ataques del país más poderoso del mundo durante los últimos 60 años?

No lo creo. Cuando vemos a Ubago, sonriente, sentado junto a voceros de la contrarrevolución, resulta evidente de dónde sacó el estribillo repetido ahora hasta el cansancio. Lo mismo para el resto. Declaran la salida del evento como una muestra de dignidad, cuando realmente significa lo contrario.

La hipocresía de un “San Remo” en Miami

En una videollamada, Ubago agradeció varias veces Alexander Otaola por “la oportunidad de hacer llegar a tanta gente” sus “principios y sentimientos sobre el tema”. Precisamente este personaje de la escena miamense representa uno de los rostros más visibles de la manipulación y el odio visceral anticubano. Ha pedido intervención militar para Cuba y llamado “engendro” al avanzadísimo proyecto de Código de Familias que hoy sometemos a consulta popular, por solo citar algunos ejemplos de su quehacer. Sin embargo, posee gran número de seguidores del otro lado del Estrecho de la Florida, cuestión oportunamente aprovechada por el intérprete.

El solista español utilizó el espacio para promocionar ampliamente el concierto del día 13, donde compartirá escenario con Andy y Lucas. El segundo miembro de esta agrupación había pedido en su comunicado en redes sociales que se valorara “el gesto” realizado por el conjunto al decidir no tocar en Cuba, mientras pedía que acudieran en masa a la presentación en la Florida.

“Con esa clase de cosas no jugamos, nos ha costado mucho llegar a donde estamos”, confesó. En esta frase, pienso, recae gran parte de la interpretación a los acontecimientos.

Ellos no están dispuestos a perjudicar su carrera al interponerse en la injusta acometida contra Cuba. Para quienes figuraban anteriormente en el cartel del Festival de la Canción San Remo, el revuelo se ha convertido en una maniobra publicitaria, cuando los días de gloria profesional habían quedado ya demasiado lejos. Por primera vez en más de una década, la atención mediática vuelve a posarse sobre figuras casi olvidadas.

Ni sinceridad, ni coherencia

No les importó presentarse en Colombia, caracterizada por masacres a guerrilleros de las FARC; ni en Cataluña, donde las aspiraciones independentistas han cortado la libertad de muchos. Al parecer, en el imaginario de estos intérpretes, no existe “violencia” ni “falta de libertad” en Estados Unidos. En ese país sí se encarcela a menores de edad, los índices de brutalidad alcanzan niveles alarmantes y los crímenes de odio ponen en peligro la vida de las minorías étnicas.

El dúo gaditano ya había tocado varias veces en Cuba, incluso junto al director artístico de San Remo Cuba. Las mismas instituciones que, según ellos, “ahogan al pueblo”, los convocaron. Desde ese entonces, Cuba sigue siendo la misma. Más bloqueada, sumida en una crisis mundial, pero los principios de la nación caribeña continúan intactos. No puede decirse lo mismo de ellos y de su discurso contradictorio.

Después de retirarse de la edición cubana del evento, todos los tickets del concierto en Miami fueron vendidos. ¿Queda alguna duda de la naturaleza económica y promocional de los pronunciamientos?

Todavía hablan de realizar un concierto multitudinario en La Habana si “algún día cambia en régimen” tienen manía con esa palabrita, régimen. Hasta entonces, no será el momento. Qué pena. Parece que ya nunca los veremos por acá, al menos no en esta vida.

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