Mohammad Khosraviragh, el copiloto-instructor iraní del avión venezolano, desmintió la versión difundida por el presidente de Paraguay, Mario Abdo. Mientras la aeronave y sus 19 tripulantes siguen retenidos en el país, la causa judicial continúa sin identificar la comisión de ningún delito, a la espera de los resultados de distintos peritajes. 


Raúl Kollmann y Irina Hauser - Página 12 - Foto: AFP

“Nunca en toda mi vida estuve en Cuba. Ni siquiera había estado en Latinoamérica antes de este viaje en el que pasamos por Venezuela, México y Buenos Aires. Nunca fui operado de nada. Ni de la cara, ni siquiera de apendicitis. No tengo una sola cicatriz y cualquiera puede ver que no tengo tampoco ninguna marca”. Este es el mensaje que le hizo llegar a Página/12 Mohammad Khosraviragh, el copiloto-instructor iraní del avión venezolano que llegó a Ezeiza hace exactamente un mes. La aeronave sigue retenida y los 19 tripulantes están recluidos en un hotel, con prohibición de salida del país. El presidente de Paraguay, Mario Abdo, que está en guerra con el expresidente guaraní Horacio Cartés, dijo hace unos días que el copiloto Khosraviragh viajó hace más de una década a Cuba y se sometió a una operación de alteración del rostro, supuestamente para borrar su paso por la guardia Al Quds, una especie de brigada oficial que es parte del ejercito iraní. A través de sus colegas de la tripulación, el copiloto-instructor lo niega categóricamente. 

El mensaje de Khosraviragh fue transmitido a este diario por los tripulantes venezolanos del Jumbo que comparten con el copiloto-instructor el hotel Canning Plaza desde el lunes 6 de junio. En un breve mensaje, la tripulación agregó que el 747, desde que está en manos venezolanas, estuvo dos veces en Cuba, pero ellos nunca salieron del aeropuerto y, en esos vuelos, Khosraviragh no estaba. Desde entonces, el piloto-instructor sólo formó parte de la tripulación en los viajes desde Teherán a Caracas, de allí a Surinam, de regreso a Caracas, luego a México a cargar las autopartes de Volkswagen y el último vuelo a Buenos Aires, con escala para cargar combustible barato en Caracas.

Como ya adelantó Página/12, para el presidente paraguayo la cuestión del avión de Emtrasur es un argumento espectacular contra Cartés porque éste usó el 747 en mayo para transportar cigarrillos desde Ciudad del Este hasta Aruba, la isla del Caribe que es territorio de Países Bajos. En el marco de esa guerra Abdo-Cartes, al actual mandatario paraguayo le conviene hablar de vínculos del avión con Hezbollah para achacarle a Cartés relaciones con esa organización. Pero en respuesta, Cartés dice que la relación estrecha es del vicepresidente de Abdo, Hugo Velázquez, que ahora aspira a la presidencia, y que era uno de los poderes fuertes de Ciudad del Este y aparece en fotos con dirigentes de Hezbollah. O sea, utilizan la historia del Jumbo para tirarse misiles entre ellos, con la curiosidad de que pretenden darle relevancia a la inteligencia guaraní, que no tiene ni personal ni presupuesto y que no hizo nada de nada cuando el avión estuvo en Ciudad del Este por 72 horas. Ni siquiera hubo una inspección al 747 y la tripulación caminó libremente por la ciudad que, según la derecha norteamericana, israelí y argentina, es la meca del contrabando y una especie de sucursal de Hezbollah. 

Fuentes de inteligencia consideran que lo del cambio de cara es descabellado, no hay antecedentes de que se haya hecho en ningún lado. Sí, en cambio, hay antecedentes de operaciones de cambio de huellas digitales. No se entiende tampoco por qué alguien se sometería a semejante operación en Cuba y no en Irán.

¿Qué pasa con la causa judicial?

Al cumplirse este miércoles un mes de la llegada del Jumbo a Ezeiza, en la causa judicial que llevan adelante la fiscal Cecilia Incardona y el juez Federico Villena no hay identificado ningún delito. En el avión no se encontró nada, pese a que se realizaron dos inspecciones --una ilegal, sin orden judicial, y una legal-- en las que participaron unos 60 efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), con perros especializados en la detección de explosivos y estupefacientes. Por ahora, se investiga si el avión vino exclusivamente a traer autopartes Volkswagen o, en cambio, si fue parte de una operación de espionaje o de colaboración con el terrorismo. Según dicen en Lomas de Zamora, donde está la sede de la fiscalía y el juzgado, “hay que esperar a que se termine la transcripción de los diálogos que están en los celulares --una parte en farsí, el idioma de Irán-- y se aguarda información de cuatro países: Estados Unidos, Paraguay, Uruguay y Venezuela”. 

No quedan claras las demandas económicas que pueden venir después por la retención del avión y de la tripulación, algo que ya está preparando un estudio de abogados que representa a la empresa Emtrasur.

Desde el lado venezolano se le pidió al juez que permita regresar a Caracas al encargado de servir la comida en el avión y a una mujer, especializada en el manejo de la carga, que tiene dos hijos pequeños. También se pidió, obviamente, la devolución de la aeronave. La fiscal Incardona y la DAIA, que es querellante, se pronunciaron en contra, pero el juez Villena todavía no resolvió. 

Según sostienen en el ámbito diplomático, no existe una queja formal de Venezuela porque Nicolás Maduro está agradecido con el presidente Alberto Fernández por la condena que hizo en la Cumbre de las Américas, delante de Joe Biden, del bloqueo a Venezuela y también porque el gobierno argentino dio el paso de nombrar un embajador --Oscar Laborde-- en Caracas. No quieren un conflicto.

Del lado iraní hay un silencio total. Este diario se comunicó con la Embajada de Irán en Buenos Aires para preguntar si formularon alguna protesta, pero no hubo ninguna respuesta.

Hoy por hoy, el expediente judicial se basa en una prueba que la Casa Rosada calificó de “panfleto burdo”: un informe del FBI que señala que hace años el piloto-instructor del Jumbo, Gholamreza Ghasemi, fue parte de la guardia Al Quds. El propio paper del FBI dice que no se puede usar ese informe como material judicial, pese a lo cual en la causa se le dio entidad. A partir de ahí se consolidó una especie de statu quo: no se formuló la acusación por ningún delito, la investigación sigue y se espera el resultado del peritaje a los teléfonos o lo que venga de los gobiernos de Estados Unidos, Uruguay, Paraguay o Venezuela. Todo parece dominado por la geopolítica, no por las evidencias

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