Canal Caribe.- Este 18 de octubre la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de Cuba cumplirá 35 años de fundada. La organización de la joven Vanguardia Artística, se consolida como espacio para crecer y crear.


Una organización como la AHS no envejece

En vísperas del aniversario 35 de la AHS, Juventud Rebelde conversa con su presidente sobre los desafíos de la organización y sus aportes a la cultura nacional

Juventud Rebelde

Apasionados por la cultura, se congregaron por empatía, por una coincidencia de sensaciones, por identificación. Colaboraron a pesar de sus diferencias y al hacerlo crearon un sentimiento singular y maravilloso.

El tú se convirtió en nosotros, el ojalá en ahora. Los años fraguaron el espíritu ardiente y enseñaron a todos que el camino deseado era el de la promoción del talento de los asociados. Se luchaba por una estructura que permitiera imaginar, sentir, comprender ideas y comportamientos. Un núcleo que hiciera entender a desentendidos que el arte alternativo no siempre es marginal o superficial. Necesitaba luz y espacio. Apoyo y reconocimiento de las instituciones culturales. 

La Asociación Hermanos Saíz (AHS) es un ser vivo que adquiere vitalidad de forma selectiva y voluntaria. Respira, dialoga y pretende mantenerse joven a través del espíritu de más de 3 600 artistas e intelectuales dispersos a lo largo y ancho del archipiélago.

En medio de las celebraciones por el aniversario 35 de la Asociación, su presidente, el poeta y dramaturgo Rafael González Muñoz, cede un espacio a las páginas de Juventud Rebelde para conversar, de manera crítica y necesaria, sobre esencias y batallas del arte joven cubano.

La AHS es considerada la vanguardia joven creativa del país; sin embargo, existen otros jóvenes que no pertenecen a la organización y presentan una obra destacada en las artes. ¿Cómo conecta a la organización con este sector artístico que prefiere impulsar sus creaciones desde la gestión personal?

Entre los miembros hemos trabajado para consolidar una obra artística, literaria, de promoción cultural o más enfocada hacia la investigación, alcanzando resultados que denotan cierta jerarquía. Desde la misma creación de la AHS, en octubre de 1986, fueron convocados para integrarla los creadores menores de 35 años que más sobresalían por manifestaciones. Así, los ya reunidos en las Brigadas Raúl Gómez García y Hermanos Saíz, como en el Movimiento de la Nueva Trova, o los recién egresados de las escuelas de arte, se unieron en una organización experimental, para algunos irreverente y contestataria, pero con jóvenes creadores que como dijera Fidel en su discurso del 12 de marzo de 1988, eran «los frutos dulces de la Revolución».

«Ese espíritu experimental no se ha perdido, como tampoco los imaginarios que subyacen alrededor de la AHS. Pero no toda la juventud creadora de vanguardia pertenece a la organización; eso no quiere decir que estén incómodos con ella o que la subvaloren; ni siquiera que los que estamos al frente guiando los procesos de crecimiento estemos haciendo mal nuestra gestión. Más bien resaltan dos principios por los que trabajamos, la voluntariedad y la selectividad. Una asociación de vanguardia debe cuidar su jerarquía y adoptar mecanismos para acompañar con seriedad la obra de sus miembros, así como posibilitar que el resto de los jóvenes creadores, aun cuando no sean asociados, puedan optar por las bondades de la organización. Con excepción de la beca El reino de este mundo, el resto de las becas y premios de la AHS son para todas y todos los jóvenes creadores de hasta 35 años, sean o no miembros de la AHS».

La organización reconoce, potencia, divulga y acerca a sus integrantes a las instituciones culturales de la nación. ¿Cómo satisfacer las demandas personales del artista sin perder las premisas esenciales de la Asociación?

La Asociación Hermanos Saíz, como todas las asociaciones radicadas en el país, cuenta con una institución gubernamental con la que se relaciona para cumplir con su gestión. El Ministerio de Cultura de Cuba y su sistema de instituciones tienen la responsabilidad de acompañar el buen desenvolvimiento de la AHS para que se desarrolle la obra cultural de los asociados. Algunas de esas instituciones con el tiempo se han anquilosado, han adoptado mecanismos burocráticos que más que impulsar la obra creativa, la ralentizan, creando descontento e insatisfacciones sobre todo en el gremio artístico y literario.

La Asociación, en pos de defender la obra de sus miembros, desempeña el rol de contrapartida de dichas instituciones, siempre teniendo claros los principios expresos en sus Estatutos y el Reglamento Interno. Mas es reconfortante ver cómo se encaminan proyectos de jóvenes creadores, impulsados por la AHS y bien acogidos por su instituto o consejo afín. Cómo hay jóvenes escritores premiados, con varios libros publicados por el Instituto Cubano del Libro, o músicos recién graduados con CD producidos por las más importantes disqueras cubanas, dígase Egrem, BisMusic o Colibrí; o los artistas visuales produciendo y exponiendo en circuitos de galerías del Centro Nacional de Artes Plásticas y sus empresas. Los artistas escénicos recibiendo apoyo del Consejo Nacional para producir una obra teatral o coreográfica y los realizadores audiovisuales concursando con fondos de fomento para hacer cine en medio de la compleja situación del país. Los más importantes festivales y eventos, díganse Feria del Libro, Cubadisco, Bienal de La Habana, Festival de Teatro, Festival del Nuevo Cine Latinoamericano… son espacios ganados para la participación de la juventud creadora, que es la propia AHS.

Durante estos 35 años de existencia, ¿cuáles son los aportes fundamentales de la organización a las diversas ramas de la cultura cubana?

La cultura cubana de los últimos 35 años no se puede resumir sin mencionar a la AHS. Solamente la aparición de la Asociación contribuyó a integrar en la sociedad a los llamados «grupos informales», agrupaciones de jóvenes que en su mayoría ni estudiaban, ni trabajaban y encontraron en la AHS motivaciones para participar en la vida sociocultural de su país.

«Fue en la Asociación donde se acogieron, en principio, los movimientos de rap y de rock, como después ocurriría con la música electrónica. Luego surgirían las agencias de rap y rock y el Laboratorio de música electroacústica. En la Asociación también se experimentaba en la elaboración de libros artesanales; por eso cuando se crea el Sistema de Ediciones Territoriales ya la AHS tenía sus propias editoriales y le publicaba libros a escritores cubanos y universales. En medio del período especial la AHS fundó en Holguín el Festival Mundial de Juventudes Artísticas, conocido como Romerías de Mayo, y rescató una tradición religiosa y una fiesta popular, sumándole un encuentro de jóvenes creadores de todo el mundo. 

«Desde los primeros años de su creación en la AHS se hablaba de una sola tradición artística; el concepto de continuidad se manejaba con naturalidad y compromiso. Los congresos de la organización, aunque demoraron en realizarse, fueron pactos indiscutibles de los jóvenes creadores con los principales dirigentes de la Revolución por la salvaguarda de los principios de la política cultural del Estado».     

—¿Cree que existen espacios suficientes para desarrollar todos los movimientos artísticos? ¿Hemos ganado o perdido respecto a épocas anteriores?

La proliferación de tendencias estéticas dentro del arte, así como las políticas de formación de artistas y el talento natural de las cubanas y los cubanos, han posibilitado que existan tantos proyectos de creación como creadores egresados de las escuelas de arte. Ese fenómeno ocasiona que en algunos lugares, sobre todo en La Habana, sea mayor la demanda artística que la posibilidad de espacios para la creación, desde los primeros ensayos hasta la presentación y el consumo del producto artístico.

«No obstante, con la llegada al país de las plataformas digitales y las nuevas tecnologías, y a partir del crecimiento exponencial de internet, se han democratizado espacios virtuales y las posibilidades que se brindan son infinitas. Aunque por mucha tecnología que tengamos, en mi opinión, nada sustituirá la impresión de libros, o las presentaciones teatrales con presencia de público, o la inmensidad de la pantalla del cine… Creo, con relación a esto, que si se aprovecha todo, cada vez serán más las oportunidades, los espacios para la creación y la promoción, lo que condicionará el crecimiento cultural y el alcance más allá de nuestras fronteras».

La AHS es una especie de hermana menor de la Uneac. Sin embargo, siempre han existido jóvenes que después deciden no ingresar a la Uneac. ¿En su consideración qué causas intervienen en esta decisión?

Desde la fundación de la Uneac en agosto de 1961, a propuesta del escritor pinareño Aldo Martínez Malo, se creó un núcleo en el seno de la Unión llamado grupo Hermanos Saíz. Años más tarde ese grupo, con la guía de la Unión de Jóvenes Comunistas, se denominó Brigada Hermanos Saíz. Siempre ha existido un vínculo extraordinario entre la Uneac y la AHS, expresado en la militancia de los mismos creadores; por eso algunos somos miembros de ambas organizaciones.

«Muchos artistas terminan en la AHS y si no son miembros de la Uneac, hacen lo posible por pertenecer. Otros no, debido a causas muy subjetivas: bien pudiera ser que no necesitan estar en una organización porque su obra está muy bien posicionada institucionalmente, o se presentan al crecimiento y son desestimados, pues se supone que ingrese a la Uneac, un creador cuyo currículum vitae haya madurado y su obra se haya consolidado.

«No todas y todos los creadores trabajan para que su obra crezca; algunos se acomodan y descuidan el virtuosismo del arte. Esos no deberían ser miembros de la Uneac, ni siquiera por haber pertenecido a la AHS. Algunos creadores ingresan a la AHS con el mismo currículum vitae con que terminan su período en la Asociación; esos tampoco deberían ingresar a la Uneac. Desde su último congreso, la Uneac está empeñada en dinamizar sus estructuras y en crecer con la juventud creadora.   

Los jóvenes son bujía importante en este gran motor que llamamos Cuba. ¿Qué papel desempeña la AHS en el correcto funcionamiento de la política cultural de la nación? En tal propósito, ¿siente que la voz de la organización es respetada?

Los jóvenes creadores expresan constantemente sus criterios a través de su obra y en los espacios de debate y pensamiento que han proliferado en los últimos años: Dialogar, dialogar, Pensamos Cuba, Pensar a la zurda y Memoria Nuestra, por solo citar unos pocos. La realización de los congresos de la AHS ha consolidado la voz colectiva de una generación. Los planteamientos de los asociados no solo han sido escuchados, son tenidos en cuenta por cada una de las instituciones que los representan. Así queda expresada la vigencia de una política cultural inclusiva, que le da espacio a la juventud, esa que es bujía, chispa que enciende los fuegos de la creación.

¿Cuáles serían las mejores formas de renovarse en estos tiempos de pandemia y de dificultades socioeconómicas?

En medio de la COVID-19 la AHS ha aprovechado todas las vías posibles para comunicar el quehacer de sus asociados. La experimentación ha sido, desde la génesis, una de sus características fundamentales; por eso ante la dificultad generada por el virus, gestar nuevos espacios y migrar a la vía online toda nuestra plataforma de Jornadas de Programación, ha sido un reto. También ha sido un desafío enfrentar las dificultades socioeconómicas que indiscutiblemente afectan a la creación artística, pero incluso en estos difíciles momentos en el país se erogan sumas considerables de presupuesto en función de proyectos de los creadores. Ejemplos de eso son las becas El reino de este mundo, con las cuales se generaron proyectos para la televisión como El Potaje, Una vez al año y Activos desde casa, entre otros, más toda una producción de cápsulas promocionales y videoclips.

¿Qué buenas nuevas trae la AHS, en vísperas de su aniversario? ¿Han cambiado algunos de sus programas habituales, cuentan con nuevos espacios u oportunidades para los jóvenes creadores?

Para celebrar los primeros 35 años de la AHS han sido muchas las iniciativas a lo largo y ancho de la Isla. Se han aprovechado espacios consolidados como el programa Paréntesis, que llegó a sus 15 años. Se lleva a cabo el programa de radio En clave, un viejo anhelo de la organización. Las filiales provinciales han demostrado que desde sus territorios es posible promocionar la obra de los artistas y escritores para Cuba y para el mundo. Ya a nadie se le ocurriría pensar, por ejemplo, en las próximas Romerías de Mayo o el Festival Mundial de Juventudes Artísticas, sin su versión para las redes sociales digitales o sin los conciertos que se trasmiten por la televisión.

¿Cómo visualiza la organización en el futuro? ¿Qué necesitaría?

La AHS del futuro es más inclusiva, aunque seguirá siendo voluntaria y selectiva. Una organización que digitaliza sus procesos de ingreso, el conocido crecimiento, que hoy es dos veces al año y al cual se presentan los creadores noveles que buscan encontrar mecanismos jerarquizadores y otros ya no tan jóvenes, que le aportan su propia jerarquía a la AHS. Tendrá que ser una asociación con filiales y células llenas de actividades e intercambios de experiencias, donde siga primando la obra colectiva a partir de las individualidades que la integren.

—¿Cómo lograr que una organización de 35 años de vida (edad límite en los criterios de inclusión) no entre en las primeras etapas de envejecimiento?

Una organización como la AHS no envejece. Los 35 años representan para sus miembros la mayoría de edad. Si a los 35 te quedó algo por hacer en la AHS, no supiste aprovechar el tiempo o escogiste posiciones no tan fieles a la creación. Los miembros de la Dirección
Nacional aceptamos esa responsabilidad en medio del crecimiento de nuestras carreras, conscientes de que no podríamos optar por ninguno de los premios que la AHS convoca nacionalmente. La AHS vivirá porque en Cuba hay una política cultural que pondera la aparición de nuevos talentos, porque nuestro país es nicho de creadores autodidactas que nacen para cultivar el espíritu con enormes dotes artísticas. Porque la voluntad de la Revolución, como dijera Fidel hace 60 años, es enaltecer el arte y la cultura.    

 

Yasel Toledo Garnache: No quiero perder nunca la capacidad de asombro

Heydy Montes de Oca / estudiante de Periodismo - CubaSí

Periodista, escritor, vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz, y recientemente director de la revista El Caimán Barbudo, Yasel Toledo Garnache es un joven que asume con responsabilidad los retos su tiempo. 

¿Qué representa para ti, siendo tan joven, dirigir El Caimán Barbudo, una publicación con tanta historia y tan importante para la cultura de nuestro país?

Llego al Caimán con muchos deseos de seguir aprendiendo. Desde la etapa como estudiante de Periodismo en la Universidad de Holguín soy fiel seguidor de la revista. Muchas veces analizamos algunos de sus artículos, y nos acercamos a la literatura, sucesos y fenómenos de la cultura cubana a través de ella. 

En lo personal, pensaba en El Caimán y me venía a la mente Bladimir Zamora, todavía es así. El Blado amó y dedicó gran parte de su vida, talento y esfuerzos a esa publicación. Siempre será una especie de hermano grande para los jóvenes creadores de nuestra generación. Lo imagino entre libros, discos y música, en peñas... Me parece verlo sonreír, hablar con esa pasión inusual, darse unos tragos, escribir y luego hojear las páginas de la que indudablemente fue la revista de sus amores. Nunca olvido su funeral en la sede de la Asociación Hermanos Saíz en Granma, allí estuvo parte del equipo del Caimán, incluido Fide (Fidel Díaz Castro), Paquita Armas y Darío Alejandro Escobar.

Para mí es un placer enorme compartir con profesionales que admiro y que son referentes para muchos en el periodismo cultural cubano, como Joaquín Borges Triana, Paquita, Fidel Díaz Castro y Rafael Grillo, uno de los mayores defensores del periodismo narrativo. Otros, a pesar de la juventud, también van recorriendo un camino de mucha luz, como Dailene Dovale, con abundantes reconocimientos, incluidos los premios Rubén Martínez Villena y Antonio Lloga en varias ocasiones, el 26 de Julio…, quien domina muy bien los podcasts y la narrativa hipermedia.  

En el equipo están también Albita (Alba Graciela), quien suele estar atenta a los detalles para actualizar El Caimán digital y sus perfiles en redes; Lourdes Daymé Mederos, quien realizó su tesis de licenciatura relacionada con la revista; la diseñadora estrella Helena Arco Martínez y la secretaria Yaima Suárez Mesa. Quiero que todos se sigan sintiendo felices, libres y a la vez con muchos deseos de seguir ayudando a que El Caimán crezca, a la vitalidad de la cultura cubana y sus esencias.

Parte de lo que más me agrada es el compromiso del equipo con El Caimán y la capacidad para debatir de manera permanente sobre temas más allá de la cultura. “Es una familia diversa”, como dice el propio Joaco, un team que siempre tiene sueños y que también suele ser crítico en los análisis.

Con total confianza te aseguro que no hubiese llegado al Caimán, sin la voluntad del propio Fide, los mensajes y las llamadas de otros integrantes del equipo que me manifestaron el deseo de que me sumara. Me hubiese gustado que fuera en otro contexto, especialmente sin las complejidades derivadas de la covid-19, para compartir más desde el principio en espacios físicos, para estar en los “Pacazos” o “Helenazos”, en las peñas…, para ir a otras provincias, para soñar todos juntos más allá de un chat.

En estas semanas he pasado mucho tiempo revisando el archivo de la revista, sus ejemplares desde 1966. Es inevitable emocionarse al ver sus páginas, las firmas de sus autores, la belleza más allá de lo formal, la herejía creativa… Ahí palpita parte importante del alma cultural del país y un poco más allá. 

He tratado sobre todo de escuchar, aprender, sentir el espíritu caimanero... Me gustaría que siga siendo cada vez más un espacio también para el debate y el pensamiento desde el amor a Cuba y los encantos de nuestra cultura. Como lo ha sido en su historia, El Saurio –como también le llamamos a veces- tiene el desafío de ser una especie de imán y a la vez de manantial para los jóvenes escritores, artistas e intelectuales cubanos y para la sociedad en general. Ojalá pronto podamos tener todas las ediciones en formato digital, retomar un sitio web .cu y seguir creciendo en las redes sociales. 

-Como vicepresidente de la AHS, periodista y director de El Caimán Barbudo cuál es tu criterio acerca del periodismo cultural que se hace en Cuba. ¿Cuáles son los retos que tiene la prensa en este sentido?

Muchos son los retos del periodismo cultural en Cuba. A los tradicionales se suman otros relacionados con plataformas digitales, redes sociales y un complejo entramado comunicativo y social, que demanda un ejercicio de la opinión y la crítica sobre temas artísticos y culturales cada vez más profundo.

El nuevo contexto provocado por la COVID-19 indudablemente ha originado cambios, pero los desafíos se mantienen y hasta se redimensionan. Han variado las rutinas productivas y surgido iniciativas que deben mantenerse siempre. 

En medio de la variedad ha sido escasa la crítica periodística, capaz de alertar, orientar y contribuir a una jerarquización cada vez más coherente. Hay aspectos esenciales que no dependerán únicamente de cambios de contextos o readaptaciones en las maneras de hacer.

Lo primero será siempre el conocimiento, la superación y la capacidad de análisis de las obras y los sucesos creativos. Resulta muy difícil que un profesional tenga todas las herramientas para el reflejo profundo y el análisis del teatro, la danza, la literatura, el cine, el patrimonio, las artes visuales...; por eso es tan pertinente el trabajo conjunto y la inclusión de personas que ya ejercen la crítica en otros espacios o tienen la formación para hacerlo, como dramaturgos, musicólogos o autores con prestigio, aunque ello implique que deban aprender las dinámicas de los medios de comunicación y el periodismo.

El ejercicio de la crítica debe ser siempre desde la profesionalidad y la voluntad de contribuir verdaderamente al crecimiento de sus autores y a una apreciación más acertada en los públicos. En todo esto influyen también la formación en las universidades y ciertas realidades al interior de algunos medios.

No se trata de decir “voy a ser crítico” o “haré un buen periodismo cultural”, no depende solo del propósito ni de apretar botones mágicos. Es primordial tener en verdad el conocimiento y las competencias profesionales para hacerlo, porque con intentos desacertados podríamos tener efectos negativos, como confusión e imaginarios erróneos. 

Resulta esencial utilizar mejor las plataformas digitales y la gramática hipermedial, por los debates que suelen ocurrir en esos espacios desde posiciones diversas. Ahí resulta cardinal también el ejercicio profundo y argumentativo de la crítica.

Tenemos mucho por hacer en ese sentido. En Cuba el reto de aprovechar al máximo el mundo web es doble por las dinámicas desfavorables que persisten en lo tradicional, con profesionales, creadores y audiencias poco acostumbrados al ejercicio del criterio “incómodo”. La crítica siempre va a molestar. Resulta casi imposible que algún autor aplauda de felicidad al escuchar o leer críticas a una de sus obras. Y a eso se le suma la necesidad de dominar otras herramientas y códigos de lo digital. Repito que, en nuestra opinión, el trabajo en equipo parece ser la manera más efectiva de dar pasos rápidos en ese sentido, aprovechando las potencialidades de cada uno.

Alegra ver algunos ejemplos positivos de iniciativas como podcasts y perfiles hipermediales en medios como el periódico Juventud Rebelde y El Caimán, pero falta muchísimo. Aquí todavía no hay experiencias como youtubers o grandes influencers sobre esos temas en las redes.

Nosotros consideramos que cualquier acercamiento desde lo comunicacional al arte o a los sucesos artísticos no debe ser considerado periodismo cultural, porque eso implica también un conocimiento, una ética, un análisis.

Reconocemos que desde la AHS, a pesar de tener secciones como la de Crítica e investigación y otras con presencia de periodistas, tampoco hemos logrado fomentar todo lo deseado ese ejercicio analítico, más allá de algunos ejemplos.

Debemos construir una mayor articulación entre nuestros eventos, especialmente los relacionados con el periodismo y la labor desde los medios de comunicación, incluidos el Taller y Concurso Rubén Martínez Villena, en La Habana; el Coloquio de Periodismo Cultural, en Camaguey; el Encuentro nacional y concurso para jóvenes radialistas La Vuelta Abajo, en Pinar del Río; el Antonio Lloga In Memoriam, en Santiago de Cuba; el Voces Cruzadas, en Sancti Spíritus; el Ultrasonido, en Las Tunas...

Resulta esencial seguir potenciando la superación y también premiar y contribuir a la divulgación de las mejores obras. Tenemos que ser cada vez más un equipo creativo con una hermandad creciente, en la cual la crítica constructiva siga siendo esencial.

Es fundamental el trabajo armónico entre jóvenes y profesionales de más experiencia, en el que todos aprendamos y desarrollemos competencias, tanto para el análisis y la redacción como para el dominio de nuevos códigos y particularidades, por ejemplo, del mundo digital.

La AHS, la UPEC, la UNEAC, el propio Caimán y otros colectivos podemos hacer mucho más de manera conjunta. El periodismo cultural adquiere cada vez más importancia, como lupa que analiza, desentraña, orienta y guía. Rebasa el arte, la literatura… Es transversal a fenómenos de la sociedad toda, por eso debemos cultivarlo y enarbolarlo siempre de la mejor manera.

-Usted es periodista y escritor. ¿Cuánto hay de periodismo en tu literatura y viceversa?

El periodismo y la literatura se complementan. Llegué a la literatura por el deseo de perfeccionar el periodismo, aprovechar las técnicas narrativas para hacerlo más atractivo, pues deseaba entretener, encantar, transmitir emociones… En la etapa de la universidad escribía con mucha frecuencia. Envié algunos relatos al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y fui seleccionado entre los jóvenes para pasar su Curso de Técnicas Narrativas.

Eso me cambió bastante. Me agradó mucho conocer a Heras León, a su esposa Ivonne Galeano, a los demás profesores y escritores, a Raúl Aguiar, a Sergio Cevedo, a los muchachos de otras proincias... Cada vez que regresaba de los encuentros en La Habana al oriente del país escribía dos o tres cuentos en el viaje. Eso tiene que ver mucho con el ambiente que viví en el Onelio. Viraba cargado, lleno de historias por contar y con más interés. 

Luego llegaron otras alegrías, como la beca Caballo de coral, por el proyecto de libro de cuentos La remodelación, y el premio en el tercer concurso de microrrelatos, convocado por Cubadebate y Ocean Sur.

Siempre agradezco a Holguín por ser la ciudad que me despertó. Ahí fue donde por primera vez fui a un teatro, me interesé por la ópera, por la literatura, y eso me hizo madurar mucho, me hizo cambiar en lo profesional, en lo intelectual. También le debo bastante al ambiente en la universidad, al grupo de amigos que compartió vivencias conmigo, a profesores como Rubén Rodríguez, Fabio Ochoa y Orlando Rodríguez.

El periodismo necesita la belleza formal. Ojalá ese tipo de cursos de técnicas narrativas se impartiera en todos los medios de prensa.  Entre los periodistas con una obra más sobresaliente se incluyen muchos escritores, como Ernest Hemingway, José Martí, Rodolfo Walsh, Capote…, para no salir del continente. Es muy agradable leer una crónica de García Márquez, de Pablo de la Torriente…”.

En los últimos años he escrito poca literatura. En el poco tiempo libre trato de priorizar el periodismo. Eso es lo que soy en verdad: periodista, por eso jamás me apartaré totalmente de la profesión que amo y con la que tanto soñé desde pequeño. Me ayuda a tener visiones y análisis más abarcadores, a ser mejor cubano, mejor ser humano. No quiero perder nunca la capacidad del asombro.

-Hace unos meses escribiste que "estos debieran ser tiempos de paz, decoro y amor total a Cuba" ¿Qué está haciendo la AHS como institución para lograr cumplir ese objetivo?

Vivimos tiempos difíciles, marcados por la pandemia de la covid-19, complicaciones económicas, ascenso de las disputas ideológicas, luchas a veces despiadadas en lo simbólico y otras complejidades.

En este contexto nosotros como Asociación, como gremio y familia grande y diversa, hemos tratado de mantenernos lo más unidos posible, conscientes de los retos y la importancia de seguir fieles a la creación y a las esencias de Cuba. Hemos realizado casi todos nuestros eventos y jornadas de programación de manera online, impulsado disímiles proyectos creativos…, seguros de que el arte también salva.

Jóvenes creadores de todo el país estamos en la lucha contra la covid-19 en centros de aislamiento, organizamos donaciones, contribuimos a la campaña a favor de la vacunación. Concedemos mucha importancia a la comunicación entre nosotros y con creadores de otros países. Incrementamos los intercambios con miembros de la organización y de otros sectores, en los cuales debatimos con profundidad y casi fiereza, pero siempre con un espíritu propositivo. Tratamos de articularnos más e impulsar proyectos de conjunto, no solamente desde el sector de la Cultura.

Tratamos de funcionar siempre lo mejor posible como gremio en todo y a la vez cultivar un espíritu de verdadera hermandad dentro. Tratamos de aprovechar las críticas y propuestas, la inteligencia colectiva, para crecer no solo como AHS, sino para contribuir a un mejor país. 

Tenemos mucho que mejorar en Cuba más allá de la cultura. Somos unos soñadores. Confiamos en la belleza y la fuerza del arte, en la mística de la nación, en lo que podemos hacer desde el amor y la dignidad. La confianza, el consenso y la esperanza se construyen permanentemente, en lo cual es fundamental la espiritualidad y la concreción de sueños colectivos. Tratamos de ser útiles en todo eso. 

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