Antonio Rodríguez Avellaneda* - Cubainformación.- Escribo este artículo pocos días antes del 28 de septiembre, fecha en que en Cuba se conmemora el 62 aniversario de la fundación de los C.D.R. (Comités de Defensa de la Revolución).


Esa noche mágica e histórica, Fidel Castro que acababa de regresar de Nueva York donde se estaba celebrando la anual Asamblea General de las Naciones Unidas, pronunció un discurso vibrante y totalmente lleno de argumentos en el que defendió todos los logros de la Revolución y en el que también fijó los objetivos inmediatos. Pero para conseguir dichos objetivos, todo el pueblo debía estar dispuesto a participar y a luchar.

Fidel, como máximo responsable de la delegación cubana, intervino en la Asamblea General y denunció ante el mundo entero todas las fechorías y ataques terroristas que Cuba venía sufriendo por parte de los Estados Unidos desde el primer día en que el ejercito rebelde triunfó y aplastó a la dictadura de Fulgencio Batista.

Cientos y cientos de atentados y asesinatos se perpetraron desde el primer momento, aquellos grupos, estaban totalmente financiados y organizados no solamente por los terratenientes a los que la Revolución había desposeído de sus inmensas fincas, también se comprometieron en las acciones contrarrevolucionarias los banqueros y dueños de las grandes cadenas hoteleras pero fueron los funcionarios de la embajada norteamericana y el gobierno en pleno del presidente Eisenhower los auténticos organizadores y ejecutores de todos los atentados. Para ello utilizaron hampa, al FBI y a la organización más siniestra y criminal de toda la historia de la humanidad, la CIA.

Eso ha podido demostrarse con el paso del tiempo, cuando los documentos referentes a aquellas fechas han sido desclasificados.

Los primeros años tras el triunfo del primero de enero, las bandas contrarrevolucionarias organizadas y financiadas por los poderosos, pero especialmente por el imperialismo yankee, se dedicaron salvajemente a atacar a los sectores clave de la economía. Se incendiaron miles y miles de hectáreas de caña de azúcar, se colocaron y explosionaron bombas en los centrales azucareros, en los hoteles más importantes, en las plantas generadoras de energía y en los grandes almacenes como El Encanto que quedó totalmente destruido y que hasta la fecha de hoy no ha podido ser reconstruido.

El día 4 de marzo de 1960, un barco francés llamado La Coubre se hallaba descargando un importante material de guerra que el gobierno cubano había comprado al gobierno belga cuando a las 15:45 de la tarde, una terrible explosión provocó decenas y decenas de muertos de heridos entre los estibadores y la tripulación. 20 minutos más tarde, cuando los grupos de salvamento y muchos ciudadanos que habían acudido voluntariamente a las tareas de rescate y de extinción del incendio provocado, se produjo otra explosión de las mismas características que destruyo al buque y el cargamento que transportaba. La carnicería que produjeron las dos explosiones cuyas víctimas se cuentan por centenares resultan muy difícil de explicar. En el Museo de la Denuncia, recientemente inaugurado, se contemplan imágenes que ojos humanos no deberían de ver jamás pero que es necesario que el mundo sepa y contemple todo el daño que Cuba a padecido desde hace más de 63 años.

En la plaza que hay frente al antiguo Palacio Presidencial, convertido hoy en el Museo de la Revolución, miles y miles de personas se concentraron para escuchar al líder carismático e indiscutible que tan brillante intervención había tenido en las Naciones Unidas. Desde el primer momento, Fidel, dedicó su discurso a denunciar todo cuanto se venía llevando a cabo contra Cuba desde el primero de enero, no solo por parte de los contrarrevolucionarios internos sino desde los propios Estados Unidos que eran los financiadores y organizadores del daño causado y tendrían su máxima expresión en el fracasado intento de desembarco en Playa Girón en 1961.

Una de las razones que más influyeron en la derrota de la Brigada 2506 fue que el pueblo con sus milicias populares y sus CDR ya estaban organizados y que jugaron un importantísimo papel en el control y vigilancia de todos los elementos conocidos como enemigos de la Revolución. Los yankees pretendían establecer una cabeza de playa aprovechando las características del terreno y aguantar 72 horas para ser reconocidos por la O.E.A. que estaba, en aquellos tiempos, totalmente dominada por los Estados Unidos.

Según sus planes, desde unos de los países títeres, trasladarían a la isla un gobierno provisional del que formarían parte, entre otros, dos de los personajes más conocidos como Manuel Urrutia LLeó y José Miró Cardona, presidente y primer ministro respectivamente del primer Gobierno Provisional Revolucionario. Estos personajes se vieron obligados a dimitir poco tiempo después de su nombramiento porque las medidas y leyes que exigían las masas iban en contra de sus intereses de clase y acabaron traicionando a la Revolución al constatar que Fidel y los demás comandantes de Sierra Maestra estaban totalmente decididos a cumplir con todas las promesas que habían hecho al pueblo y en especial a los Guajiros, acabar con los latifundios y repartir la tierra.

La propuesta estrella que el comandante en jefe hizo esa histórica noche, la fundación de los CDR, fue acogido con el máximo entusiasmo por todos los congregados. En muy poco tiempo miles y miles de cubanas y cubanos de todas las edades, cuadra por cuadra, barrio por barrio y pueblo por pueblo, conscientes de que sin unidad y organización serían una presa fácil para el enemigo que acechaba a menos de 90 millas, se pusieron a trabajar para conseguir la organización que hoy tienen. Hoy, los CDR cuentan con más de ocho millones seiscientos mil de afiliados, que representan casi el 95% de la población mayor de 14 años y constituyen desde el primer día de su fundación la auténtica espina dorsal de la Revolución.

Demostró Fidel aquella noche con su propuesta que no solamente era un orador inigualable, sino que, además, como también había demostrado en la lucha guerrillera de Sierra Maestra, era un auténtico estratega. Unidad y organización para Fidel eran dos conceptos inseparables que había que tener en cuenta en todo momento para poder garantizar nuevos avances en la construcción del socialismo que es la meta irrenunciable de la Revolución Cubana, y que el imperialismo genocida de los Estados Unidos no ha sido capaz de impedir a pesar de su criminal bloqueo que tanto daño a causado a ese maravilloso y combativo pueblo.

PATRIA O MUERTE. VIVA EL 28 DE SEPTIEMBRE. VIVA LOS CDR. VIVA LA SOLIDARIDAD INTERNACIONALISTA.

VIVA EL HERMANAMIENTO DE NOU BARRIS – EL CERRO. VIVA MARUJA.

* Militante del PSUC Viu y miembro de la Brigada de Hermanamiento Nou Barris – El Cerro.

 

Foto: Vicente Brito / Escambray.

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