Red Semlac.- Aunque Cuba vive un momento favorable para visibilizar, prevenir y atender las violencias basadas en género, aún queda mucho por hacer para ofrecer la atención de calidad que requieren las víctimas, lo cual pasa por asumir la investigación y la atención a este fenómeno sin sesgos ni omisiones.


Así lo considera la psiquiatra Ada Alfonso, especialista del Centro Nacional de Educación Sexual, quien se refiere a las fortalezas y debilidades que tiene el escenario cubano para el estudio de este problema social, de salud y de derechos, al cual muchas veces se mira solo desde una perspectiva heteronormativa y heterosexista.

¿Qué aspectos limitan hoy el acercamiento desde la ciencia a las violencias basadas en género?

La principal debilidad está en el propio imaginario de investigadores e investigadoras, en el sentido de considerar que la violencia de género es solamente aquella que se dirige a las mujeres, por ser mujeres. Por tanto, se apegan a un patrón heteronormativo, heterosexista, y no consideran todos los elementos que están detrás de esas construcciones de género que hacen que esta violencia sea una violencia estructural, que podemos rastrear en las distintas poblaciones y momentos de su curso de vida.

La omisión de no ver las violencias de género que se dirigen a las mujeres lesbianas, las mujeres trans, los hombres trans, la que se dirige a los hombres que también construyen su orientación sexual homosexual, es una omisión que tenemos que discutir, debatir y que permitirá tener una comprensión mucho mayor de lo que hoy consideramos las violencias de género.

En el país existen distintos polos de investigaciones que permiten indagar sobre cuestiones relativas a las violencias que se dirigen hacia las personas trans, las mujeres lesbianas y también hacia los hombres homosexuales. Sin embargo, creo que todavía en el imaginario de quienes investigan está la idea de que son las mujeres específicamente, y particularmente las niñas, quienes más sufren estas situaciones.

¿Cómo se comporta, en el caso de las mujeres lesbianas y trans?

Me llama la atención — tanto como investigadora del tema como cuando revisamos las investigaciones relacionadas con la encuesta que se realiza desde el Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, donde se aborda el tema de las personas con VIH— el elevado número de personas con VIH que refiere sufrir situaciones de violencia en los escenarios de pareja.

También llama la atención en nuestros estudios, que se basan en la metodología de la investigación acción y donde se usan técnicas de investigación como la entrevista, la entrevista en profundidad, los grupos focales y técnicas de análisis cualitativo, cómo la violencia está presente en el curso de vida de las personas trans.

Pero cuando revisamos específicamente la situación de las mujeres lesbianas, nos percatamos de que, a partir de la adolescencia, cuando comienzan a descubrir su orientación afectiva-erótica, también sufren situaciones de abandono familiar, violencia en el escenario familiar, específicamente de las madres, de las hermanas, que no comprenden por qué se interesan por otras mujeres, por qué las desean amorosamente.

Eso que en nuestras investigaciones hemos descrito como un borramiento de la vida familiar en las personas trans, también se presenta cuando la familia nunca más habla de la orientación sexual, ni del malestar o el bienestar que le produce a la mujer, en este caso a la mujer lesbiana, la salida del clóset. Es un tema que se silencia, que prácticamente está invisible.

De manera general, las formas de violencia que más se expresan tienen que ver con la violencia psicológica, con la discriminación en distintos escenarios de la vida social; pero en algunos casos también con la violencia física y la sexual por parte de la pareja. En el caso de las mujeres lesbianas, también por parte de hombres que piensan que con poseerlas, violarlas, vulnerar sus cuerpos… pueden cambiar su orientación erótica del deseo.

¿Cómo cambiar ese escenario, con qué fortalezas contamos para ello?

La principal fortaleza que existe en nuestro país es la voluntad política. Hoy con mucha claridad podemos distinguir los esfuerzos que está haciendo el Estado, el Gobierno, las organizaciones como la Federación de Mujeres Cubanas, para hacer visible primero, para prevenir y atender después, todas las formas de violencia basada en género.

Eso se manifiesta en el Programa de Adelanto de las Mujeres, en la aprobación de la Estrategia de atención a la prevención y atención de la violencia basada en género y otras formas de violencia.

Igualmente, se expresa en contextos donde nuestro trabajo se socializa, como es la reunión de investigadores organizada desde el Centro Oscar Arnulfo Romero, con la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes) y el Centro Nacional de Educación Sexual, que devela toda la fortaleza que hay en cuanto a resultados científicos de larga data, como los presentados en esa reunión.

En cuanto a la orientación y atención, creo que en el país se dan pasos para la atención en todos los servicios y en los distintos niveles de las instituciones que deben dar una respuesta a la violencia basada en género.

También se avanza en este momento en una protocolización de la atención a estos casos. Es algo que considero será excelente, además de ser un desafío, por todo lo que representa poder colocar en los diferentes servicios de atención protocolos, algoritmos, guías para que quienes los brindan puedan establecer y seguir una ruta de atención que garantice no solo atención de calidad, sino también la inserción social de estas personas que, por razones de violencia, de discriminación, pueden estar aisladas socialmente y no contar con una red de apoyo que les permita transitar desde el lugar de víctimas al lugar de sobrevivientes, con autonomía para la toma de decisiones.

¿Qué más es posible hacer?

Creo que, en el caso de las personas trans y de las mujeres lesbianas, todavía queda por hacer en la formación de los recursos humanos, porque consideramos que la atención que se ofrece a las víctimas tiene que estar centrada en la persona, por lo tanto, tiene que estar basada en derechos humanos.

Aún es necesario fortalecer los currículos, los planes de estudio de los especialistas que deben brindar esa atención. Todavía nos encontramos, por ejemplo en el sector salud, que existen límites, barreras para la atención, que los profesionales no se sienten totalmente preparados para comprender la situación que viven las mujeres lesbianas, las personas trans.

Por lo tanto, fortalecer la formación y capacitación de recursos humanos de los distintos sectores creo que es la vía para garantizar servicios de calidad dirigidos a todas las personas. Pero también a quienes tengan necesidades específicas de atención por su orientación sexual o por su construcción de identidad de género.

Asimismo, en materia de atención, es necesario cuestionar esa mirada que focaliza a las mujeres como víctimas de violencia. Hoy conocemos que las mujeres pueden ser víctimas de violencia de género, pero también sus hijos, hijas y personas a cargo, quienes están en el campo donde suceden estas situaciones y también son víctimas. Cualquier servicio que se brinde en la atención a la violencia de género tiene que tomar en cuenta a esas otras víctimas, que han sido nombradas como víctimas indirectas de la violencia, pero que realmente son víctimas directas, porque tienen impacto en su salud, su vida social, escolar y en todos los aspectos que tienen que ver con sus relaciones sociales.

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