Marilys Suárez Moreno - Revista Mujeres.- La Niñita, como le decían, se llamó Inocencia Valdés Fraga y nació en Güines, el 28 de diciembre de 1868 en el seno de un familia negra y pobre. Su padre era un obrero tabacalero y la madre ama de casa, pero ambos criaron a sus tres hijas en el amor a la patria y el ejemplo de una familia unida, signada por las luchas sociales de su época.


La emigración obligada del padre a los Estados Unidos, perseguido por su contribución a la lucha independentista, separó a la familia por unos años. Lapso en que la madre de Inocencia y sus otras dos hijas tuvo que arreglárselas como pudo para sostenerse ella y a su familia. Casi cinco años después la madre de Inocencia Valdés no pudo seguir soportando los vejámenes de las autoridades coloniales a que era sometida ella y sus hijas y marcho también a Tampa donde radicaba su esposo, a reunirse con éste.

Poco tiempo después, la familia Valdés-Fraga estaban instalados en una pequeña casa de la calle Duval, conocida por el vecindario como “la casa de la bandera”, por ondear siempre allí la enseña de la estrella solitaria.. En ese ambiente de fervor patriótico creció La Niñita, quien a pesar de su corta edad y en compañía de sus hermanas, fue capaz de realizar y cumplir con éxito numerosas tareas y apoyar a sus padres en cuantas responsabilidades se les encomendó.

Inocencia y sus hermanas realizaron misiones de correo y enlace en Tampa y Cayo Hueso, lugares donde se radicaba el grueso de los cubanos emigrados, cuya comunidad había aumentado considerablemente para entonces, lo que le permitió entablar relaciones con los sectores más inconformes de la emigración. Fue así que La Niñita aprendió tempranamente, al igual que sus hermanas, junto con las primeras letras, a amar la independencia de Cuba, como solía decir ella.

La casa familiar era visitada con frecuencia por José Martí, quien en ocasión de sus visitas a esa ciudad floridana, se alojó en una oportunidad en la vivienda de la familia. También lo hizo el Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales, en otra ocasión.

La Niñita perteneció al Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí el 10 de Abril de 1892 y fue, asimismo, una activa colaboradora de la organización Auxiliadoras de la revolución y a la vez fungió como secretaria del Club Mariana Grajales. Era muy activa y trabajadora y se las arreglaba para colaborar en cuanta misión revolucionaria pudiera.

Entre tantos momentos impactantes de su vida, se le confió a ella la dolorosa misión de divulgar entre los clubes y emigrados, la inesperada muerte de Martí en Dos Ríos. Ocasión que aprovechó para recaudar fondos y seguir desde la emigración apoyando la causa emancipadora gestada por el héroe cubano, a la par que aunaba nuevas voluntades entre la masa de emigrados cubanos, conmocionados ante la dolorosa perdida del más universal de los cubanos.

Se había casado muy joven y de esa unión tuvo tres hijos. Al tiempo, su esposo enfermó y ella se vio en la necesidad de sostener el hogar, trabajando como sastre y modista, hasta que finalmente logró ubicarse en una tabaquería como despalilladora, labor a la que dedicó el resto de su vida y donde desplego sus primeras batallas sindicales, primeramente en Cayo Hueso, encabezando las demandas de los trabajadores del sector en favor del aumento de precio al manojo de tabacos.

En 1917 Inocencia Valdés regresó definitivamente a su tierra natal, incorporándose de inmediato al trabajo, ahora como lectora de tabaquería, puesto donde permaneció hasta el año 1932, atendiendo además otras funciones sindicales.

Era una mujer muy combativa y entusiasta, por lo que fue elegida para dirigir el gremio de las Despalilladoras de La Habana, donde llegó a ser financiera de su Sindicato y participó, incluso, en la construcción del emblemático edificio de Los Torcedores sito en la capital cubana.

La Niñita de Güines, como era conocida, organizó numerosas huelgas a favor de aumentos salariales y de los beneficios de la Maternidad para las obreras del sector. Luchó también por la habilitación de comedores obreros y guarderías infantiles para los hijos de las trabajadoras, entre otras justas y necesarias reivindicaciones.

Conoció a Julio Antonio Mella y sostuvo con éste una sincera amistad, fundamentada en las ideas y el alcance de la obra revolucionaria del joven dirigente estudiantil, asesinado en plena juventud en México por órdenes de Machado.

En 1933 la combativa dirigente sindical ingresó en el Sindicato Nacional de Obreros de la Industria Azucarera, afiliado a la Confederación Nacional Obrera de Cuba y en la fundación, en 1936, de la Federación Tabacalera Nacional. Miembro del Partido Socialista Popular, ella fue la máxima cabecilla del gremio de las despalilladoras y trabajó con el líder fundador Lázaro Pena en la constitución de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).

Toda la vida laboral de La Niñita estuvo ligada sector tabacalero y a las luchas sindicales dentro del mismo gremio y apoyó proyectos como la Ley del Retiro de Empleados y Obreros Tabacaleros que auspiciara el recordado dirigente sindical Lázaro Peña. Hasta pocos años antes de su muerte, el 16 de febrero de 1952, a los 82 años, la combativa luchadora trabajó en las oficinas del Retiro Tabacalero.

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