Por Lázaro Fariñas*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad.- Con mucha pena y con muy pocas glorias, acaba de terminar en Tampa, Florida, la fanfarria de los cavernícolas  norteamericanos, eso que se conoce como la Convención Nacional del Partido Republicano de Estados Unidos. Tan a la derecha se ha ido el partido al cual perteneció Abraham Lincoln, que ya habitan en la caverna obscura de la política. Poco a poco, los ultraderechistas del Tea Party han ido secuestrando dicha organización, hasta llegar al extremo de que muy pocos dentro del partido se atreven a denunciarlos por el temor a ser castigados por este grupo de trogloditas radicales.


Las posiciones políticas republicanas se han convertido, cada vez más, en anti inmigrantes, anti negros, anti hispanos, anti femeninas y anti homosexuales. El por ciento de estos grupos que aún apoyan a este partido se ha ido reduciendo, de tal forma, que se calcula que en estas elecciones llegue a un punto record.  La selección de Paul Ryan, como candidato a la vice presidencia, es una concesión del candidato Mitt Romney a los radicales de derecha, los cuales desconfían de las credenciales conservadoras de este. Fue una decisión arriesgada la que hizo el candidato republicano, ya que con ella se puede enajenar a gran parte de la población mayor de sesenta y cinco años, debido a que las propuestas de este caballero sobre el sistema de salud, Medicare, así como sobre el Seguro Social, no son nada agradables para ese importantísimo sector de los votantes norteamericanos. Como se sabe, Ryan, como presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Representantes, ha propuesto en el congreso limitar sustancialmente los beneficios del sistema de salud, así como también reestructurar y recortar el Seguro Social, única entrada económica de millones de ancianos que dependen de él para su subsistencia.

Ryan, en su discurso de aceptación como candidato a la vice presidencia, alteró toda una serie de hechos y tergiversó otros. Entre otras cosas, acusó al presidente Obama de haber prometido salvar una fábrica de la General Motors en Wisconsin cuando estaba aspirando a la presidencia y de haberla cerrado después que llegó a la misma, cosa totalmente incierta, ya que dicha fabrica había sido cerrada durante la administración del republicano George Bush en el 2008, y Obama nunca había prometido salvarla.

El mentir, entre los políticos norteamericanos, es algo tan natural que, si el cuento de Pinocho hubiese sido cierto, la mayor parte de ellos tuvieran una nariz tan grande como la Torre de Pisa. Mienten, aunque la prensa inmediatamente les descubra sus mentiras. Todo lo que les importa es el impacto que crean al decirlas, y es, precisamente en estos festines partidistas que se llevan a cabo cada cuatro años en este país, en donde las mentiras se desbordan como los ríos en la primavera.

Así es que, en esta oportunidad, los cavernícolas salieron de las cavernas para proclamar que ellos tienen las verdaderas respuestas a los grandes problemas por los cuales está atravesando la Nación, tratando de convencer a los votantes de que ellos no son los culpables de haber hundido a este país en guerras innecesarias y en el desastre económico, tratando que los ciudadanos se olviden que fue la administración republicana de George W. Bush la que creó la debacle en sus ocho años en el gobierno.

Entre pitos, globos y matracas, los políticos se dirigen a los allí reunidos para contarles cuentos de hadas y hacerles promesas grandilocuentes sobre un futuro que nunca llega a ser realidad. A no ser a dos o tres discursos de importancia, nadie le hace caso a los que allí hablan por los micrófonos, así es que los delegados se pasan tres o cuatro días de fiesta en fiesta, disfrutando de los buenos vinos y de las muy suculentas comelatas.

Esta vez les tocó a los trogloditas republicanos realizar primero su fiestecita.  Dentro de unos días, serán los demócratas los que llevarán a cabo la suya. Como en el fondo ambos partidos son del pájaro las dos alas, en el nuevo festín se oirán las mismas mentiras que se acaban de oír en este que acaba de ocurrir.  Promesas y más promesas sobre futuros mejores, que al final se disuelven en el espacio infinito.

Al finalizar el festín de los demócratas, y de ahí en adelante, es que de verdad empieza el carnaval. Espero que, para noviembre, los trogloditas regresen a las cavernas y no puedan volver a La Casa Blanca a seguir hundiendo la Nación.

*Lázaro Fariñas periodista cubano residente en los EE.UU.

Fuente: Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad

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