Por: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu / @JimmydeCuba).- No hay país que pueda avanzar si los jóvenes no van a la cabeza, ocupando cargos importantes y preparándose para asumir cada día mayores responsabilidades, pero ¿ocurre así en Cuba? ¿Reciben los jóvenes cubanos oportunidad de participar en la construcción de un país cada día mejor? Si creemos lo que escriben algunos pensaríamos que no. Si nos guiamos por la realidad, la respuesta es un rotundo sí.


Es difícil hacer un análisis a profundidad de este tema al no existir un sitio web donde se pueda consultar la edad de los secretarios del partido y presidentes de los gobiernos municipales pero por suerte un amigo me envió un post que nos puede auxiliar. Aclaro que fue escrito en el 2012, pero desde allá hasta hoy, la edad de los dirigentes ha disminuido, por ejemplo el actual Comité Central está constituido por 142 miembros, con una edad promedio de 54,5 años y los 55 nuevos miembros son menores de 60 años que es la edad máxima para ingresar al mismo.

En el 2012, la edad promedio de los secretarios del PCC en las 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud era de 46 años; entre ellos, 8 secretarios tenían entre 38 y 47 años, el resto entre 48 y 57. De los 15 presidentes de asambleas provinciales del Poder popular, el 80% tenía menos de 50. Los dirigentes del PCC en los 167 municipios de Cuba tenían todos menos de 50 años, salvo uno.

Hay un detalle importante. Si bien a nivel nacional se trazan las políticas del país, es a nivel provincial o municipal donde se gestiona. Lázaro Expósito no trabaja con reglas diferentes a las de otros funcionarios, sin embargo sus resultados son sobresalientes. No es desde La Habana desde se pueden lograr los resultados sino a nivel de base.

Antes de seguir aclaro algo. Alguien puede pensar que una persona de 45 o 50 no es alguien “joven” pero debemos tener en cuenta que ellos no cayeron de “fly” a ocupar esas responsabilidades sino que ocuparon otras desde muchos años antes, es decir que “participaron”, que es lo niegan algunos. El que tiene 50 años hoy, tenía solo 34 en el año 2000. Seguimos.

Dejemos los números a un lado, vayamos a lo que vemos a diario. Cada vez que en la televisión aparece un reportaje sobre un centro de investigación, una empresa o la restauración del Capitolio, nos muestra a jóvenes ocupando responsabilidades. Jóvenes son los líderes científicos, los inversionistas de obras importantes, Etc. Negarlo es vivir de espalda a la realidad o aferrarse ciegamente a una idea.

Mientras unos dicen que llevan años sentados, esperando a que los llamen para aportar al país, otros muchos no esperaron sentados y se incorporan solos. Les pongo un ejemplo cercano. Hoy en la provincia de Matanzas, en sectores estratégicos como el petróleo, el turismo o la industria azucarera podemos encontrar dirigiendo a graduados de nuestra universidad en los últimos 5 ó 6 años.

Sentarse a esperar puede ser una señal de frustración – eso no lo dudo- pero puede ser simple vagancia o no entender realmente qué es “participar”. Es mucho más fácil criticar el funcionamiento de una brigada de la FEU o un Comité Primario de la UJC que involucrarse en el problema y ayudar a buscar la solución. A veces pienso que los sentados piensan que recibir “oportunidades de participar” es que un día los llamen y les ofrezcan un cargo de ministro o algo así.

El que se involucra corre riesgos. El que no, pues critica. Hace un tiempo hablando con un amigo le puse de ejemplo el trabajo que estaba haciendo en la televisión un joven periodista, que aborda temas polémicos en sus trabajos. Mi amigo me dice que amigos suyos que “están en el medio” le dijeron que él podía hacer esas cosas porque “tenía una mano encima” lo que se traduce como que alguien de “arriba” lo apadrina.

Ok. Supongamos que efectivamente ese joven periodista tenga a alguien que lo apoye, pero ¿fue siempre así, o se lo ganó con su trabajo? Mientras él va de frente a los problemas, enjuiciando lo mal hecho y señalando a los culpables, otros piensan hacer buen periodismo es nada más que criticar al sistema y a los principales dirigentes.

Cierto es que Machado o Ramiro Valdés no son jóvenes, pero no están cómodamente sentados en una oficina en La Habana sino constantemente recorriendo el país, detrás de los problemas, o lo que es lo mismo “participando” en el perfeccionamiento de nuestro proyecto social.

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