“Al pueblo no le vamos a decir Cree, le vamos a decir Lee”. Fidel

Wilkie Delgado Correa.- Pensando en la Feria  del Libro 2020, inaugurada en La Habana y que hoy en días se viene desarrollando en todo el país hasta su clausura en Santiago de Cuba, nos llega el artículo de la doctora Graziela Pogolotti, intelectual profunda, titulado Mi aprendizaje de Cuba, publicado en el diario Juventud Rebelde en la edición del domingo 15 marzo de 2020.


La autora rememora su experiencia vinculada al desarrollo de la educación y la cultura durante los primeros años de la Revolución, expresando a modo de conclusión que “Habíamos incorporado, a partir de la experiencia vivida, otro modo de entender el concepto de cultura. La creación artístico-literaria formaba parte de ella. Es, quizás su expresión más elaborada. La cultura hecha de memoria, tradición, vivencias, sueños y prácticas laborales origina conciencia y valores. En ese nicho de la subjetividad se libra la actual batalla de ideas”.

    Incitado por el análisis sugerente de Graziela, me permito recordar mi experiencia desde un punto tan remoto y aislado como la ciudad de Baracoa, la Primada de Cuba, en que como director y locutor del espacio La Hora Rebelde, órgano del Movimiento Revolucionario 26 de Julio transmitido por la emisora Radio Baracoa, analizábamos este problema cultural precisamente en el año 1959. Entre los muchos asuntos abordados en los programas radiales estuvieron presentes la creación de escuelas primarias, escuelas técnicas y de bachillerato, sólo posibles como proyectos en los primeros meses de la Revolución.

    No obstante, se abordó también un comentario particular titulada La jornada del libro y la lectura, que me permito reproducir:

    “Hay que dar la campaña del libro. Sí, hay que darla en Baracoa, hay que darla en toda Cuba. Hay que lanzar una campaña abierta y entusiasta para llevar a los jóvenes al convencimiento de que la lectura de libros importantes es tarea que debemos imponernos todos, pues esta es la única manera de adquirir conocimientos que nos hagan de un bagaje cultural que nos permita desenvolvernos inteligentemente dentro de la sociedad en que vivimos.

   Debe ser preocupación de los maestros señalarles a sus alumnos la importancia que tiene la lectura de libros, de la materia que más gusten, en las horas y días en que las labores de la escuela se lo permitan; ya que esa será la forma más viable de ensanchar sus conocimientos y de ponerse en contacto con las ideas de su tiempo.

   La juventud debe realizar todos los esfuerzos por agenciarse libros, y anhelar buscar en ellos su capacitación para la vida. Los jóvenes han de comprender –sean campesinos, obreros o estudiantes de cualquier estrato de la sociedad- que no sólo de pan vive el hombre. Que los hombres se diferencian de los animales en que piensan y razonan, y que es necesario cultivar la mente para elevarse sobre el plano puramente animal. Que los jóvenes deben tratar de formarse con material sólido para poder ser sostén  firme de la sociedad futura, que será más progresista y perfecta cuanto más perfectos y más preparados sean los hombres que la integran. Y es bueno que se diga que lo ideal es que todo el mundo lea y aprenda, que todo el mundo se acerque a los libros con la convicción de que se acerca a un amigo o a un consejero.

   En Baracoa son pocos los que tienen afición por la lectura. Y ese desapego se traduce en ignorancia supina e incapacidad. Vemos como hombres entusiastas tratan luego de ayudar en la obra que estamos realizando, pero les es casi imposible, porque su incapacidad los balda para la obra constructiva que, a golpes de esfuerzos e inteligencia, la Revolución está realizando.

   Es necesario que habilitemos pronto una Biblioteca Municipal, que sea funcional y a la que llevemos libros para acrecer su cantidad. Es bueno que se construyan puentes y carreteras, pero también es bueno que se abran bibliotecas, que se abran las portadas de los libros, para que los jóvenes se asomen al mundo a través de ellos.

    Por eso nos permitimos dar lectura a un fragmento del libro de Esteban Borrero titulado El amigo del niño, sobre este asunto importante de ¿QUÉ ES LEER?

“   Leer no es meramente pronunciar en voz alta las palabras impresas en los libros.

   Mucho es ya que pueda uno hacer eso, pero no lo es todo. Leer cuando se hace en voz alta, es hablar por otro. Leer, cuando lo hacemos sólo con la vista, es pensar por otro. De todos modos, cuando leemos, interpretamos lo que otro ha pensado y sentido.

   Y como el que escribió lo que leemos, pensó y sintió antes de escribirlo, nosotros debemos pensar y sentir con él, para entender lo escrito, que es el fin supremo de la lectura, y para dar a entender también cuanto el autor escribió; es decir, cuanto el autor pensaba y sentía, si es que leemos para otros. Por eso el arte de la lectura es un arte maravilloso.

   A poco que uno observe, ve que hay personas que piensan mejor y sienten mejor y más bellamente que otras. No todos somos iguales inteligentes y sensibles.

   Y sucede que los que saben mucho, experimentan la necesidad de decir lo que saben, y escriben libros para decirlo allí.

   Y como a todos nos halagan los sentimientos delicados, los sentimientos morales y poéticos, buscamos libros en donde escriben los grandes pensadores, y aprendemos a sentir con ellos, y aumenta así el caudal de los goces del alma, y llega uno a ser mejor.

   La verdad es que los grandes autores de las grandes obras, nos hablan en ellos como si estuvieran vivos. Así es que conocemos a los grandes filósofos, poetas y a los artistas de otras edades, y sabemos lo que sabían, lo que pensaban, y lo que sentían, lo que hacían en su tiempo los otros hombres y los otros pueblos de la tierra. Y es como si viviéramos con ellos.

   Y es como si gozáramos y sufriéramos con ellos: todo por los libros. Entra uno así con los mejores seres del mundo, y se hace amigo de ellos, y los llega a amar, como si los hubiera conocido y tratado, y es como si uno hubiera vivido en aquel tiempo también.

   Un libro, ah, un libro es como una persona: en él se encierra y en él se conserva, el pensamiento mejor del hombre.

   Mira, aquí en Cuba, tu patria, ha habido mucha gente que ha pensado bien y que ha escrito bien en prosa y verso; autores a quienes se leerá siempre con provecho y deleite.

   Coges entre las manos un libro y te aíslas, y lees y empiezas a gozar aprendiendo, es decir, sintiendo y pensando con el autor, acrecentando tu vida mental, mejorando tu inteligencia, educando tu sensibilidad.

   Al terminar la lectura de un libro, nos parece que dejamos con verdadera tristeza la compañía de un amigo fiel y cariñoso, a quien recibimos con verdadero regocijo y placer”.

   Así terminábamos el susodicho comentario radial. Pronto fuimos viendo realizados los sueños de que se pusiera en manos de todo el pueblo, incluidos todos los sectores, una creciente infinidad de libros que irían desarrollando la cultura nacional hasta alcanzar los niveles extraordinarios de la actualidad.

   Con la creación de la Imprenta Nacional de Cuba el 31 de marzo de 1959 se inició la publicación masiva de libros, siendo el primero en 4 tomos, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.  Después del Quijote se publicaron antologías poéticas de Rubén Darío, César Vellejo, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, tres tomos de Antología de la Poesía Cubana, y además novelas como Doña Bárbara de Rómulo Gallegos y Amor de Swan de Marcel Proust.

    Otras ediciones editoriales de la época fueron Las Obras Completas de José Martí, publicada en 1961 por la editorial Tierra Nueva del Patronato del Libro Popular, y los libros premiados en el concurso Casa de las Américas en 1960 y 1961, entre los que descolló la novela Bertillon 166, primera novela de la insurrección cubana, de José Soler Puig y otras obras de poesía, cuento y ensayo de autores latinoamericanos.

    En años sucesivos hasta hoy se fueron desarrollando etapas colosales para poner los libros y su lectura en función del crecimiento humano de todas las generaciones, pues como expresara Fidel “Al pueblo no le vamos a decir Cree, le vamos a decir Lee”.

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