Paco Azanza Telletxiki - Cubainformación - Baraguá.- El poeta peruano César Vallejo dijo en su poema Piedra negra sobre una piedra blanca “me moriré en París con aguacero […] Jueves será, porque hoy, jueves, que proso estos versos…”. Vallejo murió en París el 15 de abril de 1938, pero no fue jueves sino viernes el día de la semana.


Quien murió un jueves, aunque no en un día de aguacero ni en París, sino en La Habana, fue quien se autodenominó como “un poeta sencillamente enamorado de su patria”. Estoy refiriéndome a Cintio Vitier.

Sí, era jueves y día primero de octubre de 2009 cuando recibimos una mala noticia. Acababa de morir, en horas de la tarde, el destacado poeta, crítico, novelista y ensayista Cintio Vitier; una pérdida sentida, sin duda, e irreparable. Hoy, cuando se cumplen veintiún años de su desaparición física y escribo estas palabras, también es jueves.

Nacido en Cayo Hueso —el 25 de septiembre de 1921— Vitier dedicó toda su vida a la cultura cubana, lo que se tradujo al ingente e ininterrumpido trabajo realizado en diferentes ámbitos del diario acontecer cultural de la Isla. Así, llegó a trabajar en la dirección de diferentes revistas, como la Nueva Revista Cubana, de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación; fue profesor de literatura Cubana e Hispanoamericana, y dirigió el Departamento de Estudios Hispánicos; también desempeñó la labor de investigador en el Departamento de Colección Cubana de la Biblioteca Nacional… Cabe destacar que, como buen martiano que era, estudió y promocionó de manera eficiente la obra del Apostol. Precisamente, desde el Centro de Estudios Martianos, comenzó a dirigir la edición crítica de las Obras Completas de Martí.

Las creencias cristianas de Cintio Vitier no le impidieron participar activamente en el proceso revolucionario, todo lo contrario. Recién triunfada la Revolución, redactó el documento de adhesión a ésta de los intelectuales y artistas cubanos. Vitier siempre opinó que la Revolución es el único esfuerzo real que se ha realizado en Cuba por llevar a cabo el mandato de Cristo de hacer justicia con los pobres, rechazando la inhumana explotación a éstos por parte de los ricos. Cintio Vitier fue durante años diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Su obra literaria, amplia e importante, le hizo merecedor, en 1988, del Premio Nacional de Literatura. También ese mismo año y por su enorme contribución a la cultura nacional, fue condecorado con la Orden Félix Varela. Ocho años después, en aquella ocasión por sus méritos patrióticos, el compañero Fidel, en representación del Consejo de Estado, le impuso la Orden José Martí, máxima condecoración en Cuba.

En el fondo de una maleta, en el interior de alguna mochila… o, simplemente, en el bolsillo de un pantalón o de una camisa, los libros de Cintio Vitier, así como los de otros muchos autores, han contribuido a hacerme la vida más hermosa y agradable, viajando conmigo en no pocas ocasiones. Afortunadamente, tuve constancia de la existencia de su quehacer creador hace ya bastantes años, lo que, sin duda, me permitió aprender disfrutando con la lectura de sus escritos.

Por considerarlos títulos importantes dentro de su abundante producción literaria y, quizá también, por haberlos leído en momentos bastante significativos de mi propia existencia, siempre recuerdo con especial relevancia a un puñado de ellos. Citaré solamente a algunos: Su novela “Rajando la leña está”, un homenaje a la música cubana, la leí prácticamente de un tirón, bajo una noche holguinera y mientras cuidaba a un compañero enfermo que, como habían pronosticado los médicos que le atendieron, murió pocos días después; en años del Período Especial, Nupcias, hermoso libro de poemas dedicado a Fina García Marruz —excelente poeta y esposa de Cintio desde 1947—, me acompañó en varios de mis traslados dentro y fuera de la Isla, haciendo más llevaderas las siempre tediosas esperas en terminales de ómnibus y aeropuertos, o en cunetas de carretera en espera de algún carro, camión o guagua que acertaran a pasar; Resistencia y Libertad es un volumen que reúne a nueve textos previamente leídos por su autor en diferentes espacios y circunstancias; especialmente emotiva me resultó la lectura de Che Material, un poema publicado en el número 10 de “Contracorriente” y fechado por Cintio en octubre de 1997, refiriéndose al regreso de los restos mortales del Guerrillero Heroico a Cuba; y finalizo está breve exposición de su obra citando a Ese Sol del Mundo Moral, un libro que se define como un “esbozo para una historia de la eticidad cubana”. Personalmente, pienso que ésta es una obra de Cintio que siempre se debe tener a mano. Leída por mí hace ya bastante tiempo, recurro a ella muy a menudo para recordar o satisfacer ciertas necesidades.

El compañero Roberto Fernández Retamar —fallecido el 20 de julio del pasado año y cuyos poemas y ensayos también me han acompañado en infinidad de ocasiones— dijo que para él Cintio Vitier era el “Presidente de la República de las Letras en Cuba”. Pero, humilde como era, el aludido intelectual prefería autodefinirse como “un poeta sencillamente enamorado de su patria”.

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