Paco Azanza Telletxiki - Cubainformación - Baraguá.- Uno de los argumentos que históricamente han esgrimido los enemigos de Cuba contra su revolución es el de que en la Isla irredenta no existe libertad de expresión, lo que es del todo falso. Y han difundido tanto tan mayúscula mentira en sus poderos medios de comunicación que, lamentablemente, es mucha la gente que se lo cree.


Esto no sería motivo de preocupación si mucha de ésta no perteneciera a la clase obrera de numerosos países del mundo; países donde, por cierto, ya les gustaría disfrutar de la libertad de expresión que existe en Cuba.

Por ejemplo en ese engendro que llamamos España donde, entre las múltiples vulneraciones a la citada libertad (además de a otras), están los casos de los raperos Valtònyc y Pablo Hasel. El primero exiliado en Bélgica por cantar verdades sobre la monarquía, y el segundo a un paso de ingresar en prisión por muy parecidos motivos.

Se podría rebatir de muchas maneras la falsa creencia de que en Cuba no existe libertad de expresión, pero lo haré desde el mundo de las letras, que es el que más conozco, aunque me consta que en otros gremios de la cultura (música, pintura etc.) pasa más o menos lo mismo.

A diferencia de lo que habitualmente sucede en los países capitalistas, en Cuba las numerosas editoriales están dirigidas por lxs propixs escritorxs. Son estxs quienes deciden qué es lo que se publica (los consejos editoriales están formados por ellxs), sin que medie ningún supervisor político en el proceso de aceptación o no de la obra.

Eso a la hora de decidir las publicaciones. En cuanto a los premios literarios se refiere más de lo mismo: son lxs escritorxs quienes forman parte de los jurados. Aquí tampoco existe supervisor político alguno exigiendo que se puede o no premiar.

Sucede que en Cuba, además, la gente que por un motivo u otro no publica de manera física, en papel, o simplemente tarda en hacerlo (por falta de recursos materiales, por ejemplo; recordemos que Cuba es un país bloqueado), lo hace a través de lecturas en las numerosas peñas existentes u otras actividades literarias. Eso también es una manera de publicación. Vamos que, se mire como se mire, la vulneración de la libertad de expresión no se ve por ninguna parte.

Insisto en que he puesto como ejemplo la literatura, y que con otras manifestaciones culturales o artísticas sucede algo igual o muy parecido

Por más que desde las filas reaccionarias se empeñen en hacernos creer lo contrario, la libertad de expresión en Cuba es una realidad, no una quimera.

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