Geraldina Colotti - Resumen Latinoamericano / Cubainformación.-  Balance, análisis y perspectivas. Esta ha sido la agenda de la reunión que sostuvo el presidente Maduro con la dirección del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), integrado por 43 personas, y de la juventud, la JPSUV, que cuenta con 31 dirigentes. Una «gran maquinaria de pueblo chavista», dijo Maduro, recordando la «suprema inteligencia» del Comandante que fundó el PSUV en 2007.


Un partido de cuadros y movimiento, el mayor de América Latina, que cuenta con casi 8 millones de inscritos y inscritas, y que este año (bicentenario de la Batalla de Carabobo), por primera vez, procederá con la campaña de carnetización en línea, debido a la pandemia. Una discontinuidad puramente formal con respecto a campañas anteriores, siempre organizadas como un gran encuentro entre generaciones que tuvo lugar en todas las plazas de Venezuela durante meses enteros. Ahora esto lo impide la pandemia, que impone un distanciamiento social. Un impedimento que sin embargo se convierte en un estímulo para renovarse e innovar el método de trabajo: una consigna para 2021, basada en el Plan Carabobo 200.

No por nada el PSUV es el partido de Chávez, el hombre de las dificultades, como ya lo fue Bolívar, y como tuvo que ser Maduro después de Chávez. El perfil de los dos dirigentes, presentes en la mesa de presidencia con Maduro, el capitán Diosdado Cabello (primer vicepresidente del partido) y Eduardo Piñate, actual ministro de Trabajo, mostró las principales almas que confluyeron en el partido: la de la rebelión cívico- militar del 4 de febrero de 1992, y las que provenien de la lucha de la izquierda radical contra los gobiernos de la IV República.

“Conozco a Piñate desde 1976 -recordó Maduro- Juan Arias me lo presentó en una escalera del colegio José Avalos El Valle. Era el líder político de la zona sur. Yo fui militante de la Liga Socialista. En ese momento, estaba Ruptura, el brazo legal del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), el de Douglas Bravo. El PRV era clandestino, aunque la guerrilla ya había perdido fuerzas para entonces. Los jóvenes repartíamos el periódico: difundes, agita, organiza, todavía recuerdo la consigna. Vendimos el periódico, perseguidos por la Disip, la policía política. Muchos de ustedes, entonces – prosiguió dirigiéndose a los jóvenes – ni siquiera eran un proyecto en gestación … 45 años de lucha política revolucionaria … Nunca, sin embargo, hemos tenido tanta fuerza política, una alianza política como con la revolución bolivariana. Las construimos con nuestras propias manos, entre todos y todas, por la unidad, porque nos mantuvimos unidos, ¿verdad Pedro Carreño? ”.

 Jóvenes y menos jóvenes, escuchan: ex-guerrilleros, insurgentes del 4 de febrero, militantes de la izquierda radical y del Partido Comunista que luego se fusionaron en el PSUV, como Jesús Faría. Desde arriba de la máscarilla, los ojos de la Primera combatiente, Cilia Flores, abogada de Chávez cuando estuvo preso en Yare, diputada recién electa, siguen a Maduro. El presidente reivindica la memoria histórica, ataca a la extrema derecha subordinada a Estados Unidos: inconclusa, ladrona y golpista. Luego, hunde el cuchillo en la polémica con esas franjas «sectarias y divisionistas» que han decidido romper la alianza del Gran Polo Patriótico, y que ahora apuntan instrumentalmente a las políticas del PSUV, concentrado, como en los tiempos de Lenin, a proponer su “Nep” para contrarrestar las» sanciones «imperialistas.

Maduro ha calificado de «izquierda transnochada» el dogmatismo de quienes hacen críticas virulentas a las políticas del PSUV como si fueran el principal objetivo. En las redes sociales, alguien de los golpeados le recordó que el término fue utilizado contra la extrema izquierda en la que el propio presidente militaba en su momento. Y Maduro así replica: “Hemos soportado con la paciencia de los obreros, los ataques que por momentos parecían similares a los de Mike Pompeo o Elliott Abrams. Pero ya basta de divisionismo, los denunciaremos al pueblo por nombre y apellido”.

En el transcurso de las revoluciones del siglo XX, las luchas de líneas y de fracciones han conocido momentos incandescentes, que regresan, incluso en esta coyuntura. Porque el partido es un bien precioso. Porque, ante la fragmentación que impide que las fuerzas populares ganen en los países europeos y en los países neoliberales de América Latina, la unidad que trajo al gobierno al bloque bolivariano y socialista en Venezuela, es un bien precioso.

Porque la mayor victoria conseguida por la burguesía tras la caída de la Unión Soviética fue la de haber borrado de la memoria de los jóvenes la necesidad y la posibilidad de reconocerse en un proyecto común, partiendo de contextos diferentes, pero en una visión universal. La destrucción de la organización de clases fue la principal clave de esta victoria, especialmente en los países capitalistas, pero no solo.

La crisis de los partidos comunistas, que desembocó en revisionismo, marginalismo o en una involución sin retorno que provocó su desaparición o el desembarco en las orillas del bando contrario, acabó arrastrando consigo la idea misma de la necesidad del partido, instrumento de vanguardia, conciencia y organización de las clases populares. Y el regreso a la derecha de algunos países latinoamericanos donde de las alianzas progresistas que hicieron posible ganar las elecciones no surgió un partido socialista, muestra la relevancia de esta gran cuestión.

Tener en cuenta el alcance y las responsabilidades de la derrota de las hipótesis presentes en el siglo pasado, ayuda a comprender cómo el odio empedernido por todas las formas de socialismo, que vuelve en este nuevo siglo, es también un reflejo del miedo que sentía la burguesía en esos años. Hasta el punto que, en nombre de la cuestionable democracia burguesa frente a los «dos totalitarismos», el Parlamento Europeo ha llegado a votar una resolución que equipara fascismo y comunismo: en ello facilitando la inversión de sentido que considera «regímenes» gobiernos como el de Venezuela, fruto real del mandato popular, y «democracias» países realmente canallas, pero bienvenidos al imperialismo.

Y solo habría que reirse, como hizo Maduro recientemente, al decir que el único régimen que lidera en Miraflores es el régimen alimentario para “perder esos cuatro kilos ganados durante las vacaciones navideñas”. Lamentablemente, sin embargo, el enemigo está dispuesto a aprovechar cada pequeña grieta, y la dirección del PSUV es plenamente consciente de ello.

Conciencia de clase, formación, cohesión y organización fueron la base del triunfo electoral en las elecciones legislativas del 6 de diciembre, y de esto habló Maduro, felicitando a las organizaciones políticas de base del partido, las Unidades de Batalla Bolívar Chávez (UBCH). Gracias a su compromiso político sin reservas, 100 de ellas pudieron exhibir índices de votación récord en comunidades de diferentes regiones. Maduro los enumeró a a todos, centrándose en las cuatro regiones principales por número de votos logrados en algunos escaños: Maracaibo (81%), Anzoategui (80,7%), Monaga (79,5%), Portuguesa (78,4%).

¿Por qué y cómo las Ubch lograron tal resultado? Será tarea de Diosdado llevar un informe al presidente, para que se multiplique la experiencia. “Tener una participación del 80% en una elección sometida a todo tipo de presiones como la que hemos realizado – dijo el capitán – es un acto heroico de fuerza política y conciencia política. Ganamos, pero no nos dormimos en los laureles, al contrario estamos procediendo a una revisión global, hasta el más mínimo detalle”.

 El PSUV, pronto hará un balance y un análisis, incluso autocrítico, para afrontar nuevos retos. Este año habrá nuevas elecciones, regionales y comunales, se debe preparar no solo el partido sino el país, dijo Cabello. Y será fundamental fortalecer aún más las organizaciones de base, verdaderos motores de conciencia y organización. La estructura organizativa del partido está a cargo de Julio César León Heredia, quien – instó Maduro – debe interceptar y favorecer, junto a la dirección de la JPSUV, las nuevas tendencias que surgen a medida que la revolución crece, se consolida e, incluso, se transforma.

El presidente dedicó gran parte de su discurso a la juventud, dirigiéndose en varias ocasiones a Rodbexa Poleo, secretaria general de la JPSUV. Debemos involucrar – dijo – a todos los sectores, desde los trabajadores y trabajadoras, hasta los estudiantes, artistas, deportistas. El 70% de la clase trabajadora venezolana, recordó, tiene menos de 40 años.

Hay que lidiar con los medios hegemónicos, en las calles, en las paredes, en las redes sociales: «medios, redes y paredes» fue el afortunado lema creado para la campaña electoral por la Comisión de Comunicación de Propaganda Agitación del Partido, que dirige Tania Díaz, cuyo trabajo fue elogiado por el presidente. De hecho, se tiene que “aprender a hablar con todo un país, aprender a ganar, pero también a convencer, como dijo Chávez”.

Cuatro ejes de intervención fueron ilustrados por el presidente. El primero se refiere a la relación entre el PSUV y el gobierno revolucionario. Aquí se requiere que el partido juegue un papel más activo y proactivo, de evaluación, propuesta y crítica, «tanto privada como pública», dijo Maduro. El PSUV debe desempeñar plenamente su papel de «vanguardia revolucionaria del pueblo y de la clase obrera», de coordinación y dirección de las fuerzas aliadas.

El segundo punto tiene que ver con la relación partido-pueblo. En este sentido, se ha designado una comisión especial para «articular una nueva política de construcción del poder popular y expansión de la fuerza popular en la revolución bolivariana», donde están “todos los compañeros y compañeras  que trabajan en el desarrollo de los movimientos sociales”.

Entre ellos, Héctor Rodríguez, Eduardo Piñate, Gladys Requena, Mervin Maldonado, Aloa Nuñez y Francisco Torrealba para la clase trabajadora. A Torrealba, Maduro pidió entregarle «un mapa político y social de las fuerzas de la revolución en 72 horas». El PSUV es en realidad un poderoso y amplio movimiento alternativo socialista bolivariano, que permite – dijo el presidente – incluso a los menos jóvenes de nacimiento vivir los mismos sueños, con la misma energía y pasión revolucionaria que cuando tenían 15 o 20 años.

 El tercer punto se refiere a la relación partido-parlamento. La información que Maduro recibió del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, indica un comienzo prometedor, con el nombramiento de varias comisiones permanentes y especiales. Además del tema del diálogo nacional, está el de la designación del nuevo CNE que deberá convocar las próximas elecciones.

Desde 2006 – explicó Maduro – la AN no ha podido nombrar al CNE porque se necesitaba una mayoría de 2/3 y la derecha siempre se dedicó al sabotaje. Por tanto, siempre ha correspondido al Tribunal Supremo de Justicia cubrir el vacío legislativo, como sucedió con las elecciones parlamentarias de 2010, las presidenciales de 2012 y 2013 y también las legislativas de 2015, ganadas por la oposición. Pero ahora las condiciones están ahí, en este parlamento el chavismo tiene 256 diputados de un total de 277, ya se activó la comisión especial que recogerá las candidaturas.

El cuarto punto se refiere a la relación entre el partido y las elecciones, y la necesidad de renovar la «maquinaria electoral» del PSUV sobre la base de un nuevo tipo de organización. En ese sentido, será fundamental el rol del Consejo Político Nacional, que reúne a muchos cuadros históricos de la revolución bolivariana y es coordinado por el Comandante Reyes Reyes.

El mandatario ha insistido mucho en la necesidad de consolidar la línea política para unificar a los militantes mediante la formación y el estudio permanente. “Con Eduardo Piñate y su equipo de importantes pensadores, intelectuales, expertos, venezolanos -dijo- hemos elaborado una serie de líneas semanales durante 235 semanas”. Líneas que se reflejan en los Boletines del partido, que el presidente ha invitado a leer y debatir.

“Nunca hay una victoria definitiva – concluyó Maduro – sino luchas constantes y parciales y aprendizaje continuo. Muchos años de militancia y experiencia me dicen que cada día es un nuevo día y que si un partido que dice ser revolucionario realmente quiere serlo, debe renovarse permanentemente, apoyar al pueblo y abrirse a lo nuevo ”.

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