Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint.- Seremos baquianos y cantaremos una Bachiana brasileira del precioso Heitor Villa-Lobos. Nosotros, tú, él, ellos, ¡Y Ellas sobre todos los cantos y los goces! Ellas, las privilegiadas en el orden magistral del universo y las más jodidas en el desorden de la Historia. Ella, que durante milenios me cargó en su vientre, en un santiamén me liberó y mi grito fue como un ‘¿qué hago?’ Y Ella, la misma que durante siglos me dio su savia nutricia junto al pan, los arrullos y los besos para que soñara, me despertó. Seremos baquianos y cantaremos una Bachiana brasileira del precioso Heitor Villa-Lobos. Nosotros, tú, él, ellos, ¡Y Ellas sobre todos los cantos y los goces! Ellas, las privilegiadas en el orden magistral del universo y las más jodidas en el desorden de la Historia. Ella, que durante milenios me cargó en su vientre, en un santiamén me liberó y mi grito fue como un ‘¿qué hago?’ Y Ella, la misma que durante siglos me dio su savia nutricia junto al pan, los arrullos y los besos para que soñara, me despertó.


Había aparecido un Gigante desalmado en el camino y Ella gritó: “¡Y tú, empínate!”. Por Ella aprendí a concebir este instante y ya no quise ser tan pequeño como Pulgarcito. 

Pobre Monstruo, dijo Ella, una mujer tan espabilada y milagrosa que, al verme cantando muy cerca del Gigante que dormía descalzo, temió por mi vida y me metió en una de “las botas de siete leguas” que aquel calzaba y con una fuerza que solo podía ser la suya, me empujó hasta que llegué a un arroyo con el agua más dulce conocida y me dio por seguir cantando. Ella me había liberado otra vez… Pero, ¿dónde estaba? Empecé a llamarla y muy pronto la oí bien cerca de la boca del monstruo: ‘¡Apúrate, carajo, que me mata y luego vas tú!’

Pero yo era tan chiquito que Ella volvió a gritar: ‘No eres el único, collons!’… Vi a los otros y con ellos empecé a crecer y a crecer… En cada segundo un mínimo centímetro, pero en un minuto crecimos un metro. En una hora, un kilómetro, y en un día, siete pueblos enteros de un continente. ¡Y seguimos creciendo!  En el próximo día éramos cincuenta en dos continentes, y en el tercero, cien en tres continentes. ¡Y seguimos creciendo! En el cuarto día, mil en los cuatro continentes, y en el quinto día ya éramos millones en los cinco continentes. Así, en el sexto día dejaron de llamarnos chiquitines y fundamos la buena Casa de los Pueblos Unidos. El monstruo se mareó y Ella, tan libre como nos había parido, cantó la Bachiana número 5 y el mareado, rendido ante tanta belleza, pidió perdón y se nos acercó...

En el séptimo día nos preguntamos si debíamos aceptar al Gigante entre nosotros y sucedió lo inesperado: Nosotros volvimos a ser Pulgarcitos, éramos muy felices y bien felices nos despedimos… Pero antes, Ella, y todas Ellas, nos llamaron a estar siempre alertas, porque buscando otras maravillas, podemos descuidar al monstruo que goza regando sus semillas. Entonces acordamos mantenernos abrazados, “como la plata en las raíces de Los Andes”.

Fue mi día más lindo con Ella, sin el descanso del cuerpo, pero con la gracia del alma yo también le hice sentir su grandeza. Entre los dos cantamos “Grita al cielo y a la tierra toda la Naturaleza!” que nunca debe haber nadie más grande que tú.

 

 

 

 

 

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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