Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint.- A ver, amigos, tengamos cuidado con las presiones al gobierno cubano. No por temor a ‘un oscuro funcionario’ o por posibles ‘descalificaciones’ a nuestra persona, sino porque, quizás, nos las hagamos a nosotros mismos por cierto protagonismo que en su día no aceptamos y ahora lo sufrimos. No diré nunca de no hacerlas, ni tampoco que no es ‘el momento oportuno’ por los innumerables conflictos que tienen todos los gobiernos del mundo con ‘el asuntico’ de la pandemia. Pero estimo que abrir un frente para defender ‘la democracia’ en Cuba puede llevarnos a creer que ella nos espera para enseñarnos unas estrellas que, solo al final, veremos que eran falsas.


 

 

Como todos sabemos, nuestro país pertenece a una región bien específica del mundo donde la santa palabra apenas resiste tres o cuatro fiestas, además de que Cuba padece ese ‘otro asunto’ del bloqueo, o el embargo, como queramos llamarlo, eso les da igual a los banqueros de Suiza y Francia que han tenido que pagar millones de dólares en tribunales norteamericanos por..., ¿regalarle al ‘comunismo’ cubano una donación del húngaro Schwartz György ya clonado en el estadounidense George Soros? No, sino porque una transacción con Cuba se cobra doble. Este es el ‘asuntico’ que nos dice que las ‘democracias’ que sustituyeron a ‘las dictaduras comunistas’ costaron un dineral y que los cubanos reacios a tal cambio lo pagan con la botella de aceite de girasol que se les sanciona.

El beneficio de la actual ‘democracia’ húngara ha sido desobedecer a la Unión Europea de quien, como también sabemos, Hungría es uno de sus miembros más díscolos por su decisión a restringir la independencia de los jueces e inyectarle a su pueblo la vacuna rusa, al igual que lo está haciendo Polonia, otro de los rebeldes a ‘las libertades’ de aceptar ‘la democracia’ que Bruselas le impone contra el sustrato comunista que queda en Rusia. Así, cuando Los Capitales echaron abajo ‘el comunismo magyar’, cambiaron toda la historia del país y renombrando la palabra sagrada de los pueblos, no le fue traumático volver a disfrutar de la ciencia soviética. Este ‘asuntico’ del sustrato ruso, aunque en la isla avance El Capital, nos dice que en Cuba sigue vibrando la Historia de su Revolución y que marca y habrá de seguir marcando la actual y la futura ‘democracia cubana’.

Cuba no ha sido, ni es, ni será nunca una nación de mercenarios, pero de que, como en todo pueblo, los tenemos, no me cabe ninguna duda. Ahí están -entre otros más y muy activos últimamente-, los que cambiamos por compotas y que vinieron por Bahía de Cochinos. En fin, queridos amigos, no confundamos los foros con la santa palabra de la que valiosos cubanos nos hablarán el próximo 27 de marzo con el Día Mundial del Teatro, ni tampoco con las Caravanas contra El Bloqueo que en esa fecha celebraremos en Europa. Además, ese día es sábado y muchos cubanos en la isla festejarán lo mejor posible el comienzo del fin de semana. Mientras menos preocupaciones o más estímulos nos demos todos a la seguridad de que los asuntos económicos de Cuba serán resueltos, todas las fiestas del 27 de marzo tendrán un cariz menos inquietante y más fructífero.

Los afectos de nuestros días y lo que cada cual haga con ellos son muy relevantes si entendemos que ‘la democracia’ es algo más que el sistema de gobierno de un país y que, con esta pandemia que todos sufrimos al ver arrodillarse ante el mejor postor a la hermosa palabra, tal vez los cubanos estamos muy bien preparados para soñarla en su mayor magnitud y en su más estricta realidad festiva. Cuba y su pueblo no solo se la merecen, sino que se la han ganado a pulso con un intenso sacrifico por la vida de todos y de una titánica resistencia para que nadie se la imponga como lo hicieron Los Grandes Capitales en el Este Europeo para que se enterase de una vez y por todas que “la democracia es conforme a los mercados” y no a los pueblos que la luchan dejando en el camino alguno de sus pedazos. He aquí ‘el gran asunto’ de los cubanos: irlos recogiendo para el paisaje de la Patria sin favorecer a ‘la tormenta perfecta’ que busca desaparecerla.

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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