Por Arthur González*/Martianos-Hermes-Cubainformación.- El mundo conoce de la hipocresía y las mentiras de los yanquis en su política exterior, la historia está atestada de ejemplos. Desde el lanzamiento de dos bombas nucleares sobre la población civil de Japón, la guerra contra Vietnam, Laos y Camboya, las falsedades fabricadas contra Irak, Libia y Siria, donde las violaciones a los derechos humanos, los muertos, heridos y desaparecidos, lo demuestran.

 


Estados Unidos se destaca por sus métodos de tortura, al mejor estilo nazis, empleados contra prisioneros en cárceles secretas, sin que sus familiares fueran informados de sus paraderos, ni se le permitiera el acceso a un abogado para su defensa, situación que ha sido reconocida ante la Comisión contra la tortura de la ONU, pero a pesar de eso nunca han sido sancionados, ni condenados.

Sin embargo, se invisten con el traje de “campeones” de los derechos humanos y se adjudican el derecho de sancionar a otros, especialmente a quienes no se pliegan a sus órdenes, como son los casos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán y Siria, contra los que se gastan cientos de millones de dólares en campañas desinformativas, para distorsionar su realidad e incluso fabrican elementos opositores que instruyen para ejecutar actos provocativos.

¿Se puede hablar de respeto a los derechos humanos hacia una nación a la que Estados Unidos aplica una despiadada guerra económica, comercial y financiera, para matar de hambre y enfermedades a su pueblo durante 62 años, similar a un holocausto?

Para seguir con su guerra psicológica, Estados Unidos, único instigador de las manifestaciones observadas en la Isla el 11 de julio 2021, ahora declara con cinismo e hipocresía que Cuba se ha convertido en una prioridad para su política exterior, después que el presidente Joe Biden lleva 6 meses declarando que no lo era y mantiene las 243 sanciones impuestas por Donald Trump, que prometió eliminarlas durante su campaña electoral.

Biden, manipulado abiertamente por congresistas anticubanos que apoyaron a Trump en su contra, evidencia su debilidad como presidente, al dejarse presionar para no reanudar el envío de remesas familiares a la Isla, ni habilitar la sección consular en su embajada en La Habana, situación que agrava aún más el sufrimiento de los cubanos.

Prueba del chantaje que le hacen los senadores y representantes anticubanos que también se opusieron a investigar a Trump, hace unos días organizaron una audiencia del Congreso para abordar las protestas en Cuba y como testigos llevaron a José Miguel Vivanco, director ejecutivo de Human Rights Watch para las Américas, personaje mantenido con dinero aprobado para las acciones subversivas contra la Revolución y a Rosa María Payá, devenida en ahijada del senador Marco Rubio, mujer que se vendió a los yanquis a cambio de un visado de “refugiada política”, para ella, su madre y dos hermanos, y de acusar al gobierno cubano de ser responsable de la muerte de su padre, Oswaldo Payá Sardiñas. 

Evidencia de que sus afirmaciones son falsas y fabricadas por los yanquis, fue la respuesta de los tribunales españoles cuando después de escuchar su acusación, dictaminaron que no procedía, ante la ausencia de pruebas. El único autor del homicidio de Payá Sardiñas, es Ángel Carromero, conductor del auto en que viajaban a exceso de velocidad, repartiendo dinero por la Isla enviado por el Partido Popular Español para actos subversivos.

¿Por qué sólo llevaron a esos testigos y no a otros como los estadounidenses Medea Benjamín, Félix Sharpe-Caballero y Carlos Lazo, quienes trabajan por la eliminación de la guerra económica y financiera impuesta a Cuba, que afecta a once millones de ciudadanos?

La mafia anticubana en el congreso, integrada por Bob Menéndez, Marco Rubio, Ted Cruz, Albio Sires, Mario Díaz-Balart y recientemente por María Elvira Salazar, impide que se escuchen voces a favor de una política de entendimiento con La Habana, al retomar el lenguaje virulento empleado en la década de los años 90, cuando lograron aprobar la ley Torricelli y la execrable Helms-Burton. 

El odio hacia Cuba por mantenerse firme y soberana, marca la actitud de esos políticos que hacen carrera con su lenguaje anticubano, quienes jamás actúan de igual forma contra Colombia, Chile o Brasil, a pesar de la cruenta represión contra sus pueblos, que exigen derechos a la salud, educación, trabajo y alimentación.

La represión en esos países ha dejado decenas de muertos, heridos, mutilados y desaparecidos, pero al ser aliados de los yanquis no se les acusa de nada.

Causó risa escuchar a Rosa María en su inglés masticado y mal pronunciado, cuando leyó el informe confeccionado en la oficina de Marco Rubio, plagado de mentiras para intentar lavarles el cerebro a los congresistas, muchos de ellos conocedores de la realidad cubana por haber visitado la Isla, como la actual Primera Dama, quien constató personalmente las falacias que le habían contado sobre Cuba y su Revolución.

Por eso pretenden mantener la prohibición de los viajes, porque al pisar tierra cubana se percatan de las carencias que deja el bloqueo comercial y financiero, pero también la obra de la Revolución en salud, educación, cultura, ciencias y seguridad ciudadana, algo que no tienen otros países capitalistas de la región, sin padecer una guerra económica.

Rosa María Payá y su padrino el senador Marco Rubio, deberían pedirle al presidente Biden, que aplique la Ley Magnitsky, a Sebastián Piñera, Iván Duque y Jair Bolsonaro, prohibirles la entrada y congelar sus activos en los Estados Unidos, por ser sistemáticos violadores de los derechos humanos.

Recordemos que en Colombia se masacran diariamente a líderes sociales, algo que callan los miembros de esa mafia. En Brasil las manifestaciones populares contra el presidente Bolsonaro son permanentes, por sus actos de corrupción y pésimo manejo de la pandemia del Covid-19, unido a los 19 millones de hambrientos, según las Naciones Unidas.

Basta de manipulaciones contra Cuba, porque no la van a doblegar y seguirá luchando por su independencia, pues como afirmó José Martí:

“El aire de la libertad tiene una enérgica virtud que mata a las serpientes”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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