Se cuenta que el célebre poeta cubano Nicolás Guillén solía decir a los grupos de personas que querían retratarse con él “pongan cara de inteligentes” , y al terminar les espetaba sonriente “regresen a la posición normal”. La foto de grupo de la llamada disidencia cubana podría imitar esa broma pero en algo mucho menos divertido e inocente: Una breve pose para simular algo que nunca ha sido.


El 15 de abril de 2009 Jonathan Farrar, entonces Jefe de la diplomacia estadounidense en Cuba escribía un cable que en 2011 desclasificaría Wikileaks. Allí se descalificaba por corrupta, dividida, y carencia de programa y alcance popular a la contrarrevolución que desde mediados de los años ochenta del siglo XX Washington venía cultivando en la isla, con financiamiento millonario, giras internacionales y resonancia mediática internacional. Estas eran algunas de sus afirmaciones:

  • Muchos grupos de oposición son dominados por individuos con encumbrados egos que no trabajan bien en equipo

  • Vemos poca evidencia de que las organizaciones disidentes principales tengan mucho impacto en los cubanos de a pie

  • Las encuestas informales  que hemos hecho entre solicitantes de visas y refugiados muestran que las personalidades disidentes o sus agendas son prácticamente desconocidas

  • Tengan o no las organizaciones de oposición agendas capaces de atraer la atención de una amplia gama de intereses en la isla, es preciso que empiecen por lograr cierto grado de unidad de objetivos como oposición o al menos que dejen de gastar tanta energía en serrucharse el piso los unos a los otros

  • Pese a sus afirmaciones de que representan a “miles de cubanos”, nosotros vemos muy pocas evidencias de ese apoyo, al menos desde nuestra óptica, limitada, en la Habana

  • Cuando cuestionamos a los líderes disidentes sobre sus programas, no vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día de los principales organizadores y sus seguidores claves

  • Si bien la búsqueda de recursos es su principal preocupación, la segunda más importante parece ser limitar o marginar las actividades de sus antiguos aliados de manera de reservarse el poder y el acceso a los escasos recursos

  • Los de la isla acusan a los exiliados de Miami y Madrid de tratar de organizar sus acciones  desde lejos y de no presentar cabalmente sus criterios ante los artífices de política de Washington

  • Resulta irónico que en muchos casos la “comunidad del exilio” incluye a ex disidentes que hace muy poco abandonaron la isla, de manera que sus estrechas relaciones con los disidentes que permanecen en el país no parecen suficientes para mantenerlos en buenos términos con estos

  • Son muy pocos los disidentes, si es que hay alguno, con una visión política aplicable a un gobierno futuro

  • Pese a que no lo admitirían, los disidentes son poco conocidos en Cuba fuera del círculo de los diplomáticos extranjeros y la prensa

Ante tal panorama, Farrar proponía una “nueva generación de ‘disidentes no tradicionales’” formada por “blogueros, músicos y artisticas plásticos, (que) no pertenecen a organizaciones de disidentes”  que,  según él, adoptaban  «mucho mejor, posiciones rebeldes de gran impacto”. En los años posteriores, y coincidiendo con el progresivo incremento del acceso a internet y sus redes sociales, hacia allí fueron de manera creciente los 40 millones de dólares que como promedio anual ha venido destinando Estados Unidos a la “promoción de la democracia” en Cuba, incluyendo el traslado hacia internet de los fondos de la emisora gubernamental Radio Televisión Martí. 

Obama reunido en La Habana con parte de la «disidencia cubana»

La administración Obama rompió récord de esos financiamientos, y apoyado en ellos y otras fuentes como la Open Society de George Soros, floreció un nutrido y articulado sistema de medios privados que contrató, y formó con cursos, premios y becas, no pocos colaboradores dentro de la isla, entre los que estaban representados los sectores mencionados por Farrar. Con la llegada de Trump, surgió desde Miami una maquinaria más asociada a la agitación política y el terror mediático con base en las redes sociales digitales complementaria al primero. Los blogueros de los que habló Farrar devinieron líderes de “medios independientes”, los músicos en reguetoneros premiados en los Granmy Latinos y a más de un provocador político se le privilegió su “obra” en los circuitos internacionales del arte.

El incremento de sanciones por parte de Trump, sumando 243 nuevas medidas a las ya preexistentes del sexagenario bloqueo, a lo que se unió el impacto de la pandemia del nuevo Coronavirus sobre la economía, y en particular en el turismo, creó la base para que el discurso de descalificación hacia la gestión gubernamental encontrara en los cortes eléctricos, el desabastecimiento, y el pico pandémico de la Covid-19, el asidero que nunca antes tuvo. Así las protestas del 11 y 12 de julio, y no su rápida extinción con participación de revolucionarios organizados, fueron esgrimidas por los sectores asociados a los proyectos comunicacionales y de “promoción de la democracia” financiados desde EE.UU. como prueba de que, al fin, la Revolución cubana tenía las horas contadas.

Ese es el “análisis” que compró en Miami el gobierno de Joe Biden para lanzarse de barriga con la convocatoria a una “marcha pacífica”en noviembre, en la que uno de sus entrenados cursistas apareció como la reencarnación tropical de Vaclav Havel. Con él toda la maquinaria mediática global fabricó un apoyo inexistente en la realidad,, mientras la prensa cubana iba desnudando paso a paso las conexiones del mártir made in Facebook con la embajada estadounidense en La Habana. Llamados a marchar multitudiariamente fueron reduciéndose a “caminar en solitario”, y luego a “aplaudir desde casa”, para terminar con una marcha…. hacia Madrid.

El convocante de la no realizada «marcha pacífica» del pasado noviembre en Cuba, después de volar a Madrid por voluntad propia junto al ultraderechista venezolano Leopoldo López.

Si ese fuera el único daño no sería tan grave, pero es que el despliegue comunicacional, diplomático y político en apoyo al supuesto líder fue de tal magnitud que con su estampida toda la empleomanía, que al costo de más de quinientos millones de dólares en doce años Washington ha sostenido en Cuba, se sintió en la obligación de seguirlo… en el fracaso. Dispersos ahora entre Madrid y Miami los que en 2021 liberarían a La Habana del comunismo se maltratan entre ellos en busca de dinero y protagonismos estériles mientras los líderes de su causa echan a mano a cualquier mentira que dura cada vez menos tiempo.

El sueño de una nueva contrarrevolución intelectual, no dividida, glamorosa y honesta, se esfumó con el intelectual “pacifista”, “de izquierda”, que hoy va de la mano del derechista Partido Popular para acompañar al facistoide y violento venezolano Leopoldo López. La clásica frase de Groucho Marx (Estos son mis principios, si no te gustan, tengo otros), ha encontrado en ellos -con mucho menos talento- la encarnación perfecta. Total, no hacen más que imitar a sus jefes, que cuando les escasea el petróleo dejan colgadas sus antiguas fobias hacia Nicolás Maduro y salen a arreglarse con aquel que antes pintaron como el mismísimo diablo.

(Al Mayadeen)

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