Por Lázaro Fariñas*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- El gobierno de Cuba le ha pedido a los emigrados que opinen sobre la nueva Constitución. Creo que es muy bueno que haya tomado tal medida, por supuesto, mientras eso sólo se quede en buscar opiniones de cubanos bien intencionados que residen en el exterior. Soy un profundo convencido de que los ciudadanos que, por cualquier razón abandonan el país donde nacieron y se radican a vivir en el extranjero, no deben tener ningún derecho de  inmiscuirse en los asuntos internos de su país originario. Creo que cuando uno toma la decisión de abandonar el país, sea por la razón que sea, se está sometiendo a las leyes, reglas y costumbres de su nuevo alojamiento y que por lo tanto, ha dejado de someterse a esas reglas, leyes y costumbres del lugar que dejó.

Por Lázaro Fariñas*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- En  los tiempos en que George W. Bush era el presidente de los Estados Unidos, no pasaba un mes en que no saliera un nuevo libro sobre su presidencia. Recuerdo haber escrito un comentario hace años atrás que fue publicado en mi columna de aquella época en las páginas de Juventud Rebelde y en otros medios digitales sobre el tema y también haber comentado algunos de aquellos libros en que se revelaba una enorme cantidad de intimidades de lo que sucedía en la Casa Blanca.  Bush, que era un inculto pintoresco, era prácticamente manejado por una pandilla de rufianes mentirosos y ambiciosos  que tenían una muy definida agenda neoliberal. Bien se podía afirmar que W. Bush no sabía ni donde estaba parado, pero los que lo rodeaban eran unos pícaros que sí estaban muy conscientes de lo que querían y cómo conseguirlo. Aquellos libros que fueron publicados nos dieron una muy clara idea de lo que internamente estaba sucediendo dentro del gobierno del Presidente Bush, de cómo se inventaron toda una serie de mentiras para crear las condiciones que llevarían a la Segunda Guerra del Golfo, en la cual fue derrocado y luego ejecutado el Presidente iraquí, de cómo se dio luz verde a las torturas de los prisioneros, de cómo se llenaron los bolsillos con las empresas que fueron utilizadas para la supuesta reconstrucción y la seguridad interna de Iraq, etc. Muchos de aquellos libros nos ayudaron a entender mejor las manipulaciones de aquellos hombres que rodearon a Bush y de cómo este se dejo manipular.

Por Lázaro Fariñas*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Tengo en mi poder el documento sobre Proyecto de la nueva Constitución cubana. Leyéndolo, me parece un documento genial que abarca casi todo lo que puede ser importante para el funcionamiento de una sociedad y para la existencia de un estado y la convivencia dentro del mismo.

Por Lázaro Fariñas*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Afirmaba el Ministro de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, que si una mentira se repetía y se repetía, acababa siendo verdad, pero hay un dicho muy popular que dice que primero se descubre un mentiroso que un cojo, y ambos son verdad. No se trata de haber dicho una mentira, ya que creo que todos, en una u otra ocasión, la hemos dicho. Parodiando a Jesús de Nazareno, que tire la primera piedra el que afirma que nunca ha dicho una mentira. El decir, una mentira de vez en cuando no nos hace un mentiroso, pero sí al que dice mentira tras mentira, el enfermo que lo hace constantemente, el mitómano empedernido que no se puede aguantar y miente una y otra vez. El actual Presidente de los Estados Unidos cae en esa categoría, miente y vuelve a mentir sin tan siquiera sonrojarse. Según el periódico Washington Post, desde el primer día que llegó a La Casa Blanca hasta el día 558, Donald Trump ha mentido o ha dado datos falsos 4,229 veces. El rotativo ha estado llevando la cuenta meticulosamente, siguiendo todos los discursos, entrevistas o conferencias de prensa que ha hecho el Presidente durante todo ese tiempo.

Por Lázaro Fariñas*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Bueno, después de la visita que hiciera a Miami, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump --más conocido como el hijo de Putín que vive en La Casa Blanca--, los anti cubanos de la ciudad están que no caben en ellos mismos. Cualquiera diría que han tomado Santiago de Cuba y que avanzan hacia La Habana para tomar el poder en La Plaza de la Revolución. En realidad, todo este show que se ha formado alrededor de la visita y el grotesco discurso pronunciado por Donald, el hijo de Putín, si no fuera que paraliza en cierta medida los avances de la política de acercamiento entre las dos naciones, si no fuera por eso, es para morirse de risa. La euforia de la morralla miamense no tiene ningún basamento. Trump vino a Miami y creó una cortina de humo, detrás de la cual creó mucho ruido, pero con pocas nueces.

Por Lázaro Fariñas*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Bueno, ya han pasado varios días de que el Presidente Barack Obama eliminara de un plumazo el decreto  que permitía a los cubanos entrar en los Estados Unidos como Pedro por su casa. Con la firma de la derogación de Pies secos, pies mojados, los cubanos que pensaban llegar a lo que ellos llamaban "el sueño americano", se han tenido que conformar con una pesadilla centroamericana. Es por esas tierras que centenares de cubanos se han quedado varados, sin saber qué hacer, sin saber a dónde ir y sin saber qué les depara el destino.

Por Lázaro Fariñas*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Desde su independencia de Inglaterra en el siglo XVIII, los Estados Unidos le han metido un cuento al resto del mundo que algunos se lo han creído y otros no. El cuento estadounidense es que en este país impera la democracia y que el presidente de la nación es elegido por la mayoría de los ciudadanos.  Ese cuento es sencillamente una gran mentira, como también lo es que los derechos humanos de todos los que aquí residen están garantizados y que en los Estados Unidos se respetan todos los derechos humanos descritos en la Carta Universal de los Derechos Humanos de la Naciones Unidas. Esas dos mentiras han sido repetidas tantas veces que hasta muchos críticos de este país las aceptan como verdades axiomáticas.