Foto: Armando Contreras Tamayo/ Archivo Autor: Armando Contreras Tamayo/AIN. Video: Canal Caribe / TV Cubana.


Jóvenes recuerdan desembarco del Granma

La evocación del hecho está dedicada a Fidel y los otros 81 expedicionarios de la emblemática embarcación y especialmente al 10mo. Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria

Juventud Rebelde

BAYAMO, Granma.— Seguramente mientras esta edición comienza a circular hoy 2 de diciembre, ya 82 jóvenes de la provincia habrán rememorado simbólicamente el desembarco del yate Granma por Los Cayuelos, a unos dos kilómetros de la playa Las Coloradas, en el municipio de Niquero.

La evocación del hecho está dedicada a Fidel y los otros 81 expedicionarios de la emblemática embarcación y especialmente al 10mo. Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que tendrá lugar en diciembre en la capital cubana. Ronisel Alejandro Garcés Martínez, jefe del departamento Ideológico de la UJC en Granma, explicó que entre los 82 seleccionados para la recordación histórica se encuentran 20 estudiantes destacados de la FEU y trabajadores sobresalientes en distintos frentes económicos o sociales.

El dirigente agregó que la simbólica expedición también rinde tributo a Julio Antonio Mella, quien el 20 de diciembre de 1922 fundó la FEU, por lo tanto será un desembarco en el año del centenario de la emblemática organización. Asimismo, añadió que los nuevos expedicionarios recorrieron antes del 2 de diciembre lugares de interés, como Cabo Cruz y el sendero natural arqueológico El Guafe, ambos en el municipio de Niquero.

Durante la jornada de este viernes se realizará, en el monumento Portada de la Libertad, el tradicional acto político-cultural por la efeméride, que nuevamente recuerda la extenuante travesía desde Tuxpan (México) hasta Los Cayuelos. En la ceremonia, jóvenes destacados de Granma recibirán el carné que los acredita como militantes de la UJC.

 

En busca de un sueño: la gesta del Granma

Fabio Fernández

Cubadebate

A su salida del Presidio Modelo en 1955, Fidel no encontró condiciones en el país para el despliegue de la lucha cívica. La dictadura imperante cerraba las puertas para el ejercicio de la oposición dentro del marco legal existente. Ante tales circunstancias, el líder del Movimiento Revolucionario 26 de Julio decidió partir hacia el exilio en México.

A la nación azteca llegó Fidel con el propósito de organizar un grupo expedicionario que desencadenara la lucha insurreccional en la Isla. En diálogo con las tradiciones legadas por la gesta mambisa y los turbulentos escenarios de la década crítica, apostó por la insurgencia de perfil guerrillero como objetivo a alcanzar.

Para lograr tal fin, las fuerzas del MR-26-7 nucleadas en México se consagraron a la recaudación de fondos para la compra de armas y avituallamientos, a la preparación militar de los combatientes que participarían en la empresa y a la búsqueda de la embarcación que debía garantizar el retorno a Cuba.

Los meses de exilio implicaron para Fidel y sus compañeros una etapa de combate político, pues tuvieron que enfrentar los intentos que se vertebraron en pos de desacreditarlos. Dentro de este período resultó especialmente riesgoso el episodio que llevó a un grupo de los futuros expedicionarios a prisión por el supuesto delito de contrabando.

A la necesidad de esclarecer la situación con las autoridades mexicanas se sumó el peligro de deportación que nacía de las presiones ejercidas por el gobierno de Batista. La acusación de comunistas funcionó como uno de los soportes que dio vida a la campaña que en tal sentido impulsó el tirano.

Dentro de la actividad desplegada en México por el MR-26-7 sobresalieron los contactos sostenidos con otras agrupaciones de la oposición antibatistiana. En dicha línea, destacaron los encuentros de Fidel con Flavio Bravo y Osvaldo Sánchez, ambos representantes del Partido Socialista Popular, y sobre todo la reunión celebrada –en agosto de 1956– con José Antonio Echeverría, máximo dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria y del Directorio Revolucionario. De esta última emergió la llamada Carta de México, documento de vocación unitaria que expresaba la intención de las dos principales organizaciones de proyección insurgente de converger en los esfuerzos contra la dictadura.

La preparación del operativo que condujo al desembarco del núcleo guerrillero se desarrolló en dos frentes. En Cuba combatientes de la clandestinidad encabezados por Frank País crearon las condiciones para el arribo de los expedicionarios y su internamiento en la Sierra Maestra. A su vez, Fidel –auxiliado por el mexicano Antonio del Conte Pontones, el “Cuate”, – aceleró las gestiones para la compra de la embarcación imprescindible para la materializar el proyecto en desarrollo.

Las dificultades enfrentadas en el proceso condicionaron la aceptación de la oferta de apoyo realizada por el expresidente Carlos Prío. Esta ayuda, materializada tras el encuentro de Fidel con el político auténtico en Estados Unidos, posibilitó en definitiva la adquisición del yate Granma.

El 25 de noviembre salió el grupo expedicionario rumbo a Cuba. Ochenta y dos hombres se abarrotaban en una embarcación de recreo concebida para muchos menos tripulantes. Las condiciones de la travesía fueron especialmente adversas y hubo que enfrentar tanto los malestares inherentes a los marinos inexpertos como la caída al agua de un combatiente, el cual resultó rescatado como muestra de la decisión de no abandonar a su suerte a ningún compañero.

El día 30 de noviembre los expedicionarios conocieron del alzamiento en Santiago de Cuba encabezado por Frank País, acción con la que debía articularse el desembarco aún no consumado. Finalmente, la llegada a la Isla se produjo el 2 de diciembre por Los Cayuelos, punto que distaba del lugar definido para el arribo. El traslado a tierra firme fue muy difícil por las complejas condiciones del terreno, realidad esta que deterioró aún más el estado de los expedicionarios. La marcha durante las primeras jornadas en Cuba resultó lenta y trabajosa a partir de la ausencia de vituallas, el asedio de la aviación de la tiranía y el cierre del cerco tendido por el Ejército.

El desastre sobrevino el día 5, cuando los expedicionarios sostuvieron su primer enfrentamiento con las tropas batistianas en Alegría de Pío. Este combate constituyó una costosa derrota que dispersó al grupo guerrillero y trajo consigo la captura y el asesinato de varios combatientes. 

En pequeñas partidas, algunos de los que habían escapado de la cacería batistiana se encaminaron –como estaba planificado– hacia la Sierra Maestra, al tiempo que buscaban hacer contacto con otros combatientes. En este trance fueron auxiliados por campesinos como Guillermo García, “Mongo” García y Crecencio Pérez.

Este proceso vivió un hito el día 18 de diciembre, cuando el grupo encabezado por Fidel se reunió con la escuadra que comandaba Raúl. Unas jornadas más tarde se incorporó a la incipiente tropa Juan Almeida, al frente de otro pequeño grupo.

La rearticulación de la bisoña tropa rebelde, progresivamente fortalecida con la incorporación de campesinos, devino punto de partida para el despliegue de las primeras operaciones ofensivas, las cuales tuvieron lugar en enero de 1957. El camino hacia la conformación del Ejército Rebelde empezaba a modelarse.

La gesta del Granma destaca por derecho propio dentro de la epopeya libertaria de nuestro pueblo. Frente a gigantescos obstáculos, un grupo de hombres se erigió como paladín de la apuesta por una Cuba mejor. Arriesgaron y dieron su vida por un sueño, por un ideal. Estuvieron a la altura de la encrucijada por ellos mismos definida: libres o mártires. Cumplieron, sin duda alguna, con la palabra empeñada.

 

La epopeya del Granma, o el baluarte de la defensa nacional

En esa obra inmensa de las FAR está implícita la herencia altruista y emancipadora que desembarcó con los expedicionarios del yate Granma, hace hoy 66 años

Mailenys Oliva Ferrales

Granma

Hay tanto de simbólico en aquel amanecer memorable en el que un desembarco azaroso se convirtió en una epopeya de arrojo juvenil, que la historia nos convoca, cada año, a rememorar la fecha del 2 de diciembre de 1956 como uno de los referentes ineludibles en los que se sustenta la épica resistencia del pueblo cubano.

Cómo no estremecerse entonces al repasar el tortuoso camino –entre mangles, ciénaga y tramos espesos de raíces y troncos partidos– que tuvieron que recorrer durante dos horas los 82 expedicionarios del yate Granma, antes de pisar tierra firme con llagas en los pies, heridas en el cuerpo y la amenaza de la aviación enemiga sobre sus cabezas. 

Cómo no asombrarse ante la voluntad descomunal de aquellos bisoños revolucionarios que, liderados por Fidel, venían decididos a «ser libres o mártires», porque la Patria ultrajada aguardaba, anhelante, otro grito de guerra que volviera a prender la llama libertaria de Céspedes, Maceo, Gómez, Martí y Mella.

Cómo no reverenciar a los héroes de aquella gesta, quienes solo tres días después del desembarco tuvieron su bautismo de fuego en Alegría de Pío, con un saldo doloroso de tres combatientes caídos, la fractura de la columna, y la dispersión de los revolucionarios, algunos de los cuales fueron víctimas de la cacería humana desatada por el ejército batistiano.

Pero ese revés no quebraría el espíritu de lucha de aquel grupo de incipientes rebeldes, en cuya palabra empeñada estaba la promesa de un futuro posible de independencia y soberanía para Cuba.

Cinco Palmas lo reafirmaría luego en aquel reencuentro entrañable entre Fidel y Raúl, marcado por la convicción plena en la victoria, aunque en ese momento solo contaran con ocho hombres y siete fusiles. El líder lo vaticinaría eufórico: ¡Ahora sí ganamos la guerra!

Así se comenzó a pintar de verde olivo la esperanza del país. Así nació el Ejército Rebelde que, dos años después, derrocaría a la tiranía e iniciaría cambios sociales en los que la defensa nacional tendría una sola doctrina: la guerra de todo el pueblo, con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la primera trinchera.

Desde entonces, ese ejército nacido del propio pueblo ha sido un baluarte indispensable para la nación, no solo en la preparación combativa del país y en el desarrollo de misiones internacionalistas exitosas, sino también en el empuje de cada paso de la Revolución en que se han requerido sus aportes.

Ahí están los hombres y las mujeres uniformados que se sumaron a la batalla contra la COVID-19; los que no dudaron en producir y trasladar oxígeno medicinal cuando más el país lo necesitó; los que pusieron el pecho para ayudar a enfrentar el incendio en la base de supertanqueros de Matanzas; o los que hace poco fueron a levantar una provincia azotada por la fuerza de un huracán como Ian.

En esa obra inmensa de las FAR está implícita la herencia altruista y emancipadora que desembarcó con los expedicionarios del yate Granma, hace hoy 66 años.

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