“Las revoluciones no se hacen con los que no lo son.” José Martí (“La delegación del Partido y el alzamiento”. Patria. Edición 87. Nueva York, noviembre 21 de 1893. OC. 2:436).

Por: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu / @JimmydeCuba).- Primero Argentina, luego Venezuela, y ahora Brasil. Ecuador y Bolivia están en la cola. La derecha avanza inexorablemente por América Latina, recuperando espacios que muchos pensábamos que la izquierda no perdería, o al menos no en tan poco tiempo. No viene sola, en su apoyo tiene un amplio conglomerado de medios de comunicación que son más efectivos que un ejército. Pueblos con mala memoria – ¿desagradecidos?- y una intensa campaña mediática y ahí están los resultados.


El mayor error de la izquierda es no haber podido capitalizar los evidentes logros sociales en la creación de una conciencia popular. No haberle señalado al pueblo quiénes eran los verdaderos enemigos del proceso que llevaban a cabo. Al final las condiciones económicas –incrementadas por acciones de la derecha- y un falso discurso llevaron a que el pueblo votara por los mismos que durante décadas los explotaron.

La derecha se ha apropiado del discurso de la izquierda en las campañas electorales. La palabra Cambio pasa de candidato en candidato y luego las promesa se pierden en el aire ¿no prometió Macri que no habrían despidos en Argentina? Por cierto hago un aparte sobre eso. Cuando en Cuba se comenzó el proceso de disponibilidad laboral, los detractores de la revolución cubana decían que era una evidencia del fracaso del modelo cubano. En Argentina los despidos ascienden a más de 120 000 y sin embargo el gobierno recibe felicitaciones por el “buen manejo de la crisis económica”.

La diferencia es que en Cuba nadie queda abandonado.

Con un partido nos basta, lo ratificó Raúl hace unos días y lo que sucede en América Latina lo demuestra. Imaginemos cómo sería el futuro en una “Cuba Libre”.

Si en la actualidad el gobierno de los Estados Unidos destina cerca de 20 millones de dólares –públicamente- para crear una oposición ficticia en Cuba, imaginen a cuánto ascendería el presupuesto para financiar partidos políticos y medios de prensa “libres”. El costo sería muy alto como para “experimentar”.

El proyecto nuestro debe ser más democrático e inclusivo, pero no con las reglas que nos quieren imponer sino con las nuestras, con las que respondan a los intereses de la mayoría. Las revoluciones no se hacen con los que no lo son. Miren lo que sucedió en Brasil con el cambio de bando de los que hasta hace poco eran aliados del gobierno.

Que nos critiquen desde fuera, no importa, siempre lo harán. Mientras tanto el pueblo espera los resultados de un congreso del partido que promete darle un impulso a nuestro país.

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