Raúl Antonio Capote - Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.


Basta en estos días, dar una breve mirada a los medios o navegar en las redes sociales, para descubrir una tormenta tal de manipulación y mentiras, que el peligro de sumergirnos y ser tragados por el pantano se vuelve real.

La repugnancia es verdadera, física y debemos agradecer sentirla, pues de lo contrario nos ubicaríamos de inmediato en el lodazal.

Esas aguas no son un espejo, aunque de tanto mirarnos en ellas puedan parecer tal, verlas así es el primer síntoma de aceptación, el primer paso a la nada, en ese fangal sin fin se atrofia de tal manera el sentido de la realidad que terminamos aplaudiendo a los verdugos, riendo las gracias al mayor de los cretinos y rezando al Moloch de la guerra.

En el pantano, que llamamos ecosistema digital, hábitat en el que se salvan unas pocas isletas, como en el Infierno de Dante, hay círculos donde conviven los iguales, pero hay laberintos donde se pierden los buenos. Entre nosotros y la gente, nuestra gente, se extiende la marisma.

En cuáles de sus círculos colocaríamos a los que piden convertir a La Habana en Gaza, aplaudiendo el crimen sionista y deseando la muerte a sus familiares, amigos, antiguos compañeros de juegos o de colegio, a la novia o el novio que quedó en la tierra que les vio nacer. Festejar el exterminio, es tan torcido que no encontraríamos donde ubicar a tales personas, no hay círculo del Infierno, ni canal de lodazal que de cobijo a tales seres.

Aunque, La Habana, en eso pueden tener razón, se convertiría en Gaza, en toda una Palestina insurreccionada, resistiría con la misma dignidad, valor y eficacia con que lo hacen ellos.

Fue tanto lo que hizo la Revolución cubana, lo que hace la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, que no hay lodo que la manche, ni odio que la derribe, ni cobarde que la venda. Los buenos la cuidan.

Duele el coro de las bestias que pide hundir a pura metralla, barrio tras barrio a La Habana, que reclama balas para los cubanos, bombas para asesinar niños y niñas, el coro que exhibe banderas sionistas con estúpido e ignorante orgullo.

Decía mi abuela que, en invierno, cuando el frío de la madrugada silencia hasta el canto de los insectos, los sentimientos buscan cobija en el lado izquierdo, cerca del corazón y de ahí nacen los mejores sueños.

Esta madrugada, se confundieron las banderas, las sonrisas, la sangre, bajo las balas que nacen en cada encrucijada, nada bueno espera a quien nos desean la suerte de Palestina, pues la suerte de ellos es la nuestra, nuestro es su dolor, su valor, ese amor que no lleva bandera blanca, también es nuestro, a pesar de todos los pantanos, incluso, los del alma.

 

(*) Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.

 

La Columna es un espacio libre de opinión personal de autoras y autores amigos de Cuba, que no representa necesariamente la línea editorial de Cubainformación.

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