Vladia Rubio - CubaSí.- Los cubanos tenemos por estos días un muy buen ejemplo de cómo se pueden evitar fake news.


Ni una sola mentira, bola, rumor, chisme, o como quiera llamársele a las noticias falsas, ha tenido espacio en estas semanas con respecto a la situación energética del país, aunque anda bien complicada.

Ocurre que desde que empezaron a presentarse las dificultades, casi siempre con antelación y de manera clara, con detallados argumentos, la población ha contado con las necesarias informaciones.

Lo mismo espacios informativos de la televisión y la radio, que la prensa escrita, la digital, y también las redes sociales, han servido para multiplicar oportunamente esas explicaciones y datos. Se sobrelleva mejor lo desagradable cuando se conocen sus motivos y los esfuerzos por revertirlo.

Si como ha estado haciendo en el orden informativo el Ministerio de Energía y Minas, la Unión Eléctrica y otras estructuras afines, lo hubieran hecho en su momento otras entidades, se hubiera podido atajar más de un falso rumor, cuyo único fin es echar más leña al fuego de las dificultades, sobre todo cuando se trata de alimentación y transporte.

Pero, como bola de nieve, se ha dejado crecer más de una mentira, o especulaciones en torno a una verdad, por no haber aportado a tiempo informaciones y razones que, además de satisfacer al pueblo, el principal motivo, también tributen a la credibilidad y confiabilidad de fuentes que sistemáticamente se pretende desvirtuar. 

Porque la inocencia y la ingenuidad se quedaron en otra película, en esta es sabido que, como recientemente recordaba la doctora Hilda Saladrigas, decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, «toda comunicación pública, tanto en espacios físicos, como mediáticos, incluyendo los digitales, tiene un sentido otorgado de antemano por sus productores, es decir, quienes elaboran los contenidos, los productos comunicativos».

Como cada vez hay más despliegue de ciencia y de recursos en el combate mediático que se libra contra este país, hay también que permanecer en un constante aprendizaje.

No por gusto la doctora Saladrigas asegura que «hay incultura en torno al modo de funcionar de estas “redes sociales”, su uso y lo que realmente representan, en positivo y negativo. Y me refiero al conocimiento de que las redes sociales se constituyen en plataformas, y como los medios tradicionales, manejan la información con tintes falsos (las denominadas fake news), verdaderos o en términos medios (el peor de todos por la confusión que genera intencionalmente), donde la construcción de la realidad se hace con mucha facilidad y el “sistema relacional” es un manejo algorítmico muy bien calculado mediante la inteligencia artificial».

En este permanente aprendizaje, los internautas cubanos deberían ejercitarse en conocer cuáles emisores de mensajes en las redes sociales y otras plataformas digitales son realmente confiables para no «irse con la de trapo». Porque una noticia falsa es mucho más que solo una noticia equivocada por error de alguien; es, sobre todo, una mentira ideada con alevosía y premeditación para incidir política y económicamente en contra de algo o alguien.

Y en este punto vale detenerse a meditar en lo que recordaba tan solo el año pasado el conocido estudioso de la comunicación Manuel Castell, reproducido por Cubaperiodistas.cu:  

«Se responsabiliza a las redes sociales de la desinformación. Pero la teoría de la comunicación estableció hace tiempo que el mensaje emitido solo se recibe e influencia si hay una predisposición favorable al contenido del mensaje, en función de nuestros intereses, valores, preferencias políticas, entorno cultural y psicología personal. Aceptamos lo que nos conviene y rechazamos lo que nos molesta».

Claro que están los malintencionados y los que se dan por satisfechos con que otros inventen lo que ellos no pueden o saben, pero también aquellos que, ávidos de saber, lógicamente expectantes y ansiosos, dan por cierto lo primero que leen o escuchan sobre el tema que les preocupa y luego lo multiplican, supuestamente haciéndoles un favor a sus conocidos y parientes.

Son esos quienes debieran entrenarse en detectar y evitar engaños, porque en las redes se le da su espaldarazo a la mentira. Estudios aseguran que, al menos, el 10% de los perfiles y cuentas en Internet son falsos, aunque es imposible saber el número exacto.

Y un perfil falso es el caldo de cultivo por excelencia para difundir mentiras, porque se trata de una cuenta abierta en cualquier espacio digital que permite el acceso a usuarios registrados, gestionada por personas, máquinas, o ambas, con el fin de engañar, conseguir información o dinero.

Dentro de los perfiles falsos está el más común, creado por personas para esconder su identidad, y entre los que abundan los llamados «trols», aquellos que «dan chucho» y atizan los debates; también las cuentas automatizadas y las cuentas fantasmas.

Facebook es la red con más perfiles fantasmas y en total, acumula más de 270 millones de cuentas falsas, lo cual representaba en 2018 un 13% del total de cuentas. Twitter acumula cerca de 48 millones de perfiles falsos (15% de la totalidad), en tanto en Instagram las cuentas falsas suman cerca de un 8% del total.

Las llamadas cuentas parodia son también una modalidad de la mentira, aunque hay quienes las asocian solo a la intención de la broma o la burla. Como su nombre indica, son un intento de réplica del original y basta con que quien las crea cumpla con ciertas normas para evitar ser suspendido y así, sin ningún obstáculo, desplegar su misión de también desinformar, desacreditar…

Por eso, lo mejor es acudir a fuentes seguras que, usualmente, coinciden con sitios institucionales y puede identificárseles por los dominios  .cu  o por .gob.cu.

Sobre todo en Facebook, red muy empleada por los cubanos, se hace difícil separar el agua del vino, de ahí que puede ser útil, antes de darle crédito a una «noticia», revisar el perfil de quien lo dice, darle una lectura a sus mensajes anteriores, así como tratar de saber quién es y dónde radica.

Porque es difícil contar con datos realmente inéditos, verídicos y de último minuto sobre Cuba si vives en otro país; por eso, mejor tratar de contrastar siempre las fuentes, de informarse por periodistas o influencers del patio acompañados por una ética que les haya ganado el respeto, así como por otras voces autorizadas y que, generalmente, provienen de ministerios y otras entidades gubernamentales o institucionales. 

Siempre habrá noticias falsas echadas a rodar contra y sobre Cuba; elaboradas desde adentro y fuera del país, todas con un mismo fin. Y habrá que seguir aprendiendo para contraatacar de manera eficaz, no sobresaturando, no en ráfagas que apuntan fuera de la diana. Pero también se debiera ir por delante, no a la riposta, desmintiendo, sino informar de modo rápido y certero, como por estos días han hecho la Unión Eléctrica y el Ministerio de Energía y Minas, de modo que la población conozca, se empodere con la verdad, a la vez que se les cierra en la cara la puerta a ciertas fake news, a las que sí podemos quitarles la luz y dejar en permanente apagón.

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