Fidel Castro preside el acto por el XV aniversario de la firma de la primera ley de reforma agraria, La Plata, Sierra Maestra, 17 de mayo de 1974. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.


Antonio Núñez Jimenez

Cubadebate

Pilar fundamental de la Revolución Cubana es la Reforma Agraria. Siguiendo su costumbre de convencer primero y ejecutar después los grandes proyectos revolucionarios, en este caso la Reforma Agraria, Fidel no orienta aprobar la ley tan pronto como se tome el poder revolucionario, sino que prefiere desarrollar antes una exhaustiva campaña durante cuatro meses y medio y poner así en tensión todas las fuerzas del pueblo para actuar sólo después que todos estén convencidos de su necesidad histórica.

Con ese fin se divulgan estadísticas demostrativas de que el uno y medio por ciento de los propietarios de las fincas de Cuba controla la mitad de casi todas las tierras del país; la existencia de latifundios de hasta 18 000 caballerías (214 510 hectáreas); cómo la mayor parte de los campesinos se ven obligados a pagar en dinero a los terratenientes por el uso de la tierra, en condición de arrendatarios, y otros, como aparceros, pagan la tercera parte o hasta la mitad de su cosecha para que los latifundistas les permitan sembrar. Se insiste en los ciento setenta mil desempleados del total de seis millones de habitantes que tiene el país y en los otros centenares de miles de desempleados que provoca el llamado tiempo muerto, que eleva la cifra de brazos parados a seiscientos cuarenta y siete mil, a los que es necesario agregar los cuarenta mil jóvenes que anualmente pasan a ser productores en potencia. Las zafras realizadas por el capitalismo en Cuba sólo abarcan entre los setenta y seis y los ciento treinta y un días al año. Esto da como resultado que el promedio del empleo de los trabajadores agrícolas temporales en años anteriores sea de sólo cuatro meses.

El censo de 1953 había demostrado que, de cada cien cubanos, sesenta y dos eran económicamente inactivos.

El salario promedio de los trabajadores agrícolas es de menos de cincuenta centavos diarios, para mantener una familia cuyo promedio es de más de cinco miembros.

Las empresas azucareras poseen unas 200 000 caballerías (2 684 000 hectáreas) de las cuales sólo cultivan como máximo 90 000 y quedan sin cultivar más de 100 000 caballerías de las mejores tierras de Cuba.

Estas compañías azucareras norteamericanas, Atlántica del Golfo, American Sugar Refining Co., Vertientes y Camagüey Francisco Sugar Co. y Cuban American Sugar Co., poseen 40 825 caballerías (547 871 hectáreas) en la provincia de Camagüey, lo que equivale a decir el 20,9 % de aquella provincia.

En la campaña por la Reforma Agraria, Fidel y sus compañeros enarbolan pavorosas cifras de la precaria salud de los campesinos. Se reitera la falta de comunicación en el campo, de electricidad y de las más elementales normas sanitarias. Se denuncia y se hace conciencia acerca de esos males por la radio, la televisión, los periódicos y revistas, y en el seno de todas las instituciones del país.

Algunos compañeros revolucionarios no comprenden bien que antes de aprobar la ley haya que convencer a todos de la necesidad de su aplicación, y quieren adelantarse a las prédicas de Fidel e incluso llegan a ocupar algunas tierras, lo cual puede frustrar la realización ordenada de nuestra Reforma Agraria. A Fidel no le agrada la labor de frenar el entusiasmo de aquellos compañeros —a quienes se sumaron los oportunistas de siempre—, pero hay que detener la ocupación anárquica de las tierras.

En su citado discurso de Mantua, Fidel les pide a los campesinos que tengan confianza en la Revolución y no invadan las tierras, porque, si lo hacen, van a desorganizarlo todo. Expresa:

Pero hoy voy a aclarar aquí que estoy decididamente con los campesinos y contra el latifundio; el latifundio se acaba. He dicho que no se repartan las tierras desordenadamente, que deben esperar las leyes y que tienen que esperar por el Gobierno, pero eso no quiere decir que se vayan a respetar los latifundios, así que ningún latifundista se llene de ilusiones porque el latifundio ya no tiene la menor esperanza de salvación en nuestra Patria. Lo que se ha dicho a los campesinos es que con desorden no se puede repartir la tierra, porque eso es contrarrevolución, porque la tierra no puede ser del primero que llegó y escogió y a otro le toque coger lo peor, porque eso no es justo.

El discurso de Mantua contiene una larga relación de los males de Cuba y de cómo deben extirparse.

Por aquellos días iniciales de la Revolución, la primera tarea encomendada por Fidel al autor fue la creación de una Oficina de Planes y Coordinación Revolucionarios, de la cual lo nombra presidente. Se orienta constituir una comisión para redactar la Ley de Reforma Agraria, tarea en la que se destacan los compañeros comandante Ernesto Che Guevara, Vilma Espín, doctor Segundo Ceballos, Alfredo Guevara y Oscar Pino Santos. Durante dos meses efectuamos reuniones, por las noches, en Tarará, donde el Che repone su salud.

Fidel conoce regularmente del avance de la redacción de la Ley y, al mismo tiempo, sugiere ideas y modificaciones al trabajo que vamos realizando. La labor de la comisión redactora es secreta hasta que Fidel la presenta al Ministerio de Leyes Revolucionarias para su estudio.

A principios de mayo, pregunto al Comandante en Jefe dónde y cuándo debe ser firmada la Ley de Reforma Agraria.

—En La Plata, Comandancia General del Ejército Rebelde durante nuestra campaña guerrillera en la Sierra Maestra. En cuanto a la fecha, el 17 de mayo, aniversario del asesinato del dirigente campesino Niceto Pérez —me comunica Fidel.

Al llegar esta fecha y por vía aérea nos trasladamos de La Habana a Manzanillo. En el asiento de la nave, Fidel lee y relee el texto de la Ley de Reforma Agraria. Le hace los retoques finales y después de una conversación con sus compañeros sobre el tema de las cooperativas, no mencionadas originalmente en la Ley, le agrega el siguiente párrafo en relación con los Artículos 1 y 3 donde se exceptúa del máximo de extensión de tierra concedida, a personas naturales o jurídicas “las áreas proindivisas concedidas en propiedad a cooperativas agrícolas de producción organizadas por el INRA, para la explotación de tierras del Estado o expropiadas a los fines de esta Ley”. También modifica el Artículo 43 que queda redactado definitivamente de la siguiente manera:

Siempre que sea posible, el Instituto Nacional de Reforma Agraria fomentará cooperativas agrarias. Las cooperativas agrarias que organice el INRA en las tierras de que disponga, en virtud de lo preceptuado en esta Ley, estarán bajo su dirección, reservándose el derecho a designar los administradores de las mismas al objeto de asegurar su mejor desenvolvimiento en la etapa inicial de este tipo de organización económica y social y hasta tanto se le conceda por Ley una autonomía mayor.

Otras notas intercala el Primer Ministro al original del proyecto de Ley en relación con las cooperativas.

Pasadas las primeras estribaciones de la Sierra Maestra, al volar sobre el Río Yara, pronto vislumbramos la montaña de La Plata y detrás el puntiagudo Turquino.

Al llegar a La Plata, alta y estratégica cima, Fidel ordena el aterrizaje en la escabrosa cumbre. En un improvisado helipuerto, entre el frondoso bosque donde se destacan helechos arborescentes, aguardan algunos periodistas, fotógrafos y campesinos serranos. Al descender Fidel, se le acercan los campesinos para saludarlo.

El primero en darle los “buenos días” es el Santaclarero, guajiro colaborador de la guerrilla, quien ahora marcha con Fidel hasta su bohío de paredes de yagua, techo de guano y piso de tierra, a pocos metros de lo que había sido la Comandancia General del Ejército Rebelde.

En la humilde vivienda del Santaclarero, se firmaría horas después la más importante de las leyes revolucionarias de Cuba: la Ley de Reforma Agraria. El Santaclarero nos ofrece desayuno. En ese momento un campesino negro, alto y fuerte, llega con dos huevos de gallina, se quita su sombrero de yarey y le dice al Primer Ministro del Gobierno Revolucionario:

—Tome, Comandante, son de los mismos que yo le traía antes, cuando la guerra.

Celia, que presencia la escena, se dirige a la cocina del bohío para preparar el desayuno. A medida que pasan los minutos, hasta la casa del Santaclarero llegan, unos en helicóptero y otros a pie, el presidente de la República, ministros y campesinos de la zona; que se sitúan en los alrededores.

(...) Ahora Fidel se reúne con algunos de sus colaboradores y da los últimos toques al articulado de la Ley de Reforma Agraria, y vuelve a hablar de la necesidad de las cooperativas agrícolas.

Luego de firmar la Ley de Reforma Agraria le pasa el histórico documento a Luis Orlando Rodríguez, quien lo está rubricando. Junto al Comandante en Jefe aparecen el médico Comandante Julio Martínez Páez, ministro de Salubridad y el Ministro de Trabajo, Manuel Fernández.

Minutos más tarde, el Consejo de Ministros firma la histórica Ley, al mismo tiempo que dos decretos presidenciales, promulgados allí mismo, designan a Fidel Castro Ruz como presidente del Instituto Nacional de Reforma Agraria y al autor como director ejecutivo.

Terminada la ceremonia de la firma, Fidel asciende por el bosque hasta la planta de Radio Rebelde, donde el capitán Jorge Enrique Mendoza, Violeta Casals y otros compañeros han ido informando al pueblo de las incidencias del extraordinario acto del 17 de mayo.

“…¡Aquí, Radio Rebelde!…”, identifica la pequeña planta, como en los días de la heroica guerra.

Mendoza, con gran seguridad en su voz, anuncia:

Pueblo de Cuba:

Para quienes hemos tenido el alto honor ante la historia de presentar en plena guerra al doctor Fidel Castro, es una oportunidad imborrable traerlo nuevamente a los micrófonos de Radio Rebelde, en el mismo escenario en que se transmitían a Cuba los alientos de esperanza de un futuro mejor y muy próximo. Los sueños se han convertido en realidad y en esta misma cabina de transmisión, donde muchas veces le dirigimos nuestra palabra al pueblo de Cuba, viene hoy, una vez triunfante la Revolución, el hombre que no ha olvidado los escenarios de la guerra ni a los campesinos que tanto le ayudaron en la causa a favor de Cuba; viene hoy, repito, para hablarle a nuestro pueblo de la más hermosa de todas sus realizaciones, la más formidable de todas las obras de la Revolución: sobre la Reforma Agraria. Pueblo de Cuba, desde La Plata, en la Sierra Maestra, como en los días de la guerra y por los micrófonos de Radio Rebelde, el doctor Fidel Castro Ruz.

El Comandante en Jefe comienza hablando de los encontrados sentimientos que le invaden:

Puedo afirmar, después de este fatigoso día de trabajo, que nuestro regreso a la Sierra Maestra habría sido uno de los minutos más felices de nuestra vida, al venir a promulgar desde la propia Sierra Maestra la Ley Agraria. Y si algunos sentimientos no hubieran estado gravitando, a cada minuto, sobre nosotros, sobre nuestra mente, pudiera decirse que en cada segundo en que los recuerdos de la Sierra Maestra se reunían —recuerdos que son felices por un lado y tristes por otro cuando se piensa en los compañeros que aquí cayeron—, nos invadía el júbilo por haber cumplido nuestra promesa, ya que realmente este regreso a la Sierra Maestra es como la culminación de un propósito largamente acariciado.

Al llegar aquí para hablarle de nuevo al pueblo desde este refugio, que pudiera llamarse de Radio Rebelde, en el pico de una de las más empinadas montañas de la Sierra; aquí, con sus defensas antiaéreas que nos protegían, si no del todo, por lo menos en parte, de nuevo es imposible que deje de pensar sobre uno de los recuerdos de todos aquellos días en que la victoria no era sino una esperanza y un fruto que para conquistarlo había que luchar mucho, pero que al fin, en medio de promesas que se han venido cumpliendo y que nos permiten la satisfacción de pensar que no han sido en balde los sacrificios que se hicieron en estas montañas, por cuanto nuestros esfuerzos están dando los frutos que se  esperaba.

En circunstancias como esta, trascendentales, a veces es mejor ser lo más sencillo posible. Realmente, la promulgación de la Ley Agraria constituirá uno de los acontecimientos más importantes de la vida de Cuba.

Nosotros entendemos que esta Ley inicia una etapa enteramente nueva en nuestra vida económica y que un esplendoroso porvenir espera a la Patria, si nos dedicamos a trabajar todos con el mayor ahínco.

A nosotros no se nos escapa que se lesionan algunos intereses; a nosotros no se nos escapa que la Ley producirá la natural oposición que una medida revolucionaria de esta índole siempre origina. Desde luego, que estamos muy conscientes de los deberes que tenemos para con nuestros conciudadanos, así como de las ventajas que ofrece para el país esta Ley, sin dejar de reconocer que la misma afecta también algunos intereses.

[…] Todos sabemos cuál ha sido la vida de la República desde su inicio. Todos sabemos el ambiente de corrupción, de hipocresía, de falsedad, de amoralidad, de falta de patriotismo, de falta de sentido, de despreocupación por la Nación, de falta de conciencia […]. Todos sabemos que éste es el ambiente en que ha vivido la Nación y que nos proponemos rectificar en todos los sentidos.

Por la Ley Agraria se lesionan los intereses de una parte insignificante del pueblo, que no es sacrificada de manera total, ya que conserva una cantidad considerable de tierras para poder seguirlas explotando, para seguir recibiendo sus ingresos importantes y para poder seguir llevando más o menos el mismo standard de vida que llevaba hasta hoy, mientras que por otra parte se resuelve definitivamente el problema de una cantidad considerabilísima de nuestro pueblo que es precisamente el sector más necesitado, el más pobre y el que más requería el apoyo de las soluciones del Gobierno Revolucionario. Esa parte del pueblo es también la parte que carece de ingresos; doscientas mil familias, quiere decir más de un millón de personas. Y éste es un cálculo enteramente conservador. Me refiero a doscientas mil familias que van a adquirir tierras sin contar con las ciento cincuenta mil familias que las poseían en calidad de aparceros, arrendatarios o precaristas, colonos y, en fin, las distintas formas de posesión que no implicaban la propiedad de la tierra y que hasta hoy habían sido un sector que vivía en perenne zozobra y en condiciones antieconómicas.

Lo que puedo decir de manera concreta es que cuando la Reforma Agraria se haya realizado, un número aproximado de dos millones de personas aumentarán considerablemente sus ingresos y constituirán el aporte que en el mercado doméstico sirva para hacer el desarrollo industrial y con ello, a través de la agricultura y a través de las industrias y del comercio, se resuelva el problema económico de Cuba.

En otro momento de su discurso, Fidel se refiere a Radio Rebelde y al papel tan señero que desempeñó durante la Guerra de Liberación:

Quiero expresar la satisfacción de usar esta tribuna de Radio Rebelde donde tuvo su sede durante la güera el campamento de la Comandancia General del Ejército Rebelde y Radio Rebelde […]. Esta tribuna de la Libertad, esta tribuna que llevó la esperanza al pueblo en medio del escepticismo y la adversidad, esta tribuna erigida en plena guerra, donde se libró la primera batalla victoriosa el 17 de enero de 1957; este escenario donde se libró la batalla decisiva de la guerra, porque lúe en ocasión de aquellos tristes días que siguieron al mes de abril, cuando la tiranía lanzó contra nosotros sus mejores tropas, las que estaban mejor armadas y los oficiales considerados más competentes, y cuyo empeño fue tomar este campo, destruir esta emisora; en aquella ocasión, abandonando las tácticas de movimiento y las técnicas de guerrillas, nos atrincheramos para defenderla porque comprendíamos la importancia que tenía Radio Rebelde para el pueblo, y no sólo la defendimos con éxito, sino que logramos la total destrucción del enemigo que abandonó la Sierra Maestra con más de mil bajas, dejando en nuestras manos las armas que hicieron posible el avance de nuestras columnas en distintas direcciones del territorio nacional. Y desde aquí partió también la Columna Número 1, en la ofensiva final que contribuyó, con el esfuerzo de las demás columnas, a la victoria completa del Primero de Enero. Hablar desde esta tribuna para nosotros constituye un motivo de profunda emoción que viene a sumarse a todas las emociones que en el día de hoy hemos recibido. Así pues, abandonemos de nuevo estos estudios con la satisfacción infinita de haber cumplido una promesa más, de haber contribuido a hacer posible el bienestar de todos los compatriotas que han estado sufriendo en el abandono y en el olvido.

Al atardecer ya se han retirado los ministros y el pueblo que ha presenciado el acto de firma de la Ley de Reforma Agraria. Sólo quedan en La Plata, Fidel, Celia, Mendoza, Lupe, el autor y la escolta.

A través del bosque nos dirigimos hasta la pequeña cabaña que sirvió de Comandancia General durante la Guerra de liberación.

Minutos después, Fidel se acomoda en una cama que se conserva allí desde los tiempos de la lucha, y lee y relee la Ley recién aprobada. Le hace aún pequeños ajustes antes de su envío a la Gaceta Oficial. Reitera la necesidad de orientar parte de la Reforma hacia las cooperativas agrícolas.

De noche, a la luz de un quinqué, el Comandante en Jefe insiste con sus colaboradores en que los grandes latifundios, donde la producción ha alcanzado un cierto grado de desarrollo, no deben ser fragmentados para su distribución a los campesinos:

—Es necesario que conservemos esos latifundios como grandes unidades de producción agrícola y que sean propiedad de todo el pueblo, de toda la nación. A estas grandes unidades las llamaremos Granjas del Pueblo.

Tema de aquella noche es también el de la necesaria transformación de las más apartadas regiones geográficas de Cuba: Sierra Maestra, Ciénaga de Zapata, Isla de Pinos y otras, donde ya hemos venido trabajando antes de la firma de la Ley de Reforma Agraria.

El amanecer nos sorprende conversando sobre el futuro inmediato de Cuba.

El rojo disco solar despunta sobre los picos de la alta cordillera. Iniciamos el descenso de La Plata, mientras el sol asciende radiante sobre la Sierra invicta.

(Tomado del libro En Marcha con Fidel. Antonio Núñez Jiménez. Editorial Letras Cubanas, 1982.)

Fidel Castro: “Fue la Ley de Reforma Agraria precisamente lo que definió a la Revolución Cubana”

Fidel Castro Ruz

Al arribar al XV aniversario de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, Fidel Castro vuelve a La Plata en la Sierra Maestra. Ese día se realiza un emotivo acto en conmemoración de la muerte de Niceto Pérez, el XV aniversario de la Primera Ley de Reforma Agraria y el XIII aniversario de la creación de la Asociación de Agricultores Pequeños.

Al cumplirse 65 años de la firma la Ley de Reforma Agraria, Cubadebate y el Sitio Fidel Soldado de las Ideas comparten con sus lectores sus palabras al volver 15 años después aquel histórico lugar.

Queridos compañeros de la dirección del Partido, de la dirección de la ANAP y de la Avanzada Juvenil 17 de Mayo (APLAUSOS);

Representantes de las organizaciones de masas, de nuestra juventud, de nuestro campesinado, de nuestros vecinos de la Sierra Maestra:

Hoy tiene lugar aquí un acto en que se conmemoran tres importantes acontecimientos. En orden cronológico, primero la muerte del mártir de las luchas campesinas Niceto Pérez; después, el XV aniversario de la proclamación de la Ley de Reforma Agraria, y el XIII aniversario de la creación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños.

Con motivo de estas conmemoraciones, y en esencial por cumplirse el XV aniversario de la Ley de Reforma Agraria, los compañeros dirigentes de la ANAP quisieron efectuar el acto precisamente en este mismo lugar donde se firmó aquella ley hace 15 años.

Claro que llegar hasta aquí no era demasiado fácil. En cierta forma se ha querido conservar este lugar tal cual era en aquellos tiempos, y por eso para llegar hasta aquí hay que llegar caminando. Y ya sabemos cómo son estos caminos y cómo llueve en estas montañas por estos tiempos. Y por eso, en general hemos llegado todos aquí enfangados hasta los ojos.

No puede, desde luego, en un lugar tan pequeño como este y tan abrupto, efectuarse una concentración grande. Por eso los compañeros de la ANAP quisieron hacer un acto eminentemente simbólico, con un reducido número de invitados y con la presencia de ustedes como representantes de los campesinos, de los obreros, de los estudiantes, de los jóvenes, de las mujeres y de las demás organizaciones de masas, incluida la organización de pioneros. Pero no hay duda, a nuestro juicio, que fue una buena idea.

Ciertamente que los compañeros que recogen este acto para la televisión han tenido que subir por esas montañas con esos equipos, y soportar las condiciones de humedad y de lluvia de este lugar; también los compañeros de la radio nacional, hasta incluidos los compañeros artistas, que llegaron hasta aquí haciendo un gran esfuerzo (APLAUSOS); pero los instrumentos de música se quedaron abajo. Afortunadamente, llegó una guitarra de la solidaridad; creo que es propiedad de uno de los compañeros checos.

Pero la idea —repito—, a nuestro juicio, fue una buena idea. No hay duda de que al llegar a estas montañas siempre el espíritu se fortifica, y no hay duda de que este lugar tiene un alto simbolismo en la historia del proceso revolucionario cubano.

¿Por qué se escogió que en La Plata se promulgara la Ley de Reforma Agraria?

Se ha dado en llamar a este lugar la Comandancia del Ejército Rebelde, o la sede de la Comandancia del Ejército Rebelde. En verdad que durante los primeros 18 meses de la guerra nuestro pequeño Ejército Rebelde no tenía realmente una sede, la dirección del Ejército Rebelde se movía con la columna guerrillera, la primera columna, de la cual se formaron posteriormente las demás columnas que salieron de la Sierra Maestra. Y aquella columna se movía incesantemente, a lo largo de la Sierra, desde las proximidades de Pilón hasta las proximidades de Bayamo. Y aquella fuerza tenía su campamento en los firmes de las montañas; y se movía día a día, de firme en firme, por esos lugares empinados, por esos bosques que ustedes pueden en parte presenciar desde aquí.

La sede de la Comandancia del Ejército Rebelde se estableció en este lugar cuando, después de la huelga de abril, la dictadura batistiana organizó la última ofensiva militar contra nuestras fuerzas, y movió hacia esta zona alrededor de 10 000 soldados.

Por aquella época las fuerzas que defendían esta región apenas alcanzaban los 200 hombres; les pedimos el apoyo a la columna que estaba en las inmediaciones de Santiago de Cuba, dirigida por el compañero Juan Almeida (APLAUSOS), y a la pequeña columna de Camilo Cienfuegos, que se movía por el llano (APLAUSOS). Y en total reunimos 300 hombres para resistir la ofensiva.

Pero ya en este lugar se encontraba instalada, a pocos cientos de metros de esta casa, la estación de Radio Rebelde, que había adquirido una gran importancia revolucionaria. En las inmediaciones de esta casa se encontraba también el hospital. En esta misma casa se encontraba nuestra fábrica de armas, es decir, nuestra fábrica de minas y de granadas. En esta misma pequeña explanada donde están ustedes en este momento teníamos lo que podíamos llamar nuestro campo de experimentación de explosivos: ahí probábamos la eficacia de las minas y de las granadas. En este mismo punto se encontraban los depósitos de nuestras escasas balas, la mayor parte de las cuales habían sido ocupadas al enemigo. En esta región se encontraban nuestras escasas reservas de abastecimientos. De modo que se nos planteó la necesidad de defender el territorio firmemente.

En épocas anteriores, cuando era una columna moviéndose y realizando operaciones por la Sierra, no había necesidad de defender ningún punto concreto. Pero ya con el desarrollo ulterior de la guerra, y por estas razones que les explicaba, se hizo necesario defender este punto concreto.

En realidad, las fuerzas eran muy escasas. Los que han atravesado con la Avanzada 17 de Mayo desde Ocujal hasta La Plata, pasando por Palma Mocha, Purialón y La Tasajera para llegar hasta aquí, comprenderán qué difícil resultaba defender con 300 hombres todos los caminos que entraban a la Sierra por el norte, desde las Minas de Bueycito hasta la región de La Habanita, situada a varios kilómetros al oeste de este punto, y defender además todo el territorio situado entre Ocujal y la zona del río Macío.

Y fue entonces en esa ocasión que se estableció en este mismo sitio la jefatura de las fuerzas que iban a defender este territorio, y este territorio se convirtió en un símbolo —digamos— de la Revolución.

No quiero decir que, aun cuando las tropas enemigas hubiesen llegado hasta este mismo sitio y hubiesen tomado Radio Rebelde, ocupado este puesto de mando y ocupado este territorio con sus instalaciones, la guerra se hubiera perdido; porque, lógicamente, se tenían estudiadas también las condiciones para proseguir la guerra aun en el caso de que fuese imposible resistir el empuje de la ofensiva enemiga, pero la lucha se habría prolongado bastante. Se convirtió en una cuestión de honor del Ejército Rebelde, pero más que nada en una cuestión de gran importancia militar, defender este territorio.

Hay que decir que las distintas vanguardias enemigas y las distintas fuerzas llegaron procedentes de muchas direcciones, convergiendo sobre este punto, y que en un momento dado estaban a muy pocos kilómetros, a muy pequeña distancia, por el norte y por el sur de este lugar; y que también ciertos momentos de esa ofensiva enemiga fueron sumamente difíciles. Pero los combatientes del Ejército Rebelde lucharon con excepcional valor, y los hombres trabajaron, se esforzaron y se sacrificaron con verdadero estoicismo (APLAUSOS).

En determinados momentos la aviación atacaba este lugar, proyectiles de mortero caían alrededor de este punto donde nos encontramos, y las fuerzas enemigas presionaban fuertemente.

Pero fue precisamente en las proximidades de La Plata, en el pueblo de Santo Domingo, donde se le propinó al enemigo el primer golpe anonadante durante aquella ofensiva, liquidándole una compañía completa de soldados, luchando contra dos batallones enemigos que en su conjunto sumaban 800 hombres; y los que participaron ese día en las operaciones no pasaban de 50 soldados rebeldes (APLAUSOS).

Con las armas ocupadas en aquella acción, se organizó una fuerza móvil que, actuando en el interior de este territorio, atacó sucesivamente a las fuerzas que avanzaban en distintas direcciones. Así tuvieron lugar los combates de Meriño, la batalla del Jigüe, que se libraba simultáneamente con otros combates en la periferia de esta zona. Y después, los combates de Las Vegas de Jibacoa, Santo Domingo, El Salto, Las Mercedes, Cuatro Caminos, etcétera.

El resultado fue que, al cabo de 70 días de combate, 70 días en que se luchó todos los días, la ofensiva enemiga fue liquidada. Se le ocasionaron al ejército de Batista más de 1 000 bajas y se le ocuparon 504 armas.

Nuestras fuerzas crecieron hasta aproximarse a los 900 hombres, y con aquellos 900 hombres se organizaron las diversas columnas, que después marcharon a diversos puntos de las provincias de Oriente y Camagüey, y las dos que con el Che y Camilo marcharon hasta la provincia de Las Villas.

Esa es la importancia histórica que tiene este lugar.

Podemos decir que por este sitio pasaron todos los jefes de los distintos frentes y las distintas columnas que se organizaron desde la Sierra Maestra. Por este sitio pasaron y en este sitio acamparon el Che, Camilo, Raúl, Almeida, Guillermo García, Ramiro Valdés, y todos los más destacados jefes del Ejército Rebelde (APLAUSOS PROLONGADOS).

Y después de la ofensiva, desde este mismo punto se organizó la contraofensiva revolucionaria, a mediados del mes de noviembre, cuando definitivamente abandonamos la Sierra Maestra, en la fase de la lucha que condujo a la liquidación de las tropas de Batista.

Fue por eso que se escogió este sitio cuando se promulgó la Ley de Reforma Agraria.

Y ciertamente, de todas las regiones del país, fueron los vecinos de estas montañas, en la zona occidental de la Sierra Maestra —desde las inmediaciones de Bayamo hasta las inmediaciones de Pilón—, donde la población campesina sufrió más en la guerra.

¿Cuánta historia hay en las inmediaciones de la Sierra Maestra?

En su magnífico discurso, el compañero Pepe Ramírez recordaba este aporte, refiriéndose a las palabras de Raúl acerca de la ayuda que brindó el campesinado al Ejército Rebelde; y hay que decir ciertamente que los campesinos de esta región pagaron a un precio muy alto de sacrificios, de sangre y de vidas, el apoyo que brindaron a nuestro Ejército.

Estos lugares fueron incesantemente bombardeados. Las columnas enemigas que al principio atravesaban en todas direcciones este territorio, sembraron la desolación y la muerte en todas partes: quemaron miles de casas, asesinaron a cientos de campesinos, cometieron toda clase de fechorías y de crímenes. Simplemente porque sabían que el campesinado de esta región era la base social de apoyo a las fuerzas revolucionarias.

En el día de ayer, cuando veníamos hacia este lugar y contemplábamos la nueva generación de niños de la Sierra Maestra, como en el día de hoy hemos tenido oportunidad de contemplar aquí a los representantes de los pioneros, pensábamos que ellos, afortunadamente, no habían conocido los bombardeos, no habían conocido las casas quemadas, no habían conocido el asesinato de sus padres y de sus hermanos; no habían conocido aquellos crímenes y aquellas injusticias; no habían conocido los sacrificios de la lucha que fue necesario llevar adelante para ponerle fin a todo aquel sistema.

Estos niños han nacido y han crecido después de la guerra. Ellos conocen otro mundo. Ellos conocen el mundo de las escuelas, de los hospitales, de la seguridad, del respeto, del porvenir que la Revolución les brinda.

Pero estos lugares fueron testigos, a lo largo de muchos años, de grandes esfuerzos y de grandes sacrificios humanos, porque casi durante 100 años nuestro pueblo derramó sudor y derramó sangre, por su independencia, y por su libertad, para establecer un modo de vida nacional, humano y justo.

Porque mucho antes de que nosotros llegáramos a estas montañas, ya habían recorrido estos lugares y habían luchado y habían sufrido nuestros mambises en la guerra del 68 y en la guerra del 95 (APLAUSOS). No debemos olvidar que en el corazón mismo de esta Sierra Maestra, hacia el este, se encuentra San Lorenzo, hasta donde llegaron las patrullas españolas para dar muerte al Padre de la Patria: Carlos Manuel de Céspedes (APLAUSOS).

En los libros y en las narraciones de la historia de Cuba, y en la historia de nuestras guerras de independencia, muchos de estos lugares de las inmediaciones de la Sierra Maestra aparecen mencionados como sitios en que se encontraban los campamentos de las fuerzas revolucionarias. No podemos olvidar lo que hicieron por este país nuestros mambises, porque ellos forjaron a la nación cubana, ellos forjaron el espíritu de la patria y el espíritu de la independencia (APLAUSOS).

Sin la lucha de nuestros mambises, en el siglo pasado no habría sido posible jamás la independencia de Cuba, no habría sido posible el desarrollo y la fuerza del sentimiento nacional y de una conciencia de patria; no habría sido por tanto posible hacer la Revolución, construir el socialismo hoy día y aspirar al comunismo mañana (APLAUSOS). Porque seríamos hoy como la Florida, habríamos sido absorbidos por los Estados Unidos y seríamos, en todo caso, un estado más de los Estados Unidos de Norteamérica. Y de eso precisamente nos salvaron aquellos combatientes que tanta sangre derramaron, y que tantos sacrificios hicieron por la patria cubana (APLAUSOS).

De modo que estos lugares montañosos están cargados de historia, debido esencialmente a que los cubanos tuvieron que luchar siempre en condiciones muy desventajosas, contra ejércitos modernos muy bien armados y muy bien equipados.

En el siglo pasado contra cientos de miles de soldados españoles que tenían sus cuarteles y sus abastecimientos de armas, de municiones, de ropa, de víveres, de todo. Y los mambises no tenían prácticamente nada. Y también en las condiciones modernas nuestras reducidísimas fuerzas tuvieron que enfrentarse a decenas de miles de soldados que tenían aviones, cañones, tanques, armas automáticas modernas; un ejército grande, con muchos cuadros, con muchos oficiales y con cientos de millones de pesos para hacer la guerra.

Por eso los patriotas cubanos se vieron en la necesidad de luchar siempre por su país en condiciones desventajosas, en condiciones difíciles, y tuvieron que desarrollar una concepción de la guerra, un arte de la guerra, un modo de hacer la guerra, en que la aspereza del terreno, en cierta forma compensaba las enormes ventajas en número y en material que tenían las fuerzas enemigas. Y de ahí que tanto en el siglo pasado como en este siglo fue necesario desarrollar hasta sus últimas consecuencias la guerra irregular. Y en esta guerra irregular los bosques y las montañas jugaron un papel muy importante.

Pero debemos señalar también que a lo largo de estos 100 años de historia, el campesinado cubano jugó un papel muy importante en las luchas por la independencia y por la Revolución, en la lucha por forjar y conservar una idea clara y una conciencia de la patria.

A mediados del siglo pasado y poco antes de la primera guerra de independencia, no existía en Cuba todavía una clase obrera.

En 1868, el 10 de octubre, cuando la campana de La Demajagua llamó a la lucha por la libertad, el trabajo se hacía esencialmente en forma esclava, habla cientos de miles de esclavos en nuestro país que eran quienes atendían las plantaciones cañeras, cafetaleras y, en general, la producción. Era la mano de obra esclava la que llevaba adelante la producción de bienes materiales y, sobre todo, en la zona occidental de Cuba. Solo en la provincia de Matanzas había alrededor de 100 000 esclavos; eran numerosos también en La Habana y en Pinar del Río, y existían igualmente en abundancia en Las Villas, eran menos numerosos en Camagüey y eran menos numerosos todavía en Oriente.

Había esclavos en toda la isla. Pero en Oriente, a diferencia del resto del país, existía ya una clase campesina, existían miles y miles de agricultores independientes que labraban la tierra con sus manos. Y fue precisamente en Oriente, y dentro de la provincia de Oriente aquellas regiones donde ya existía una clase campesina, donde comenzaron las guerras por la independencia.

Los hombres que integraron las tropas de Carlos Manuel de Céspedes al inicio de la guerra, y los que integraron las tropas de Gómez y de los distintos jefes mambises eran fundamentalmente pequeños agricultores independientes, a los cuales se sumaron también muchos de los esclavos liberados por los patriotas.

El campesinado jugó en aquella guerra un papel muy importante

El campesinado jugó en aquella guerra un papel muy importante. Y aquella guerra se desarrolló sobre todo en Oriente, en Camagüey y en Las Villas, donde existía una proporción mayor de campesinos y no adquirió gran desarrollo en aquellas zonas de grandes plantaciones sostenidas por mano esclava, donde no existía una población campesina.

Del mismo modo, en nuestra guerra revolucionaria el campesinado jugó un papel muy importante. Desde luego que ya existía en Cuba una clase obrera. Esa era la gran diferencia entre la situación existente en 1868 y la situación existente en 1956. Existía ya una clase obrera desarrollada y destinada a jugar un papel fundamental en el nuevo proceso político que se iniciaba en nuestra patria.

Pero la zona donde debían comenzar a desarrollarse las operaciones militares era esta zona, donde vivían esencialmente campesinos precaristas; eran hombres de campo, muchos de ellos antiguos obreros agrícolas, que habían tenido que venir a refugiarse a estas montañas para encontrar algún trabajo para poder vivir. Y con 1 000 dificultades hacían una colonia cafetalera: el primer año sembraban algún plátano, alguna malanga, alguna yuca y criaban algún puerquito, después de tumbar el monte, y hacían las plantaciones de café. Pero muchos tenían que hacer las plantaciones de café por cuenta de otros: recibían una cierta ayuda, recibían la cosecha dos o tres años y después tenían que entregar la plantación e iniciar otra vez el mismo proceso.

Otros llegaban a lugares que no estaban ocupados —como estos mismos lugares de La Plata, Palma Mocha, que eran lugares vírgenes—, venían aquí, hacían su tumba de monte y con mil dificultades se establecían. Pero ya cuando los campesinos se establecían en un lugar, empezaban a aparecer los supuestos dueños o los aspirantes a dueños de esas tierras; empezaban a buscar papeles, a hacer trucos, a hacer trampas y a presentarse en los juzgados reclamando la propiedad de esas tierras y exigiendo el desalojo de los campesinos.

En estas tierras, por ejemplo, de la cuenca de La Plata todos eran precaristas, en la cuenca de Palma Mocha todos eran precaristas, en la cuenca del Magdalena todos eran precaristas; pero ya había aparecido un aspirante a dueño: la Compañía Veahy, propietaria de centrales azucareros y de grandes extensiones de tierra en Niquero y de grandes fincas ganaderas. Empezaron a reclamar la propiedad de estas tierras, y por lo tanto, todos los campesinos que vivían en los valles de esos ríos mencionados se encontraban amenazados de desalojo por esa compañía que aspiraba a que en los tribunales se le reconociera el derecho a todas estas tierras y el derecho de expulsar a los campesinos para convertir estos lugares en tierras ganaderas.

También en algunas regiones había campesinos que tenían otra situación, que eran arrendatarios o eran aparceros, y en algunos casos campesinos que eran legalmente dueños de sus fincas.

Nosotros confiábamos en los campesinos, en las tradiciones de nuestro pueblo, en la historia de nuestra patria, en las leyes de la historia, y de las luchas de clase. Estábamos convencidos de que los campesinos se sumarían a la Revolución, sabíamos que esos campesinos no eran diferentes de los campesinos de 1868 y de 1895; que hacía falta iniciar de nuevo la lucha, que hacía falta reanudar los combates por la Revolución, que en esa lucha los campesinos estarían al lado de la Revolución y lucharían abnegada y heroicamente (APLAUSOS). Y así fue.

Nuestras fuerzas no tenían muchas relaciones previas con los campesinos; pero desde el primer instante, sin embargo, algunos campesinos se sumaron a nosotros. En los difíciles días que siguieron a la Alegría de Pío, cuando sobrevivió solo un puñado de combatientes, los campesinos comenzaron a servir como guías, a colaborar y a ayudar a reagrupar aquel puñado de hombres y a recuperar algunas armas. Desde el primer momento empezaron a prestarnos ayuda material, y ulteriormente a sumarse ya como soldados revolucionarios (APLAUSOS). Pero debemos decir que el apoyo del campesinado a la Revolución significó para la población campesina un precio muy alto.

Desde luego, estamos seguros de que en cualquier lugar del país los campesinos habrían estado dispuestos a pagar el mismo precio, y en todos los lugares del país reaccionaron exactamente igual (APLAUSOS). Cuando la guerra llegó al Segundo Frente, los campesinos del Segundo Frente Oriental reaccionaron exactamente igual que los campesinos de la Sierra Maestra; cuando las columnas rebeldes llegaron a las inmediaciones de Santiago de Cuba, los campesinos de las proximidades de Santiago de Cuba reaccionaron igual que los campesinos de las proximidades de Bayamo y Pilón (APLAUSOS); y cuando la guerra surge en Camagüey y surge en Las Villas y surge en Pinar del Río y en cualquier lugar del país, los campesinos reaccionaron exactamente igual a como habían reaccionado en la Sierra Maestra (APLAUSOS).

Pero si en el siglo pasado no existía la clase obrera en nuestro país, en el siglo presente sí existía ya la clase obrera. Y la Revolución actual no se habría podido realizar jamás con los campesinos solos; ¡la actual Revolución habría sido absolutamente imposible sin la clase obrera! (APLAUSOS) Si en las regiones donde por razones topográficas se iniciaba la guerra no había industrias, no había fábricas, no había concentraciones obreras, sino población campesina dispersa, era lógico que en esos instantes el rol fundamental lo jugaran los campesinos. Pero bien pronto los obreros agrícolas de las plantaciones cañeras y de los grandes latifundios de las inmediaciones de la Sierra Maestra empezaron a sumarse a las fuerzas rebeldes (APLAUSOS); aparecieron los cortadores de caña, los cosechadores de arroz y otros obreros agrícolas.

¿Cómo empezar a librar la futura lucha que iba a ser todavía más difícil?

Pero Cuba no se componía solamente de montañas y de campos, estaba la capital, estaban las grandes ciudades. Y en la capital y en las grandes ciudades no había campesinos, estaba solo la clase obrera. Más tarde la Revolución tendría que enfrentarse a sus enemigos del exterior; y en esa lucha decisiva, de vida o muerte, en que la nación tenía que enfrentarse a sus enemigos exteriores, ya la clase obrera tendría que entrar a jugar un papel decisivo.

Pero aún antes de eso, cuando la Revolución está triunfando y cuando el imperialismo maniobra para quitar a Batista y poner a otro similar, y se produce un golpe de Estado en la capital, y tratan de sabotear la Revolución, ya en ese momento la clase obrera juega un papel decisivo; porque en este instante las tropas rebeldes, los hombres armados, éramos solamente 3 000 hombres. Tres mil hombres que ciertamente tenían la Isla dividida en dos, que estaban atacando ya el cuartel de Santa Clara y que habían cercado ya a 17 000 soldados batistianos en la provincia de Oriente; ¡pero eran solamente 3 000 hombres! (APLAUSOS)

¿Y cómo desbaratar aquellas maniobras del imperialismo? ¿Cómo empezar a librar la futura lucha que iba a ser todavía más difícil? Es en ese momento en que entra en acción con todas sus fuerzas la clase obrera, secundando el llamado a la huelga general revolucionaria, a la que de manera unánime respondió el proletariado cubano, dando el apoyo que permitió desbaratar las maniobras del imperialismo en aquel instante (APLAUSOS).

Y entonces comenzó esta lucha, esta larga lucha contra los bloqueos, contra las amenazas, contra las agresiones, que ha durado más de 15 años. Vinieron las bandas mercenarias y de contrarrevolucionarios, las amenazas de ataque del imperialismo, pero no éramos ya solo los 3 000 hombres del Ejército Rebelde, integrado por obreros y campesinos: ¡era un pueblo entero, eran cientos de miles de milicianos en todo el país, era la clase obrera movilizada, estrechamente unida con la clase campesina!

Y entonces no resultaba ya tan fácil ocupar de nuevo este país, establecer de nuevo el capitalismo y la injusticia en Cuba (APLAUSOS); volver a establecer aquí la propiedad capitalista de los centrales azucareros, de las minas, de los ferrocarriles, de los bancos, del gran comercio, de la industria en general. Ya no era tan fácil volver a establecer las propiedades de los terratenientes, porque ya no tenían que enfrentarse solo a los campesinos: ¡tenían que enfrentarse a los cientos y cientos de miles de trabajadores de nuestro país, tenían que enfrentarse a la clase obrera cubana! (APLAUSOS) y en los días en que el imperialismo amenazaba con invadir Cuba —y la lucha no se iba a librar solo en las montañas, se iba a librar también en las ciudades—, decenas de miles de obreros, con las armas en la mano, estaban dispuestos a defender la capital de la república y la causa de los obreros y campesinos hasta la última gota de sangre (APLAUSOS).

Y en eso consiste precisamente la fuerza de la Revolución.

Pero hay que añadir más. Cuando los obreros y campesinos cubanos tenían que enfrentarse a un enemigo tan poderoso como el imperialismo —y el imperialismo era un enemigo mil veces más poderoso que Batista, que tenía más aviones y más tanques y más soldados y más dinero y más esbirros que los que tenía Batista—, entonces la Revolución Cubana necesitaba el apoyo de la clase obrera internacional. Y de la clase obrera internacional, del movimiento revolucionario internacional, fundamentalmente a través de la Unión Soviética (APLAUSOS), les llegó a los obreros y campesinos cubanos el apoyo de la clase obrera internacional. Porque esta es la alianza de los campesinos con la clase obrera cubana y la alianza de los campesinos y los obreros cubanos con la clase obrera internacional (APLAUSOS).

Esto es lo que puede explicar la posibilidad de las revoluciones. Sin eso, ¿cómo podríamos haber hecho la Revolución? Sin eso, ¿cómo podríamos estar aquí? Sin eso, ¿cuántos millones de vidas le habría costado al pueblo de Cuba la Revolución? ¿Cuántas guerras? ¿Cuántas invasiones?, porque los imperialistas no se habrían abstenido de desembarcar en Cuba como lo han hecho en otros tantos lugares. Como recordarán ustedes que lo hicieron en Santo Domingo hace algunos años, enviando allí 40 000 soldados. Como lo hicieron, por supuesto, en Viet Nam, en Lao y en tantos sitios diferentes a miles de millas de distancia.

Si nuestro pueblo no hubiera tenido el apoyo de la clase obrera internacional, si no hubiéramos recibido tanques y cañones y antiaéreas y fusiles automáticos y todas las armas que recibimos, ¿con qué armas íbamos a resistir a los imperialistas? No quiere decir esto que no íbamos a resistir, ¡no! ¡Ibamos a resistir hasta que nos mataran a todos y cada uno de nosotros! (APLAUSOS) Para vencer a la Revolución habrían tenido que vencer al hombre con lo que tuviera en la mano, porque al fin y al cabo el hombre sin nada empezó la lucha, esos hombres sin nada empezaron la Revolución. ¿Qué armas tenían los combatientes del Moncada y qué armas tenían estos campesinos de la Sierra cuando empezó la lucha? Las armas que después tuvieron se las arrebataron al enemigo, eran las armas de Batista (APLAUSOS).

Eso significa que cuando hay disposición y voluntad de lucha, se lucha en cualquier circunstancia. ¡Pero qué triste habría sido tener que resistir la invasión de los imperialistas desarmados!

¡Ah!, pero recibimos armas del movimiento revolucionario internacional, recibimos medios con que defendernos. Y cuando los imperialistas lanzaron su infame y mercenaria invasión de Girón, los obreros y los campesinos estrechamente unidos hicieron polvo en pocas horas la invasión mercenaria (APLAUSOS).

Y cuando los imperialistas organizaron las bandas contrarrevolucionarias y perpetraron sus crímenes contra campesinos, contra obreros, contra funcionarios revolucionarios, contra maestros, e incluso contra alfabetizadores; obreros y campesinos, luchando estrechamente unidos frente a esas bandas contrarrevolucionarias, las liquidaron y las barrieron para siempre del suelo de la patria (APLAUSOS). Porque, ¿qué contrarrevolucionario, qué imperialista se atreve o puede hoy organizar una banda contrarrevolucionaria en ningún lugar de Cuba; dónde y cómo, sin que surjan por millares los hombres, los campesinos y los obreros con sus armas en la mano, a combatirlos, a barrerlos?

¡Ya ni se atreven, ya ni lo piensan; porque —como dijo aquí un compañero de la avanzada— se los comen vivos! (APLAUSOS)

Pero a esta alianza, a esta unión de las dos clases —los campesinos y los obreros—, los obreros aportaban algo fundamental, decisivo, imprescindible, insustituible en esta época que vive el mundo de hoy —porque no vivimos en el mundo pasado; vivimos en una sociedad que ha evolucionado extraordinariamente, que tiene sus leyes y que tiene sus objetivos—; la clase obrera ha aportado a esta lucha su ideología, la ideología de la clase obrera; el marxismo-leninismo, la lucha por el socialismo, la lucha por el comunismo (APLAUSOS).

Una revolución solo podía ser una revolución inspirada en la ideología de la clase obrera

Porque, ¿qué sociedad íbamos a crear con nuestra Revolución? ¿Una sociedad de pequeños agricultores? No podría ser, no podría existir; porque entonces, ¿quién producía en las industrias, en el transporte; quién producía los recursos que son indispensables en la vida moderna? ¿Qué íbamos a hacer con las ciudades, qué íbamos a hacer con el pueblo? La Revolución no podía ser una Revolución solo de campesinos, ni para establecer una sociedad de campesinos y una sociedad de pequeños agricultores y de minifundios. ¿Hay acaso alguien que piense en esta posibilidad? ¡No!

En el siglo pasado, cuando la población de Cuba apenas llegaba a un millón de habitantes, cuando existía el régimen de la esclavitud, cuando las tierras estaban vírgenes, cuando no alcanzaban los brazos para labrar la tierra, cuando no había grandes ciudades y en aquellas pequeñas ciudades vivían los dueños de plantaciones fundamentalmente y los grandes terratenientes, en aquella época se podía pensar y había que pensar en un tipo de sociedad diferente a la de esta época.

Eran otros postulados, otros programas, otros objetivos: entonces había que erradicar la esclavitud, y era la lucha porque desapareciera la esclavitud de nuestro régimen social; había que luchar contra el colonialismo, había que luchar contra el feudalismo.

Pero en esta época y en este siglo, una revolución solo podía ser una revolución inspirada en la ideología de la clase obrera, solo podía ser una revolución para construir el socialismo (APLAUSOS). Porque si liquidábamos a todos los grandes magnates, la propiedad de los grandes magnates; si liquidábamos la propiedad privada sobre los medios de producción, sobre los centrales azucareros, sobre las fábricas, sobre las minas, sobre los transportes, sobre los bancos, sobre el comercio, toda aquella gran propiedad que explotaba a obreros y a campesinos —porque el obrero y el campesino eran explotados por la misma gente, por los mismos capitalistas, por los mismos terratenientes; porque el mismo terrateniente que aquí quería desalojar al campesino de La Plata y de Palma Mocha y de Magdalena, era el mismo terrateniente que tenía grandes plantaciones de caña allá en Niquero, y que tenía miles de obreros agrícolas pasando hambre y pasando miseria para enriquecer a aquel capitalista—; si íbamos a nacionalizar todo aquello, íbamos a acabar con el explotador, íbamos a acabar con los explotadores de todo tipo —con los garroteros, con los casatenientes, con los terratenientes, con los grandes banqueros, con los grandes comerciantes—, ¿qué sistema social se podía establecer? ¡Solo se podía establecer el socialismo! Porque no iban a desaparecer aquellos propietarios para sustituirlos otros propietarios y otros explotadores del pueblo. Solo había un camino: ¡era el camino del socialismo! (APLAUSOS)

Y eso lo había visto Lenin, con una gran claridad, cuando planteó la cuestión de la alianza de obreros y campesinos en el viejo imperio zarista. No se podía plantear la alianza de los obreros con los terratenientes, ni la alianza de los obreros con los banqueros y los grandes capitalistas; no se podía plantear la alianza entre explotadores y explotados: había que establecer la alianza entre explotados. Y las dos clases explotadas eran precisamente esas, la clase obrera y el campesinado. Y la clase obrera y el campesinado se unieron para hacer la Revolución, para establecer una forma de vida y una forma de sociedad nueva, para acabar con la explotación del hombre por el hombre, para construir el socialismo y para construir el comunismo (APLAUSOS).

La Ley Agraria no solo fue una ley para los campesinos

Y cuando en este lugar, hace 15 años, se firmó la Ley de Reforma Agraria, aquello constituyó un paso que consolidaba definitivamente esa alianza de obreros y campesinos.

Aquella Ley liberaba por igual al aparcero, al arrendatario, al precarista; los liberaba del pago de la renta, de la entrega obligatoria de una parte considerable del fruto de su sudor, gratuitamente, a un señor propietario que nunca iba por allí. Libraba al campesino de la explotación directa de los terratenientes, pero libraba al obrero agrícola también de la explotación directa de los capitalistas.

No hay que olvidarse de que la Ley Agraria no solo fue una ley para los campesinos: fue también una ley para los obreros agrícolas (APLAUSOS). Porque los obreros agrícolas eran explotados miserablemente en las plantaciones arroceras, en las plantaciones cañeras; vivían en las peores condiciones de miseria, de opresión, de abandono: sin escuelas, sin viviendas, sin asistencia médica, sin jubilación, sin seguridad de ninguna clase. Y cuando la Ley de Reforma Agraria pasó las parcelas arrendadas o las parcelas que estaban en manos de los precaristas o de los aparceros, las puso en manos de los campesinos con pleno derecho, en esa misma Ley les quitó a los grandes terratenientes los grandes latifundios, las grandes plantaciones donde explotaban a los obreros agrícolas, y las puso en manos de todo el pueblo (APLAUSOS). Esas grandes plantaciones pasaron a ser propiedad de la nación, y desde entonces la vida del obrero agrícola cambió: el azote del desempleo, la falta de seguridad social, la falta de asistencia médica, la falta de escuelas, la falta de toda ayuda, desaparecieron. Surgió empleo para todos los que quisieran trabajar en todo el país, el tiempo muerto desapareció para nuestros obreros agrícolas, aquella explotación inmisericorde del sudor de aquellos obreros desapareció.

De modo que aquella ley benefició a ambos: a los campesinos y a los obreros agrícolas. Y creó las bases más sólidas para esta alianza.

Ahora, fue la Ley de Reforma Agraria precisamente lo que definió a la Revolución Cubana.

Cuando ya se vio que de verdad se haría aquí una ley agraria, se vio que no eran palabras simplemente, que no eran promesas, que no eran engaños, que no eran "cuentos de camino" de ninguna clase, sino que había de verdad una revolución en Cuba (APLAUSOS). ¿Por qué? Porque había empresas yankis que tenían 20 000 caballerías de tierra, otras tenían 15 000, otras tenían 10 000, otras tenían 5 000; pero la que menos tenía, tenía miles de caballerías de tierra. Y los yankis, pues, habían sido los amos de este país desde que intervinieron al final de la guerra de independencia. ¿Y quién se atrevía a hacer aquí una sola ley que afectara los intereses de los yankis? ¿Quién?

Pero vino esta Revolución tranquilamente, y hace una ley agraria y dice: "el máximo, 30 caballerías de tierra". Treinta todavía podían parecer muchas, ¿no? Pero hay que remontarse a aquel tiempo, en que había compañías que tenían 20 000. Y cuando aquellas compañías dijeron: "a mí no me dejan más que 30 caballerías de tierra", inmediatamente empezaron a conspirar y a organizar la contrarrevolución. Y fue precisamente la Ley de Reforma Agraria la que determinó a los imperialistas a organizar inmediatamente la invasión de Girón, fue aquello lo que lo determinó. ¡Fue la Ley de Reforma Agraria lo que determinó a los imperialistas a llevar a cabo el plan de agresiones contra Cuba! Fue la Ley de Reforma Agraria lo que determinó a los imperialistas a quitarnos nuestra cuota azucarera, quitarnos el petróleo, y lo que determinó a los imperialistas establecer el bloqueo económico de Cuba. Esta Ley cuyo XV aniversario celebramos hoy, fue la Ley que enfrentó directamente al imperialismo contra Cuba.

Y cuando llegó ese momento y ese enfrentamiento, ¿cuál era la fuerza dispuesta a derramar junto a los campesinos hasta la última gota de su sangre por defender aquella ley? ¡El proletariado cubano, la clase obrera! (APLAUSOS) Esta es una unión indisoluble, escrita a lo largo de nuestra historia revolucionaria y soldada con el sacrificio y con la sangre de nuestros campesinos y de nuestros obreros.

La alianza obrero-campesina significa el deber de marchar juntos hasta el final del camino, para construir el socialismo, para construir el comunismo (APLAUSOS). El final del camino es el comunismo, ¡y nosotros estamos seguros de que los campesinos y los obreros cubanos marcharán juntos a lo largo de este proceso, a lo largo de este camino, hasta el final! (APLAUSOS) Hasta el día en que ya no haya dos clases, hasta el día en que no exista por un lado la clase obrera y por otro la clase campesina muy aliadas y muy unidas, sino hasta el día en que exista una sola clase de ciudadanos, un solo pueblo estrechamente unido.

Y nosotros sabemos que ese día tarda... (DEL PUBLICO LE DICEN: "Pero viene") pero llegará (APLAUSOS). Es largo, pero llegará. Y no llegará ni podrá jamás llegar de la noche a la mañana, sino que será un proceso largo, de mucho tiempo. Y eso lo planteamos ya nosotros el 31 de diciembre de 1971, con motivo del último Congreso de la ANAP; que el objetivo histórico de esta alianza de clases es la lucha por una sociedad sin clases.

Pero es que ya se empiezan a fundir en una sola cosa los hijos de los obreros y de los campesinos. Y cuando van a una escuela, ¿qué son allí sino ante todo un niño cubano, un estudiante cubano, un hermano que no se puede diferenciar en absoluto el uno del otro? Que están recibiendo una misma educación, que están recibiendo una misma cultura, que están preparándose para los mismos objetivos.

Y cuando van a un hospital, ¿qué son antes que nada, sino un niño cubano, cuya salud hay que proteger y preservar?

Y cuando van a una secundaria básica o a un instituto tecnológico o a una escuela politécnica, ¿en qué se diferencia uno del otro, si están recibiendo la misma educación, si están preparándose y adquiriendo los mismos hábitos para una vida nueva? (APLAUSOS)

Y nos preguntamos en qué se diferenciarán el hijo del campesino y el hijo del obrero. Y si van a la misma escuela, y a la misma secundaria, y al mismo tecnológico, y a la misma universidad; y militan en las mismas organizaciones, en la misma Juventud, en el mismo Partido, y prestan sus servicios en el mismo ejército, ¿en qué tendrán que diferenciarse mañana un joven de origen obrero y un joven de origen campesino? La misma vida, el proceso revolucionario mismo, los une y los identifica cada vez más.

Hoy todavía hay dos mentalidades diferentes, por su origen de clase, entre un obrero y un campesino. La diferencia fundamental es que el obrero no estaba habituado al concepto de propiedad; él nunca tuvo nada suyo, aquella máquina, aquella fábrica, no era de él. El estaba más preparado para el socialismo. El entendía perfectamente que aquella fuera la propiedad de todo el pueblo, los medios de producción de todo el pueblo, al servicio de todo el pueblo. El campesino está más habituado a la propiedad privada de un medio de producción.

Esa es la diferencia hoy, no entre el hijo del campesino y del obrero, sino entre la mentalidad del campesino y del obrero.

Pero la alianza obrero-campesina consiste precisamente en eso: en respetar esos derechos, en respetar ese pensamiento, y en respetar la voluntad del campesino.

Y por eso se ha establecido el respeto más estricto a los intereses, al modo de vida y al pensamiento del campesino. Y ese es uno de los axiomas de esta Revolución. Fue otro de los puntos que se resaltó en el Congreso.

¿Pero quiere esto acaso decir que eternamente vamos a permanecer como campesinos independientes, en un minifundio? Nosotros sabemos que nuestros campesinos comprenden que esto no es posible. Y que esta etapa tiene que ser progresivamente y paulatinamente, a lo largo de los años, superada. Y que llegará el día en que no exista el campesino aislado, el campesino independiente, porque nosotros no vamos a estar a la zaga de la civilización. Eso está claro (APLAUSOS).

Cuando el Moncada, la población de Cuba era de apenas 5 millones de habitantes; hoy la población de Cuba es de más de 9 millones de habitantes. Si decíamos que la situación era una cuando en Cuba no había un millón de habitantes, y era otra cuando había cinco, ahora somos nueve y tantos, y vamos para diez.

Hay que producir alimento para esa población. Hay que producir ropas, zapatos, medicinas para esa población. Hay que producir carne, hay que producir leche. Hay que producir todos los elementos que necesita la vida de esa población. Hay que producir para las escuelas; hay que producir para todo.

La técnica tiene que venir en ayuda del hombre

No podemos, con técnicas anticuadas, producir todo eso. No podemos con un azadón, con un bueycito, a mano... Ustedes entienden bien que si este país, por ejemplo, no mecaniza la caña, no progresa. Si nos quedamos toda la vida cortando con el machete, como estábamos antes, habríamos seguido esclavos del machete, y esclavos de la guataca, y esclavos del bueycito.

Y fíjense cuáles eran las condiciones de aquella esclavitud, que si a un obrero agrícola le hablaban en el pasado de una combinada de arroz, era capaz de destruir la combinada de arroz; si le hablaban a un obrero agrícola, que trabajaba tres o cuatro meses al año, de una combinada de caña, era capaz de destruir la combinada de caña. ¡Jamás el obrero arrocero habría permitido una combinada de arroz! ¿Y cuánto producía un hombre cortando arroz a mano? ¿Y cuántas horas, y cuánto sudor invertía al día aquel hombre? Y sin embargo, aquel hombre vivía en tales condiciones sociales que tenía que oponerse a la combinada de arroz y a la combinada de caña.

Ya todo el mundo comprende que esta circunstancia ha cambiado, y que hoy una combinada de arroz es lo que le conviene a todo el pueblo, es lo que le conviene a todos los trabajadores; que una combinada de caña es lo que les conviene a todos los trabajadores, porque entonces si no tenemos medio millón cortando caña, tenemos medio millón construyendo escuelas y viviendas, y produciendo otras cosas (APLAUSOS).

Hoy sabemos que cuando una máquina ocupa el trabajo de 50 hombres que están haciendo una cosa, tenemos 50 hombres más para hacer otra cosa. Ya eso lo sabemos. Como sabemos que no es lo mismo hacer una carretera con una pala y un pico que hacerla con un buldózer.

Antes, nadie quería la máquina; hoy, todo el mundo quiere la máquina. Y solo en el socialismo se puede producir esa alianza del hombre con la técnica, porque sabe que en la técnica está su porvenir, está su progreso.

Imagínense cuando la caña de Cuba esté toda mecanizada, cuántas toneladas de sudor nos vamos a ahorrar en cada minuto, en cada hora que pase durante una zafra, cuando 20 000 ó 30 000 obreros mecanizados hagan el trabajo de 350 000 macheteros que teníamos todavía en la zafra de 1970. Esos cientos de miles de macheteros estarán en minas, estarán en industrias, estarán en construcciones, estarán produciendo otras cosas para el pueblo.

La técnica tiene que venir en ayuda del hombre. Es la técnica la que nos impone el que un día la producción agrícola sea una producción de escala y no una producción de minifundio, porque en el minifundio es muy difícil introducir la técnica, el avión, las grandes máquinas, las grandes combinadas.

Y la necesidad de alimentar nuestra población nos exige introducir la técnica hasta el máximo en la agricultura; nos exige cultivar y aprovechar bien hasta la última pulgada de tierra. ¿Y qué hacemos si un campesino se hace viejo? ¿Qué hacemos si el hijo se hizo médico, ingeniero, maestro?

Aquí tenemos un grupo de jóvenes alumnos de la Escuela Formadora de Maestros (APLAUSOS). Quién sabe aquí —con sus hermosos uniformes—, quién de ellos procede de una casa campesina y quién de ellos procede de una casa obrera. Ellos van a trabajar como maestros en su vida. Esa será su vida en el futuro.

Si todos los jóvenes estudian, y la actual generación campesina se va haciendo mayor, tenemos que ir pensando en fórmulas que nos permitan el principio del aprovechamiento óptimo de la tierra, sacarle el máximo a la tierra para poder satisfacer las necesidades de la población.

Ahora, ¿cuáles serán los caminos mediante los cuales vayamos a eso? Aquí hay los dos caminos que podemos seguir: hay el camino de integración a planes y hay el camino de la cooperación.

Hay que llevar adelante formas superiores de producción

Ya es conveniente, al cabo de 15 años de reforma agraria, que nuestros campesinos vayan pensando en formas superiores de cooperación, en formas superiores de trabajo. No sea que dentro de 15 años más nos reunamos aquí, y vayamos a estar igual que hoy. Es necesario, en el futuro, pasar a formas superiores de trabajo y producción (APLAUSOS), sobre todo, en los cultivos básicos del país. No voy a decir aquí en estas montañas. Ustedes saben cómo es la cosa en estas montañas. En estas montañas, donde se vive aislado, es muy difícil establecer incluso la producción cooperativa. Pero en las áreas cañeras, en las áreas ganaderas, en las áreas tabacaleras, en las áreas donde se producen viandas y vegetales, hay que llevar la máquina, hay que llevar la química, hay que llevar el regadío, hay que llevar adelante formas superiores de producción.

Decíamos que nuestra población tiene ya más de 9 millones de habitantes. Y todos los días, o mejor dicho, todos los años, se incrementa nuestra población en más de 200 000 personas, a las cuales hay que buscarles alimentos. Y por lo tanto, tenemos que ir cada vez más hacia un mejor aprovechamiento de la tierra, aplicándole la técnica.

Y por eso decíamos que teníamos dos caminos: la integración a planes y la cooperación. A nosotros nos parece que debemos seguir los dos caminos, según el tipo de cultivo, según las circunstancias aconsejan. En unos casos la integración a planes y en otros casos la cooperación.

Hemos pensado, por ejemplo, en las áreas tabacaleras pinareñas que son minifundios muy pequeños. Lógicamente yo creo que allí será difícil encontrar ninguna forma mejor que la cooperación, es decir, la cooperativa de los productores tabacaleros. Tenemos que ir pensando de todos modos en formas nuevas porque ya nos lo exige el crecimiento de la población, y la aplicación de la técnica.

Como ustedes saben se ha ido desarrollando la producción cañera, la producción arrocera y la producción ganadera en planes estatales especializados. Ahora se está desarrollando la producción de cítricos, pero tenemos que seguir desarrollando la producción azucarera, la producción de arroz, la producción de leche y carne, la producción de tabaco, la producción de viandas y vegetales, para la población y para la economía del país. Y eso exige ya que nuestros campesinos se planteen el problema de las formas que en los años futuros vamos a seguir, para continuar el progreso ininterrumpido del desarrollo económico, del desarrollo agrícola del país, y la satisfacción de las necesidades crecientes de la población.

Y creemos que al cabo de 15 años de reforma agraria, ya hay que ir empezando a plantearse esos problemas. Porque ya nos vamos encontrando limitantes de área. Ya cuando vamos a desarrollar un plan agrícola o un plan de cítricos, por ejemplo grande, ya se van encontrando limitantes de área por aquí, por allá. Cuando se va a desarrollar el plan cañero para abastecer durante seis meses al central azucarero, ya nos vamos encontrando limitantes de área por aquí y limitantes de área por allá. Y eso nos va a ir pasando con todos los renglones agrícolas, lo que nos va a obligar a buscar más productividad por hectárea, mejor aprovechamiento de la tierra, el empleo de la técnica y la utilización progresiva de nuestros recursos de tierra hasta la última pulgada (APLAUSOS).,

Por tanto, consigna a nuestros campesinos en este XV Aniversario: ir pensando cómo llegamos a formas superiores de producción agrícola. Desde luego, en un camino progresivo, despacio y en base al principio que hemos establecido que es clave: la voluntariedad. ¡Este principio no podrá ser abandonado jamás!

Y cuando decimos estudiar no decimos aplicar, sino, simplemente, es necesario decirles a los campesinos que al cabo de 15 años de promulgada la Ley de Reforma Agraria es necesario que nuestro campesinado vaya pensando en formas superiores de producción, puesto que el curso del desarrollo del país no se puede detener, puesto que las necesidades crecientes de la población hacen necesaria una incesante tecnificación de nuestra agricultura, y un aprovechamiento óptimo y total de la tierra. Claro que todo esto tiene que ir acompañado del desarrollo industrial, la entrada en producción de nuevas plantas de fertilizantes, la adquisición y construcción de plantas adicionales a las que ya tenemos, el desarrollo de la maquinaria agrícola, de la mecanización; ir llevando a los campos ¡a todos los campos!, la máquina, los fertilizantes, la química, el regadío y todas esas técnicas que nos permitan aumentar la producción. Porque no debemos de olvidarnos de una cosa: la población crece, pero la tierra no crece; la población crece, pero la tierra es la misma de siempre. Si en el siglo pasado éramos un millón, un millón podía vivir casi de las jutías que producían los bosques de este país (RISAS); si en 1953 éramos 5 millones ya había problemas para vivir —había que cambiar el régimen social, si no, no se podía vivir—, y ahora somos más de 9 millones y después seremos 10, y 11 y 12, no se olviden que en la misma superficie donde en el siglo pasado vivía un millón, después tendrán que vivir 10 y 12, y 15 y 20 millones de habitantes; en la misma cantidad de tierra. Pero no solo en la misma cantidad de tierra, en menos tierra: porque hay que dedicar tierra a hacer viviendas, hay que dedicar muchas tierras a hacer fábricas, hay que dedicar tierra a hacer hospitales, a hacer escuelas, a hacer caminos, a hacer líneas eléctricas, a hacer presas. Es decir que en realidad cada vez tiene que vivir una cantidad mayor de población en una cantidad menor de tierra.

Es necesario que nuestros campesinos piensen mucho en eso y reflexionen mucho sobre eso, para encontrar respuesta a esta pregunta: ¿Cómo nos la vamos a arreglar para satisfacer esas necesidades? ¿Cuáles van a ser las formas futuras de producción? ¿Cómo nos vamos a asociar y a agrupar los campesinos para lograr eso? En definitiva esto es muy importante, porque esto va señalando el camino también en virtud del cual irán desapareciendo las diferencias entre campesinos y obreros.

Seguir este camino como aliados leales, seguirlo consecuentemente, y a la vez que resolvemos nuestras necesidades más apremiantes, iremos resolviendo el paso al socialismo y el paso al comunismo, el paso a la desaparición de las clases, el paso a la fase superior en que haya un solo tipo de cubano, en que no haya dos clases de cubanos, sino una sola clase de cubanos; en que todos tengamos la misma mentalidad, las mismas concepciones de la vida, la misma educación, la misma cultura, el mismo ideal político. Estamos seguros de que lograremos eso, y estamos seguros porque confiamos en nuestros campesinos, ¡confiamos en nuestros campesinos! (APLAUSOS)

Y sabemos que esos mismos campesinos que un día fueron capaces de empuñar las armas en 1868 y en 1895, y en 1956, 1957 y 1958, que fueron capaces de empuñar las armas para hacer la revolución y para defender la revolución, serán capaces de dar los pasos pertinentes para llevar adelante esta revolución suya y de los obreros, y llevarla tan lejos como sea posible (APLAUSOS).

Las condiciones del campo cambian incesantemente

Aquí vemos una nueva generación de campesinos: los integrantes de la Avanzada Juvenil 17 de Mayo (APLAUSOS), con representación de campesinos de todo el país; un magnífico contingente. ¿Qué magnífica columna habría sido esta Avanzada Juvenil en los tiempos de la guerra en estas tierras! (APLAUSOS) ¡Qué grandes proezas habrían sido capaces de hacer! Yo estoy seguro de que ya ustedes tienen un pensamiento que ha evolucionado considerablemente con relación al pensamiento de las generaciones que los precedieron a ustedes; ¡ustedes están seguros de eso!, ¡nosotros estamos seguros de eso! (APLAUSOS) Ya ustedes constituyen una nueva generación de campesinos, y ustedes tienen que ser avanzados no solo en el trabajo, avanzados también en las ideas revolucionarias de los campesinos (APLAUSOS), avanzados en la nueva forma de trabajo y de producción; y ustedes tienen que irles preparando el camino a los hermanitos de ustedes y a los hijos de ustedes.

Como ustedes ven, las condiciones del campo cambian incesantemente, la mentalidad del pueblo cambia incesantemente. Nuestra población hoy adquiere una cultura política nueva, se educa en principios realmente revolucionarios y en ejemplos revolucionarios. Ese ejemplo lo ven ustedes en los compañeros cubanos que están, por ejemplo, construyendo escuelas y hospitales y otras obras en Viet Nam (APLAUSOS). ¿Quieren ustedes más hermoso ejemplo de internacionalismo? (APLAUSOS) Pero en esa misma marcha ustedes han contado con la honrosa presencia de un grupo de miembros de la Brigada de Amistad checo-cubana, que trabaja con nosotros en nuestro país (APLAUSOS), y con ustedes, en la Avanzada Juvenil 17 de Mayo, han venido dos miembros del Konsomol soviético que trabajan en nuestro país (APLAUSOS).

(…) Hoy celebramos algo aquí que nos alegra, que nos entusiasma: el día en que se hizo la Ley de Reforma Agraria. ¡Han pasado 15 años, pero ¿cuántas cosas más no han pasado en esos 15 años? Porque la liberación del campesino no se realizó solo con la Ley de Reforma Agraria.

En su discurso el compañero Pepe Ramírez enumeraba toda una serie de medidas llevadas a cabo por la Revolución, que constituyeron la verdadera liberación de nuestro campesinado. Y testigos son esos hospitales, esas escuelas; esos tantos por cientos de madres que dan a luz en los hospitales, esa reducción de la mortalidad infantil que le permite a Cuba decir hoy que tiene el más bajo índice de mortalidad infantil de todos los pueblos de América Latina (APLAUSOS); menos de 28 por 1 000 de mortalidad en el primer año de vida, hay varios países con más de 100 en América Latina —que quiere decir que, por cada niño que muere hoy en Cuba, mueren 4; es decir, por cada niño de un millar que muere en Cuba, mueren 4 de un millar en otros países de América Latina. Esas son grandes victorias de nuestro pueblo. Se manifiesta en el índice de escolaridad: más del 99%, prácticamente la totalidad de nuestros niños, está escolarizada; no hay un rincón donde no haya una escuela o no haya un maestro. Y si todavía tenemos dificultades, ahí tenemos las escuelas formadoras de maestros que estamos haciendo en gran escala. En todas las provincias se están construyendo escuelas formadoras de maestros; en Oriente solo se están construyendo ahora, simultáneamente, tres escuelas: la de Guantánamo, la de Las Tunas y la de Santiago de Cuba (APLAUSOS). Vamos a tener capacidad para 36 000 estudiantes en las escuelas de maestros.

Un testimonio de este esfuerzo son los miles y miles de kilómetros de carreteras y caminos que se han construido en todo el país, los hospitales que se han construido, las presas y micropresas que se han construido y se están construyendo en todo el país, los sistemas de regadíos, los sistemas de drenaje, las escuelas secundarias básicas y preuniversitarios en el campo que se están construyendo en nuestra patria (APLAUSOS), los institutos tecnológicos, las escuelas politécnicas al lado de los centrales azucareros —que no quedará un solo central azucarero en Cuba sin su escuela politécnica al lado. ¡Como vamos a disponer de personal calificado y como vamos a disponer de obreros altamente preparados para la industria en nuestro país! Todas las fábricas importantes tendrán al lado su escuela politécnica. Y las escuelas de nivel medio se están haciendo por centenares cada año.

Lo que ha significado la Revolución para el pueblo y los campesinos se refleja también en las cifras no solo de escuelas, sino de promociones escolares. Antes se graduaban de sexto grado 20 000 ó 30 000 en todo el país. Y ahora ya desde hace dos años se pasó de 100 000, y ya este año se van a graduar de sexto grado más de 150 000 estudiantes (APLAUSOS).

Los avances se perciben por todas partes, en todos los órdenes, de los cuales son beneficiarios los obreros y los campesinos. Nuestro país ha avanzado. ¡Pero tiene que seguir avanzando! (APLAUSOS).

Este es el significado que tiene esta conmemoración.

Las generaciones pasadas trabajaron y lucharon. Las generaciones presentes trabajan y luchan. Y las generaciones futuras, de las cuales tenemos nuestra representación aquí hoy, tendrán que trabajar y luchar para llevar la patria hacia adelante. No nos conformaremos nunca con lo que hayamos logrado.

Pero, ¿qué generación tuvo la cultura, la preparación, los recursos y los medios que tendrán las futuras generaciones? ¿Quiénes podrán llevar al país más lejos que ellos, que ustedes mismos, los de esta Avanzada Juvenil 17 de Mayo? Porque a ustedes no los tenemos entre las viejas generaciones, a ustedes los tenemos entre la nueva generación (APLAUSOS). Tienen que ser ustedes ejemplos, tienen que ser modelos para los campesinos, tienen que elevar la conciencia de la clase campesina, tienen que ser vanguardia de la clase campesina (APLAUSOS).

Hoy nuestro país tiene muchas más posibilidades de las que tenía hace 15 años, tiene mucha más fuerza, tiene muchos más recursos, tiene mucha más experiencia, tiene mucha más conciencia y cultura política de la que tenía hace 15 años, tiene más prestigio y más reconocimiento del que tenía hace 15 años.

Hace 15 años muchos se reían de esta Revolución y decían: "¿Cuánto va a durar eso? (RISAS) ¿Cuánto tiempo van a permitir los yankis que eso dure?" Y entonces se veía a los yankis invencibles, superpoderosos, que aplastarían a la Revolución Cubana. ¡Han pasado 15 años y los yankis no han podido aplastarnos! (APLAUSOS) Y cada vez está más lejos la posibilidad de que lo puedan hacer (APLAUSOS).

Han pasado 15 años y la Revolución es más sólida que nunca (APLAUSOS), han pasado 15 años y nuestro pueblo es más fuerte y más revolucionario que nunca (APLAUSOS), han pasado 15 años y nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias están mejor organizadas y mejor equipadas que nunca para defender la causa revolucionaria del pueblo (APLAUSOS); han pasado 15 años y tenemos a nuestras organizaciones de trabajadores, de mujeres, los Comités de Defensa de la Revolución, las organizaciones estudiantiles, nuestras organizaciones de pioneros, y por supuesto nuestra organización campesina, más fuertes y más poderosas que nunca (APLAUSOS) .

Y cuenta la Revolución hoy con su Partido marxista-leninista (APLAUSOS), más organizado, más disciplinado, más consciente, más aguerrido y más preparado que nunca para llevar adelante el proceso revolucionario (APLAUSOS).

Todo eso debe producir en nuestro ánimo la mayor confianza, el mayor optimismo en el porvenir.

Este pueblo nunca se dio por vencido, ¡ni se dará nunca! (APLAUSOS) y a pesar de los reveses del pasado, siguió luchando; a pesar de los reveses de 1868, volvió a luchar en 1895; y a pesar de los reveses de 1895, sobre todo la intervención yanki que frustró la independencia definitiva de la patria, siguió luchando; y a pesar de los reveses de los años 30, siguió luchando. Y volvió a luchar en 1953 y en 1956, y alcanzó su libertad, alcanzó su independencia definitiva, recorrió su largo camino (APLAUSOS). Y para festejar esto, nos reunimos hoy, Día del Campesino, día victorioso, en este lugar victorioso, en esta Sierra victoriosa, en esta patria victoriosa (APLAUSOS).

La victoria tenía que ser el premio de un pueblo sacrificado y valeroso, tenía que ser el premio de todos los que dieron su vida por la patria cubana.

Pepe hablaba hoy de los mártires del campesinado, y recordaba cómo hace 28 años asesinaron vilmente a Niceto Pérez. Pero qué lejos estarían de pensar los asesinos aquel día, aquel día que le arrancaron la vida a Niceto Pérez para aplastar las luchas campesinas, para que en Cuba nunca hubiera reivindicaciones campesinas, para que en Cuba nunca hubiera Reforma Agraria; qué lejos estaban de pensar aquellos que arrancaron la vida a Niceto Pérez, imaginando que el latifundismo sería eterno, qué lejos estaban de pensar que 13 años más tarde el ejército victorioso y la Revolución victoriosa de los obreros y los campesinos, en este lugar, proclamarían la reforma agraria. Y qué lejos estarían de pensar en un día como este, en una imagen como esta, en un acto como este.

¿Dónde están los latifundistas? ¿Dónde están los Mancebos? ¿Dónde están los esbirros? ¿Dónde están los asesinos? ¿Qué quedó de ellos y de sus intereses? Y en cambio, ¿dónde está Niceto Pérez? ¿Dónde está la reforma agraria? ¿Dónde están las reivindicaciones campesinas? ¿Dónde está la patria justa? ¡Aquí, entre nosotros, entre ustedes, en la Avanzada Juvenil, en los representantes de la juventud y de nuestras organizaciones de masas, en este lugar histórico, en lo alto de estas montañas, en los mástiles de nuestras banderas!

Porque las causas justas triunfan; y los nobles luchadores que lo dieron todo por la causa de su pueblo viven y vivirán, eternamente entre nosotros (APLAUSOS).

¡Viva la alianza obrero-campesina (EXCLAMACIONES DE: "¡Viva!") ¡Viva la Revolución! (EXCLAMACIONES DE: "¡Viva!")

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

 

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