Francisco Rodríguez - Blog "Paquito el de Cuba".- Una auténtica novela de amor, con romances e incertidumbres, obstáculos y esperanzas, late detrás de noticia que hace unos meses atrás nos sorprendiera en Cuba, sobre el otorgamiento de la certificación de nacimiento de Paulo por el Ministerio de Justicia, con el nombre de sus dos mamás, Dachelys Valdés Moreno y Hope Bastian.


Desde una boda fuera del país y el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores y el de Justicia, hasta el limbo de un bebé sin libreta de abastecimiento en medio de la Covid-19 y la necesidad de cambiar un sistema informático para que el documento oficial pudiera decir madre y madre, esta historia de la maternidad de estas jóvenes de origen cubano y estadounidense, ambas residentes en Cuba, es todo un símbolo no solo de los nuevos tiempos, sino también del futuro que queremos construir.

Más allá del primer impacto noticioso, ahora sus propias protagonistas, ese bello matrimonio que conforman Dachelys, psicóloga, y Hope, antropóloga cultural,  nos cuentan todos los pormenores de esta tierna aventura con un final feliz y promisorio.

¿Cómo se conocieron y cuándo surgió la idea de ser mamás?

Dachelys:

Nos conocimos en el año 2015 en Cienfuegos. Vivíamos ambas en La Habana, pero nunca antes nos habíamos visto. Estuvimos presentando nuestras investigaciones en un evento académico sobre sexualidades no heteronormativas. Yo creo que presenté el primer día y ella quizás al tercero. Antes de su presentación habíamos conversado alguna que otra vez, pero no fue hasta su exposición que yo comencé a verla de verdad.

Ese día ella dijo: “Nosotros los cubanos, bueno, yo no soy cubana, pero me siento como si lo fuera.” Y para mí aquel momento hizo toda la magia. En conversaciones posteriores nos compartimos fotos, hablamos de ciencias sociales, vimos una película y nos enamoramos.

Bien pronto en la relación nos dimos cuentas que además de todas las confluencias que teníamos, compartíamos valores que considerábamos esenciales a la hora de tener y educar hijos y la idea empezó a formarse entre nosotras.

Conversamos acerca de la necesidad de ser completamente visibles, con familia, amigos, colegas y todas nuestras comunidades, porque no podíamos darle a nuestro hijo o hija un entorno de secretos donde crecer.

¿Cuál fue el proceso a seguir para la reproducción asistida y cómo garantizaron los derechos de ambas madres?

Dachelys:

Nuestro primer acercamiento al tema fue con el personal de salud más cercano que teníamos: nuestro médico de la familia. A él le comunicamos nuestros deseos y se comprometió a ayudarnos llamando a los hospitales donde ofrecen el servicio de reproducción asistida.

Pronto supimos que como pareja de mujeres no era una opción para nosotras acceder a esas técnicas y la idea de involucrar a un amigo hombre que nos ayudara, fingiendo ser pareja de una de las dos, asomaba como la única posibilidad.

Sin embargo, la posibilidad de ir con un amigo y fingir ser pareja nuestra o, incluso, hacer una inseminación casera, nos dejaba en una incertidumbre legal con respecto a los derechos que tendría quien no llevara el embarazo.

Una de las dos se quedaría fuera del reconocimiento legal y, por tanto, incapacitada para tomar decisiones, para asumir la potestad en caso de que a la otra le pasara algo, en caso de algún litigio con este amigo con el que ahora teníamos una relación maravillosa, pero que no sabríamos cómo sería en un mañana.

Incluso, siendo sinceras y tremendistas entre nosotras mismas, ¿qué tal si nos separábamos en un futuro y Hope decidía regresar a Estados Unidos? Muchos temores se apoderaron de nosotras. Fue entonces cuando pensamos en acceder a los servicios de reproducción asistida fuera de Cuba, y Estados Unidos fue nuestra primera opción, por la cercanía y porque Hope es originaria de allí.

Dos años antes de que nuestro bebé naciera nos casamos legalmente en el Estado de La Florida, en la ciudad de Tallahassee. Sabíamos que se estaba librando una batalla legal por parte de algunas parejas de lesbianas en La Florida, para que, al igual que se hacía con las parejas heterosexuales que sí estaban casadas, que al nacer el hijo o la hija, automáticamente era reconocido de ambos cónyuges, pasara también con las parejas del mismo sexo.

Así fue que, con amor y planificando siempre con vistas al futuro, nos casamos en julio de 2017, aunque todavía en esa fecha en nuestro país ni siquiera era objeto de debate en las esferas públicas la consideración de incluir el matrimonio igualitario en ningún ámbito legal. Estábamos y estamos seguras de que va a pasar.

Poco tiempo después comenzamos a leer y a estudiar sobre reproducción asistida, y en cuanto nos fue posible viajar, y el zika dejó de ser una preocupación inminente, iniciamos las consultas en la ciudad de Hope.

¿A qué se debió la decisión de venir a residir en Cuba?

Hope:

Vivimos en Cuba. Solo tuvimos que visitar los EEUU para tener acceso a los servicios de reproducción asistida, porque no está permitido aquí. Paulo nació en los EEUU porque allá se reconoce la doble maternidad y así, cuando regresamos a Cuba, se reconoció su certificado de nacimiento donde aparecemos las dos como ¨parent¨.

Como precedente, teníamos ya información sobre el caso en la Florida de 2017, donde dos parejas de lesbianas demandaron al Estado de la Florida por negarles el derecho de inscribir a sus hijos como de las dos.

Las dos parejas estaban casadas y, en la Florida, cuando una mujer casada pare, el hijo es inscrito como descendencia de ella y su cónyuge. Alegaron que la igualdad de protección bajo las leyes requería que, como mujeres casadas, cuando nacieran sus hijos deberían estar inscritos con la doble maternidad.

Como resultado de ese litigio cambiaron las regulaciones del registro civil en el estado de La Florida. Se emitieron certificados de nacimiento corregidos para las dos familias, y para cualquier otra familia en la misma situación, a la cual le hubieran emitido certificados de nacimientos sin reconocer a las dos madres. Gracias a estas mujeres que lucharon para hacer valer sus derechos, cuando Paulo nació, en 2019,ya estaban listos para inscribir a un bebé con dos mamás.

¿Qué expectativas y miedos les generó el proceso para su inscripción?

Emocionalmente fue un proceso de alegrías y frustraciones. Nuestra vida está en Cuba, todo nuestro compromiso social y amor están aquí, por eso queríamos que Paulo, nuestro hijo, fuera también ciudadano cubano, y empezamos el trámite a los dos meses de nacido.

Sabíamos que todo hijo o hija de cubanos nacido en el exterior tiene el derecho a la ciudadanía cubana, si así lo quieren sus padres o madres. Sabíamos que el proceso no era complicado: solo había que legalizar documentos, certificar traducciones, pagar las tarifas establecidas y enviar por correo postal a la embajada cubana del país en cuestión.

Pero también anticipábamos la sorpresa ante nuestro caso, porque conocíamos que no estaba prevista la inscripción por parte del Registro Civil cubano de una familia que no fuera la heteronormativa y tradicional.

Nunca pensamos que nos fueran a decir que no, pero esperábamos mucha resistencia y recuerdo que volvimos a estudiarnos la Constitución, porque sabíamos que la misma era norma de aplicación directa, aun cuando las leyes por debajo de ella no estuviesen escritas.

Desde el primer momento el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) reconoció a nuestra familia y el derecho que le asistía a Paulo a aplicar para la ciudadanía cubana, pero se nos pidió regresar a Cuba y terminar el proceso desde aquí.

Volvimos con la documentación necesaria para ir directamente al Registro Civil y a recoger la transcripción de su certificado de nacimiento, del modelo estadounidense al modelo cubano. A la semana de regresar a La Habana, yo entregué una carta en la sede del Ministerio de Justicia (MINJUS), solicitando que se me informaran los pasos a seguir para aplicar a la ciudadanía de mi hijo.

Supimos meses después por el MINREX que el MINJUS había emitido un dictamen donde se reconocía la doble maternidad o maternidad compartida mía y de mi esposa y, por tanto, el derecho de Paulo a la ciudanía cubana.

Ahora, toda la documentación nuestra debía viajar a Washington para ser asentada por la embajada y retornar a Cuba para ser entregada a nosotras y comenzar entonces el proceso.

En enero nos comenzamos a preocupar, al no tener respuesta, teniendo en cuenta que habíamos regresado desde octubre. Entramos en contacto nuevamente con el MINREX, que mediaba en toda la tramitación.

Siguieron pasando los días y nuestra preocupación se acrecentó, máxime cuando el dictamen no lo teníamos en nuestro poder. El primer año de Paulo se acercaba y su situación en referencia a su estatus migratorio, su incorporación al círculo infantil y al registro de consumidores, eran trámites que dependían de esa respuesta.

Nos decidimos a entregar nuevamente una carta de solicitud al MINJUS, preguntando por el dictamen y pidiendo respuesta sobre la anterior carta que yo había entregado en octubre de 2019.

Ya para ese entonces la Covid19 era parte de la vida diaria de nuestro país y las medidas para prevenir su expansión, entre ellas el teletrabajo, habían sido tomadas por muchas de las oficinas estatales vinculadas con la tramitación.

También contacté con el Ministerio de Justicia vía Messenger y por correo electrónico, hasta que 10 días después del correo que había enviado, recibí uno explicándome que estaba todo listo para recoger el certificado.

La alegría fue inmensa. El correo lo recibí un viernes con la indicación de recoger el documento un martes, así que ese día, nasobuco colocado y pies en los pedales, emprendí el viaje en bicicleta hacia el Registro Civil Especial en el municipio de  Playa.

Pero no pude regresar a casa con el certificado de nacimiento de Paulo, aunque vi impresa la copia emitida por la Embajada Cubana en Washington, y me emocioné mucho al leer: madre y madre.

El sistema digitalizado del Registro Civil Especial no podía emitir el certificado de esa manera, porque estaba programado para admitir solamente madre y padre.

La Registradora, apenada, realizó una llamada y me pasó al teléfono a la persona que había enviado el correo para informarme que ya podía recoger el documento. Ambas se disculparon conmigo y me dijeron que no me preocupara, que los informáticos del Ministerio arreglarían ese inconveniente, y que pronto tendría el certificado en mis manos.

Dos días después recibí la llamada, salí y, cuando regresé a la casa, ya venía con el certificado dentro de mi mochila.

¿Qué asesoría legal recibieron en Cuba y cómo la evalúan?

Dachelys:

Recibimos asesoría legal en dos momentos muy distintos. El primero fue justo después de casarnos. Queríamos saber cómo podíamos proporcionarnos protección como familia y a nuestro hijo (que en aquel momento era solo un deseo), sin tener aún matrimonio igualitario en el país.

La abogada que nos asignaron no encontró ninguna solución y directamente nos dijo que eso no era posible. La opción que en ese momento barajamos con la letrada fue la de hacer un poder donde quizás la que no fuera la madre biológica tendría algunas garantías y poder de decisión. Esta idea la tomamos de nuestras lecturas acerca de cómo otras familias fuera de Cuba habían accedido a esta opción en ausencia de matrimonio igualitario.

Sin embargo, el enfoque de la abogada fue bien negativo y desesperanzador. Salimos llorando de la consulta, porque sentimos que no teníamos opción y que el interés de la abogada no había sido ayudarnos ni causarnos alivio.

El segundo momento de asesoría que tuvimos fue cuando ya mi esposa tendría alrededor de cinco meses de embarazo. Esta vez nuestra experiencia fue muy gratificante, sentimos que nos escuchaban, que tomaban en cuenta todas las aristas y voces de nuestra situación. Ese otro abogado, especialista además en asuntos de familia, fue quien nos recomendó que lo más fructífero para nuestro deseo era dar a luz en Estados Unidos y regresar a Cuba con un documento legal que reconociera a nuestro hijo.

El proceso tardó un año, ¿por qué?

Una combinación de leyes que no respondían a las realidades de las dinámicas familiares actuales, un poco de burocracia y algo de pandemia.

¿Cómo vivieron ese tiempo y qué complejidades supuso para ustedes y el bebé?

Lo vivimos con un poco de ansiedad. El estatus migratorio de nuestro hijo y nuestras dinámicas se volcaron a “resolver” una situación que nos era vital, pero que no dependía de nosotras. Había que esperar.

Esperar a regresar a Cuba, esperar a que el MINREX enviara documentos a Washington, esperar a que regresaran, esperar a que nos avisaran, esperar a que nos contactaran, llamarlos si no, esperar a que el MINJUS dictaminara, esperar para ver si podía ser anotado en el Registro de Consumidores, esperar para todo, y así planificarnos los días en función de a quién había que llamar, a dónde había que ir y preguntar en qué fase estaba el proceso.

El tema de la alimentación de nuestro bebé, especialmente desde que se decretó el aislamiento social, fue lo más complejo para nosotras. Mi esposa y el niño se quedaban en casa mientras que yo salía a comprar los alimentos.

Al no encontrarse Paulo en el Registro de Consumidores no estaba contemplado en ninguna de las medidas que había implementado la dirección del país para acercar los alimentos a la población. Pasé largas colas y di recorridos bien largos para conseguir alimentos para los tres, pero más para él, que no recibía los alimentos normados como cualquier otro infante de su edad.

¿Cómo recibieron la noticia?

Dachelys

La noticia ha sido una de las alegrías más importantes de los últimos tiempos. Yo que recibí la noticia enseguida le comenté a mi esposa, y aquellos días previos al martes, cuando ella tenía que recoger el documento, los esperamos con emoción desbordante.

¿Consideran que es un paso importante? ¿Por qué?

Dachelys

Creemos que sí. Un caso como el nuestro habla de voluntades políticas en pos de la igualdad y el reconocimiento de derechos. Los artículos constitucionales que respaldaron la decisión del Registro Civil y el Ministerio de Justicia están ahí para hacer uso de ellos.

Nuestra familia sienta un precedente en el cambio de imaginario y visión de los decisores y por ende, de la población. Si otro caso como el nuestro llega a consulta, ya no habrá que reunirse y decidir qué es lo correcto, ya no habrá que cambiar softwares que muestren que tenemos que cambiar la línea de pensamiento, no solo a nivel de despacho, sino implementar todo lo necesario hacia abajo para que las políticas públicas surtan efectos.

Hope:

No creo que la próxima familia que lo intente demore un año. Solo los cientos de muestras de apoyo que hemos recibido después de la publicación de la nota por Q de Cuir, algunas incluso de personas que no conocemos, pero que han leído la noticia en algún lugar; o las veces que se ha compartido en redes sociales como Facebook, WhatsApp, Medium, muestran también que buena parte de la sociedad cubana quiere abrazar la pluralidad sin juzgar, desde el reconocimiento de lo verdaderamente importante, el amor.

¿Qué esperan ahora para el futuro?

Que las leyes por escribir finalmente terminen reconociendo y garantizando todos los derechos para todas las personas. Que todas las familias encuentren en el venidero Código de Familia seguridad, reconocimiento, garantías y protección en su diversidad y pluralidad; que sepamos que a veces los derechos vienen precedidos de una lucha consistente y continuada; que lo ideal sería que las leyes legislaran pensando en la totalidad de escenarios, pero nuestros referentes suelen marcarnos más de lo que somos capaces de distinguir, por eso la necesidad de mostrarnos abiertamente, de contarle a los decisores: yo estoy aquí, existo, también soy Cuba y quiero ayudarte a construir.

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