Artur González / Heraldo Cubano.- Los yanquis no se cansan de exigirle cambios a Cuba, pero ellos mantienen la misma política desde hace más de medio siglo, porque su objetivo es inamovible: derrocar la Revolución socialista iniciada por Fidel Castro a solo 90 millas de sus costas.


No olvidar que, en diciembre de 1958, en la reunión del Consejo de Seguridad, el director de la CIA Allen Dulles le expresó al presidente D. Eisenhower: “Tenemos que evitar la victoria de Castro”.

Desde entonces todo su empeño ha sido destruir a la Revolución. Primero, con la guerra económica, comercial y financiera para evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo, a fin de que culpe al socialismo de sus penurias. Segundo, sembrar el desencanto y el desaliento, fomentar el hambre y las enfermedades para después enviar sus marines como “salvadores”, ante el supuesto fracaso del socialismo.

Para lograrlo, asignan anualmente millones de dólares en sufragar campañas mediáticas que sustentan su guerra psicológica para envenenar la mente de los cubanos, tal y como hicieron con la falsa Ley de la Pérdida de la Patria Potestad; así como a sus mercenarios que cumplen órdenes, sin lograr nada en 65 años.

Actualmente con el desarrollo de Internet y las redes sociales, el trabajo se les hace mucho más fácil, algo que el senador Marco Rubio afirmó en el año 2012, durante un evento celebrado por la Fundación Heritage de Estados Unidos y Google Ideas: “El sistema totalitario cubano podría derrumbarse, si todos los cubanos tuvieran libre acceso a Internet”.

Basta recordar que el Departamento de Estado proporcionó 2,8 millones de dólares a un equipo de hackers y especialistas en programación, para el diseño de un software específicamente para Cuba, bautizado con el nombre de Zunzuneo, en el cual conformaron un Twitter para enviar mensajes a los jóvenes a través de las redes sociales, con la pretensión de exhortarlos a movilizarse contra el gobierno revolucionario.

El 13 de junio del 2013 el Departamento de Estado anunció propuestas de varios proyectos para:

“Promover la democracia y los derechos humanos en Cuba, uno de ellos con el uso de herramientas digitales para ser utilizadas de forma selectiva y segura por la población civil cubana, junto con otra iniciativa para el fomento de igualdad y defensa de las redes sociales de los cubanos de raza negra”.

Estados Unidos ha trabajado históricamente por provocar una sublevación interna en Cuba, que les sirva de pretexto para una invasión con sus tropas, tal y como dicen los documentos de la Operación Mangosta:

“La operación está dirigida a provocar una rebelión del pueblo cubano. Esta sublevación derrocará al régimen comunista e instaurará un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.

Esos intentos fueron ejecutados en varias oportunidades y la más destacada fue en julio del 2021, cuando crearon los hashtags #SOSCuba, #SOSMatanzas y #PatriaYVida,unido a las transmisiones en vivo a través de Facebook Live, para desencadenar un plan de desestabilización social y propiciar el cambio de sistema.

El 17 de marzo del 2024 soñaron con repetir la farsa, aprovechándose de la actual crisis energética en Cuba, provocada por el mantenimiento de la mayor central termo-energética del país, la falta de combustible diésel para los generadores de electricidad y la escasez de alimentos por falta de liquidez y otras acciones de la guerra económica aplicadas por Estados Unidos.

La población cubana está agobiada ante la situación a la que está sometida de forma sostenida por más de medio siglo y ante la falta de electricidad, que unido a las altas temperaturas hacen muy difícil la vida.

Por eso en una barriada de Santiago de Cuba, los pobladores acudieron pacíficamente ante las oficinas del intendente para reclamar que les pusieran la electricidad y se les vendiera más alimentos. Algo similar sucedió en la ciudad de Bayamo y el poblado de Santa Marta en Cárdenas, sin que nadie fuera reprimido, a pesar de que algunos elementos, estimulados desde Estados Unidos, gritaron consignas contrarrevolucionarias.

Todos fueron escuchados por los principales dirigentes políticos y no hubo violencia ni las añoradas revueltas que anhelan los yaquis.

Sin embargo, llama la atención que de inmediato Congresistas yanquis de origen cubano y elementos contrarrevolucionarios asentados en Miami, la capital del odio, se solidarizaron con las protestas, concentrados en las afueras del restaurante Versalles, en el barrio de la Pequeña Habana.

El congresista republicano Carlos Giménez, nacido en Cuba, escribió en su cuenta de X: “El pueblo cubano quiere libertad y el fin del régimen comunista asesino que lo oprime”. Lo mismo hizo María Elvira Salazar, desacreditada en Miami por sus votaciones en el Congreso en contra de beneficios para su comunidad, y otro tanto realizó frente al restaurante de marras, la congresista estatal Alina García.

La propia prensa de Miami al relatar los sucesos reconoció que “la pandemia de la Covid 19, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y errores endógenos en política económica y monetaria cubana, han agravado en los últimos tres años los problemas estructurales del sistema cubano”.

Pero lo más indignante fueron las declaraciones de la embajada yanqui en la Isla, al publicar en su cuenta oficial X:

“Somos conscientes de los informes de protestas pacíficas en Santiago, Bayamo, Granma y otros lugares de Cuba, con ciudadanos que protestan por la falta de alimentos y electricidad. Instamos al gobierno cubano a que respete los derechos humanos de los manifestantes y atienda las necesidades legítimas del pueblo cubano”.

¿Con qué moral puede exigir Estados Unidos y esos congresistas, respeto a los derechos humanos en Cuba, cuando se oponen a un alto al fuego en Gaza, ante el genocidio que comete hace 5 meses su aliado Israel contra el pueblo palestino, masacrando a más de 30 mil personas y sin dejar de enviarle dinero y armas a Tel-Aviv, para asesinar a mujeres y niños indefensos?

La estrategia yanqui para justificar otra invasión a Cuba es muy vieja.

Un documento secreto del Pentágono, fechado en junio de 1962, confeccionado por el general Benjamín Harris, contempla un plan ante una posible rebelión del pueblo cubano, en el que se plantea:

“Estados Unidos apoyará y sostendrá la rebelión en Cuba con todos sus recursos, incluido el uso de su fuerza militar, para garantizar la sustitución del régimen comunista por un nuevo gobierno que sea adecuado para Estados Unidos. […] Estados Unidos debe ser capaz de ejecutar una rápida acción militar para anticiparse a un concentrado y drástico programa de represalias en pro de la humanidad y de la misión de este plan”.

Esos son los “preocupados” por lo que sucede en Cuba, mientras a diario le aprietan el cuello al pueblo con sus sanciones económicas, comerciales y financieras.

Razón la de José Martí cuando dijo:

¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!

 

 

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