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Editorial: Visitar Cuba es ayudar al pueblo cubano

La desaparición de ingresos por turismo en dos años de pandemia y las más de doscientas sanciones previas impuestas por el Gobierno de EEUU son la causa directa de la durísima situación económica que vive, hoy, el pueblo cubano.

No es necesario comulgar políticamente con el Gobierno de La Habana para entender que la recuperación del turismo ayudará a sostener de nuevo los ahora deprimidos –por falta de recursos- programas públicos de salud o vivienda. Y, de manera mucho más directa, a devolver a 73.000 familias, las de quienes trabajan en hoteles y restaurantes, privados y públicos, el nivel de ingresos y la calidad de vida que perdieron al llegar la Covid-19.

Por eso quienes, desde el exterior, intentan boicotear el turismo a Cuba para –supuestamente- dañar al Gobierno cubano, en realidad contra quien atentan es contra el pueblo cubano.

En abril de este año, cinco personas protestaban en Madrid, ante la sede del diario español “El País”, por un reportaje que animaba a visitar Cuba y en el que se afirmaban cosas tan obvias y de sentido común como que, “si no llegan turistas, la población lo pasará aún peor”.

Y es que ese es, precisamente, el objetivo de los boicoteadores: que Cuba no recupere sus ingresos turísticos y, de esa manera, sigan faltando medicamentos, sutura y jeringuillas en los hospitales; se mantengan los apagones eléctricos y las colas en las gasolineras; y los salarios sigan sin alcanzar la escalada de precios por la escasez de alimentos. Que el pueblo llegue a la desesperación y, de ahí, a la insurrección.

Para eso diseñó el senador por la Florida Marco Rubio cada una de las 243 medidas añadidas al bloqueo, aprobadas por Donald Trump y que, en su mayoría, siguen en vigor. Sanciones que atacaron las remesas, los viajes y cruceros desde EEUU, los convenios médicos y las inversiones, y que pulverizaron cientos de millones de dólares para la economía cubana.

Pero llamar al boicot del turismo a Cuba, como apoyar abiertamente estas sanciones, es cruel e indefendible. Por eso deben inventar mensajes que edulcoren el crimen. Así, nos aseguran que los ingresos del turismo van a parar a GAESA, “una empresa militar –leemos- que controla el 70 por ciento de la economía” y “financia las operaciones de la Seguridad del Estado para reprimir las protestas pacíficas en Cuba”. Este “ente siniestro” tendría como aliados en el exterior –nos aseguran- a “las empresas españolas Meliá e Iberostar”, contra quienes va dirigida también esta campaña de boicot.

Pero ¿qué es GAESA? Un holding de empresas del Estado cubano cuyos beneficios, como en toda economía de planificación socialista, no llegan a una élite de accionistas, sino al presupuesto público, el que sostiene la educación o la compra de alimentos para la canasta básica subvencionada. Ese es quid de la cuestión: que no llegue un dólar a ese presupuesto público.

Pero lo que llama la atención es que, desde esta facción fanatizada del “anticastrismo”, se ataque incluso a un diario como “El País”, por tener una “política editorial” amable hacia La Habana. ¿Amable? “El País” es el mayor espacio mediático de propaganda diaria contra la Revolución cubana en territorio español, y donde se aplica una censura férrea a toda voz que exprese simpatía hacia ella. El pasado marzo, entre tantos otros artículos venenosos, publicaba uno titulado “Cuba no es un parque de atracciones”, con el mismo mensaje de los boicoteadores de Madrid: “Cuando los turistas se alojan en hoteles en Cuba”, decía, “deberían saber que todos sus gastos van a las arcas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias”. Inventos como este cuentan con un espacio de total impunidad, sin derecho a respuesta, en medios como “El País”.

En todo caso, hay algo que se llama sentido común. Y cualquier persona que no tenga el corazón comido por el odio sabe que, hoy, visitar Cuba significa ayudar a su economía y, por tanto, a que mejore sus condiciones de vida este pueblo injustamente castigado.

 

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