Mariana Monteagudo Fonseca y Carmen Maturell Senon - Revista Muchacha.- «Mataste al machito», «te convertiste en adulta», «ahora debes de tener más cuidado», son frases que circulan en torno a la menstruación, palabra que, por los siglos, ha sido encerrada en mitos y tabúes.


Hablar de ello desde un enfoque de género contribuye a desmontar la cultura de la vergüenza y la desinformación. Además, supone reconocer que es un proceso biológico y que no está limitada a un solo género, tanto mujeres, como personas trans y no binaries forman parte del ciclo.

Menstruación, mitos, tabúes

Históricamente la mujer ha pertenecido a la otredad, a la clase subvalorada, deslindada de la vida social y política. La herencia patriarcal las sobrecarga con jornadas de trabajos invisibles, asignándoles roles de cuidadoras, meras reproductoras y amas de casa.

Por ello, en este contexto, la menstruación no se interpreta únicamente como un proceso biológico aislado. Al estar estrechamente relacionada a la procreación y el embarazo, se le asignan simbolismos que, a su vez, la relacionan con lo femenino e, incluso, con el tránsito de niña a mujer, y, por supuesto, con los estereotipos de género.

De igual forma, al invisibilizar, en muchas culturas, la menstruación, se reproducen injusticias por asumir que todas las personas menstruantes cuentan con las mismas oportunidades para adquirir productos de higiene y cuidado menstrual.

Un claro ejemplo es que, de 31 países del territorio latinoamericano, solo nueve consideran los productos de higiene y cuidado menstrual como artículos de primera necesidad y, por tanto, sujetos a una reducción del impuesto sobre el valor añadido.

Por otra parte, la desinformación en torno a la educación menstrual, contribuye al agravamiento de los tabúes existentes. Entre ellos asociar este proceso biológico a la impureza y suciedad ha llevado a la exclusión. A muchas personas menstruantes les avergüenza hablar abiertamente sobre el ciclo menstrual, incluso resulta común el miedo y preocupación a mancharse o mostrar que tienen el periodo.

Otro de los mitos interiorizados es la idea de que la menstruación debe ser siempre dolorosa y desagradable. Si bien es cierto que durante el periodo el cuerpo transita por ciertos cambios, no es normal que la regla siempre sea irregular o esté acompañada por dolores intensos. Restarles importancia a los síntomas, conlleva a que no sea posible identificar y tratar adecuadamente enfermedades como la endometriosis.

Normalizar y hablar de la menstruación como un proceso fisiológico sobre el cual no tienen elección las personas menstruantes, desde un enfoque de género y justicia social significa reconocer, en primer lugar, que es un área de estudio poco visibilizada y, a su vez, presenta una brecha en lo que se refiere a los derechos de las personas menstruantes.

Lo segundo es entender que las experiencias menstruantes no son procesos invariables y que se desarrollan y gestionan de igual forma en todas las personas, pues median varios factores: biológicos, económicos, raciales, de clases sociales, regionales, religiosos, educacionales, familiares, entre otros.

Asimismo, las conjeturas del enfoque utilizado deben destinarse a profundizar en los procesos sociales y culturales que basan la desigualdad de género en la diferencia sexual.

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