Por Lorenzo Gonzalo*- Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad.- El problema principal del sistema de salud de Los Estados Unidos es que se ha desarrollado sobre una base inflacionaria.


La compañías de seguro se las ingenian cada día para hacer más costosa la atención médica, administrando pruebas que son innecesarias de acuerdo a estándares universales para la atención de los pacientes e incluso en el seguimiento, la administración de los medicamentos y otros aspectos más delicados. Estos métodos, aplicados consistentemente, provocan un alza infinita en los costos de salud y como consecuencia se crea una espiral inflacionaria cuyo fin es difícil de prever.

La madeja de intereses formada alrededor de la atención a la salud ha ido creciendo y al convertirse en un negocio alimentado por una clientela cautiva, el afán de lucro se ha desatado galopantemente.

En realidad no es tanto el incremento de algunos costos con la introducción de nuevas tecnologías, como el objetivo de aumentar ganancias con una actividad que esencialmente está dada por un requerimiento inevitable, porque ninguno de nosotros puede renunciar a las enfermedades y a los procedimientos de curación.

Con el reconocimiento de la constitucionalidad de la Ley de Salud, el ciudadano estadounidense ganó mucho y quizás no ganó nada.

Las dificultades para que el sistema funcione adecuadamente están dadas por el carácter comercial del que ha sido objeto.

Desde el inicio, los profesionales de dicha actividad han devengado ingresos por su trabajo, de la misma manera que ocurre con el resto de las profesiones. Nadie se espanta por esto. Es el intercambio natural que ocurre en el bregar diario de la sociedad desde que el ser humano renunció a la soledad, optando por el grupo. Pero la comercialización no es tanto obtener ganancias en la actividad que practicamos como introducirle elementos ficticios e innecesarios que adulteran la función y hacen desigual el intercambio.

Cuando Obama comenzó su campaña política para convencer al Congreso que aprobara la Ley, tenía bien claro que no hay seguro de salud posible si el sistema no consiste en un solo administrador y un solo pagador. Esto es lo que quiso decir cuando en una conferencia de prensa en el año 2009 dijo que “la verdad es que, a menos que tengamos lo que se conoce como un sistema único de pago donde todo el mundo automáticamente esté cubierto, probablemente no existirá la manera de abarcar a todo los individuos”.

Pero la verdad de sus palabras se esfumó ese mismo año, cuando concedió a las aseguradoras el beneficio de ser el eslabón perdido de la nueva criatura. La razón para semejante paso estuvo dada por la necesidad de buscar un estímulo que hiciera posible el apoyo de las propias instituciones comerciales, so pena de no pasa en ninguno de los dos Cuerpos Legislativos. Esta decisión fue el impulso final para que el Congreso aprobara las propuestas del seguro de salud, al mismo tiempo que decapitó su objetivo.

Estamos convencidos que, cuando Obama optó por esta decisión, los tanques pensantes de las aseguradoras no tuvieron que pensarlo mucho tiempo, porque seguramente previeron de inmediato el enredo que esto significaría y el correspondiente beneficio que derivarían de ello. Si algo tienen claro los mercaderes en este mundo es que en río revuelto ganancia de pescadores.

Ante esta situación muchos analistas consideran que el reciente fallo de la Corte Suprema es más bien un regalo a Mitt Romney y una victoria pírrica para Obama.

El fallo generó un alivio para quienes piensan que en breve podrán contar con un sistema de salud eficiente. Pero eso no es cierto. Sin universalidad no es posible aspirar a una salud colectiva y debemos decirlo así aunque parezca redundante.

Esta actitud de muchos contribuirá a la inercia y consecuentemente, a profundizar los errores de la recientemente aprobada Ley y dará municiones a los Republicanos para desmontarla.

De no haber fallado positivamente la Corte Suprema, habría inyectado nuevos bríos en una ciudadanía ávida de seguridad en la salud. Los demócratas hubiesen tenido un campo de lucha que a penas ha comenzado a andar en el penoso camino de alcanzar la universalización del seguro de salud en el país más poderoso económicamente del mundo.

La única solución a la problemática de la salud es recurrir a procedimientos similares a los empleados en otros países europeos y en el vecino Canadá, donde el seguro es administrado por el Estado, sin que eso excluya la actividad privada de carácter social de toda una serie de instituciones.

El enredo de la presente Ley de Salud lo veremos surgir en los próximos dos años. Si Obama resulta electo y esperamos que así sea, quizás habrá tiempo de retomar la lucha en este sentido y la ciudadanía y las instituciones de carácter más social de esta nación, puedan hacer algo para el bien de todos, en un asunto que a diario se corrompe más, dando lugar a fraudes y abusos que en realidad no son dignos de una gran sociedad como la estadounidense.

La decisión de la Corte Suprema ha sido una trampa, como son todas las medidas que dimanan de fracciones que compiten por un poder, cualquiera que este sea.

John Roberts, el conservador que hizo posible el fallo puede que halla estado muy bien intencionado, pero una vez más, su inconsciente, fiel a sus creencias partidarias y doctrinarias, le ha dado un triunfo, sin saberlo o quizás “sin querer queriendo”, al candidato presidencial republicano en las próximas elecciones de noviembre.

* Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en EE.UU. Subdirector de Radio Miami

Fuente: Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad

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