Jesús Arboleya - Progreso Semanal.- La palabra ni siquiera aparece en los diccionarios, pero el “nasobuco” ha devenido una de las prendas de vestir más codiciadas por la humanidad. Se puso de moda para definir las mascarillas de protección contra el nuevo coronavirus. Como todo objeto de gran valor, es también fuente de conflictos en el mundo en que vivimos.


En contraste con las actitudes heroicas y solidarias de tantas personas, a falta de mecanismos de cooperación global realmente efectivos, se ha desatado la competencia capitalista por la obtención de los productosnecesarios para enfrentar la pandemia, en especial los nasobucos, que es uno de los más demandado. Estados Unidos se ha colocado en el centro de la disputa y Donald Trumpse ha declarado “presidente en tiempo de guerra”, algo más peligroso que la enfermedad.

En lo que ha sido calificada como “piratería moderna”, franceses y alemanes han visto robados por mercaderes norteamericanos suministros de nasobucos y otros productos adquiridos en China. Trump en persona ordenó a la empresa 3M detener la exportación de mascarillas destinadas a Canadá y América Latina. Barbados se queja de lo mismo y vaya usted a saber cuántas operaciones secretas han sido diseñadas para apoderarse a toda costa de los modestos tapabocas.

El presidente amenaza a las empresas que no cumplan con sus disposiciones de acaparamiento y lo hace bajo el respaldo legal de la ley de Producción para la Defensa de 1950, como para recordarnos que no es la primera vez que ese país procede de esta manera. En realidad, actuar por la fuerza es lo que mejor sabe hacer Estados Unidos y lo que nace de sus propios instintos. AmericaFirst no fue un invento de Donald Trump, ni siquiera de Ronald Reagan, que puso de moda la consigna, es una filosofía que está en el ADN del American Way of Life y los líderes de ese país se miden por su capacidad para aplicarla. No es casual que la venta de armas se haya disparado en medio de la epidemia.

Trump es consciente de que esta guerra decide su futuro políticoy actúa con la desesperación de un animal herido. La escasez de recursos tan elementales como los nasobucos, es una muestra de las falencias de un sistema de salud que califica entre los peores entre los países desarrollados.Robert Reich, secretario de trabajo durante el gobierno de Bill Clinton, recién ha declarado que la pandemia ha demostrado que Estados Unidos no cuenta en realidad con un sistema público de salud.

La política de Trump no ha hecho más que agravar el problema. La crisis emergió con un sistema epidemiológico debilitado, como consecuencia de sus concepciones y las contradicciones internas que han caracterizado a su administración.Contra el criterio de los especialistas, disminuyó la importancia de la pandemia y culpó a los demócratas de aprovechar los temores para perjudicarlo.Se negó a aplicar las pruebas de la OMS, ya que dañaba los intereses de empresas farmacéuticas que lo respaldan y, en vez de alertar sobre los peligros, cada día transmite mensajes de falso triunfalismo, que solo se sostienen, según sus palabras, por la “grandeza del pueblo norteamericano” y de sí mismo. Para colmo, nombró a un “neófito universal”, como Mike Pence, para encarar la epidemia.

No es extraño entonces que el país más rico del mundo no esté en capacidad de ofrecer una cobertura mínima a muchos enfermos y que los niveles de infestación ya sobrepasen al resto del mundo;que los hospitales se vean colapsados; que las enfermeras salgan a las calles reclamando insumos de protección y que algunos médicos relaten la trágica experiencia de no poder brindar servicios vitales a sus pacientes. La respuesta de Donald Trumpha sido acusar a los trabajadores de la salud de derrochar recursos y ha dejado claro que su papel solo consiste en apoyar la gestión de los estados, privilegiando a aquellos gobernados por republicanos que le son incondicionales. Vaya, que los muertos no son cosa suya.

Las autoridades sanitarias han dispuesto el uso del nasobucopor todos los ciudadanos del país. Sin embargo, el presidente declaró que se trataba de una medida voluntariay dijo que personalmente no piensa utilizarlo. Algunos opinan que actúa de esta manera por terco y fanfarrón, yo creo que en realidad no cuenta con suficientes nasobucospara abastecer al país y prefiere algunas “bajas colaterales”, con tal de evitar reconocerlo. En definitiva, el despacho oval en la Casa Blanca debe estar protegido por un nasobuco gigante.

Trump no podrá resolver estos problemas, pero cuenta con que puede ganar las batallas propagandísticas asociadas a la guerracontra la pandemia y su estrategia ha sido manejar la crisis con este objetivo. Esta es la razón de su constante exposición mediática, con la intención de aprovechar la situación para promover su candidatura. La cosa ha llegado a un punto que algunas cadenas de televisión han decido editar sus conferencias de prensa, con vista a desechar la paja y evitar ser manipuladas por el presidente.

Es que dice una cosa hoy y mañana dice lo contrario, lo mismo recomienda una medicina que no está avalada por un criterio científico, que desautoriza a los especialistas, no hay límites entre la verdad y la mentira. Cuando la prensa llama la atención sobre estos desafueros, recomienda a sus adeptos apagar la televisión y, cuidado, que muchos le hacen caso. Eso de la “respuesta plausible”, inventado por la CIA para encubrir sus operaciones, no parece que importa mucho a Donald Trump ni a sus seguidores.La única esperanza es que los márgenes de aprobación están disminuyendo poco a poco, quizás por aquello que dijo Abraham Lincoln, de que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Esta vez, el terreno de operaciones de la guerra no es el Tercer Mundo, parece que los pobres no están diseñados para utilizar los nasabucos. Sin embargo, con seguridad no serán pocos los que los estén fabricando a bajo costo, con grandes ganancias para los empresarios. Tampoco debemos asombrarnos si en cualquier momento aparecen los “nasobucos de marca”, con diseños novedosos, para el uso de los ricos.En verdad este virus se ha mostrado demasiado promiscuo y de algún modo hay que establecer las diferencias.

A pesar de que el gobierno norteamericano se empeña en evitar que pueda importarlos, en Cuba hay colas para comprar pollo, pero todo el mundo anda con su nasobuco. La fórmula es que mucha gente los fabrica en sus casas y los distribuye de manera gratuita. De todas formas, aquí tampoco el nasabuco escapa a la avaricia de algunos: acaba de ser capturado un grupo de delincuentes que los robaba de los almacenes estatales, para venderlos en el mercado negro. Nada, que el fantasma de Donald Trump anda por todas partes y para ganar esta guerra no basta encontrar la vacuna que detenga al virus.

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